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Relativismo + hedonismo = nihilismo

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Hoy en día, ya se sabe: nada está bien ni mal; todo depende. En una sociedad secularizada como la europea, el hombre vive al margen de Dios. Ya no hay mandamientos ni prohibiciones. Todo vale. Lo único importante es pasarlo bien. Hay que disfrutar de la vida: vivir intensamente, consumir, estar a la última, viajar a destinos exóticos, cenar fuera, ir de marcha, divertirse. Eso es lo que cuenta. Pero veamos las consecuencias de esta mentalidad posmoderna:

1.- Pareja y matrimonio. ¿Para qué me voy a comprometer con nadie? Lo mejor es irse a vivir juntos y punto. Porque luego, ya se sabe: el amor no dura para siempre. Y si pasado mañana discutimos o me encuentro con otra más guapa, pues se cambia de pareja y a correr. No hay que atarse.

Y si me caso, da igual: cuando me canse me divorcio y aquí paz y después gloria. El “divorcio exprés” facilita mucho las cosas. Luego, si hay hijos, serán ellos quienes paguen las consecuencias. O puede que mañana me apetezca dejar de ser Luis y empezar a ser Luisina ¿Quién sabe? Ahora todo es fácil y rápido. Y la operación la paga la seguridad social.

2.- Hijos. Lo mejor es no tenerlos, porque complican la vida y nos impiden disfrutar. Si los tenemos -ya con treinta y tantos o cuarenta y pico- tendremos uno o dos: no más, ¡Por Dios! La parejita como mucho.

Y además, cada vez resulta más frecuente el fenómeno de los padres pasotas, que aunque tengan hijos, no están dispuestos a renunciar a salir por las noches y a pasarlo bien: fíjense en los parques cualquier fin de semana a las tantas de la noche. Verán qué cantidad de niño “abandonado”, mientras sus padres disfrutan. Ya los educarán en la escuela.

3.- Educación. ¿Para qué vamos a estudiar? ¿A quién le gusta esforzarse? Los niños tienen que ser felices y gozar de la infancia. Que vean la televisión, que jueguen a la Play. Leer: vaya rollo. Al niño hay que cumplirle todos los caprichos y consentírselo todo a cambio de nada: pobre. Ya tendrá tiempo de sufrir. Y si no aprueba ni sabe nada es culpa de la escuela y de los profesores: que le hagan adaptaciones curriculares. Porque, claro, los infelices suspenden y el deber de todo político del ramo educativo en los últimos tiempos consiste básicamente en acabar con el fracaso escolar: ¡Aprobémosles a todos y que sean felices en su ignorancia! Y mientras tanto que escupan al suelo con aire chulesco, que tiren sus “clinex” al suelo sin ningún rubor, que se caguen en Dios sin reparos. Todo está bien… ¿Por qué va a estar mal la blasfemia más bestial? Todos los días se oye en cualquier garito…

4.- Sexo. Si lo importante es pasarlo bien y disfrutar de la vida, pues a ello. Primero fomentamos el sexo irresponsable y la promiscuidad desenfrenada; lanzamos permanentemente mensajes cargados de erotismo incitando al placer de cualquier modo y a cualquier precio… y luego, ¿qué pasa? Píldora del día después, enfermedades de transmisión sexual, abortos… ¡Qué más da! Primero, la irresponsabilidad; luego el crimen detestable; y listo: todo arreglado. ¿Cuántos embarazos no deseados se dan en adolescentes cada año? ¿Cuántos terminan en abortos? Pero que los chicos disfruten: tiene derecho al placer. Faltaría más: el condón es la solución a todo ¿O no? Lo que pasa es que a veces no saben usarlos: que les enseñen en la escuela, que para eso está. Y si no aprenden, adaptación curricular.

5.- Drogas. ¿Por qué van a estar mal? ¿No se trata de disfrutar? Pues para eso sirven las drogas. España es el país con mayor consumo de cocaína. Además, pastillas, porros, heroína… El caso es disfrutar. ¿Qué tiene de malo pasar el fin de semana bebiendo sin parar en un parque? Si así lo paso bien…

Y luego, los mismos que fomentan la inmoralidad y el hedonismo creen que con poner cuatro anuncios en la televisión van a solucionar los problemas derivados de las drogas: familias destrozadas, vidas deshechas.

6.- Tráfico. Y luego van estos chicos y conducen a toda velocidad y borrachos. Y más campañas publicitarias. Y más muertos cada fin de semana en las carreteras: la mayoría jóvenes que disfrutan de la vida conduciendo a toda velocidad y, muchas veces, colocados.

Y todo esto, ¿por qué y para qué? Algunos nos quieren vender solidaridad y compromiso; y lo que hacen es fomentar el adormecimiento hedonista. Hablan de justicia y roban a manos llenas. Mienten, engañan, manipulan. Todo vale con tal de mantenerse en la poltrona y el coche oficial. Disfrutad, gozad, bebed. Emborracharos de placer y de emociones cargadas de adrenalina. Así seréis felices. El hedonismo es el opio del pueblo. Pensad sólo en pasarlo bien. No hay nada malo. Todo es bueno: Robar, estafar, recalificar terrenos para dar el pelotazo; ayudar a los amigos y enchufar a los parientes; pactar con terroristas y humillar a sus víctimas.

Nihilismo, relativismo moral, hedonismo. Basura. Cuando nos gobiernan mentirosos y ladrones; cobardes y traidores; cuando prevalece la política adormecedora del “pan y circo”; cuando mantienen interesadamente al pueblo en la ignorancia y trabajan activamente para que se olviden de valores y se degraden moralmente, ya no hay democracia. A eso se le llama demagogia. Lo único importante es la propaganda para mantenerse en el poder a toda costa: aunque para ello sea necesario mentir, engañar y entontecer al pueblo.

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