La reciente encíclica del Papa, Caritas in Veritate, ha gozado de un golpe mediático sin precedentes. A ello ha contribuido la oportunidad del tema específico de la misma y la necesidad de unas palabras procedentes de una personalidad constituida con la suficiente autoridad moral para pronunciarlas.
El impacto mediático de este documento Pontificio es un hecho si como prueba aducimos la constatación de que a estas alturas son más bien pocos los que no saben que el Papa escribió una encíclica. Ahora bien, aventurarse a decir si el impacto ha sido positivo o negativo es una cuestión distinta.
Ya desde antes que apareciera
creyentes. Botón de muestra son los resultados de la encuesta realizada en Estados Unidos por los Caballeros de Colón y el Marist College Institute for Public Opinion: una amplia mayoría de los estadounidense querían escuchar al Papa (la encuesta se puede consultar en: http://kofc.org/un/cmf/resources/Communications/documents/poll_pope_20090517.pdf).
El mismo día que se dio a conocer la encíclica, el martes 7 de julio de 2009, la prensa internacional comenzó a satisfacer ese deseo que no era sólo el de la sociedad estadounidense.
La rapidez con que los diarios digitales, la radio y la televisión comenzaron a titular sus cabeceras y a emitir juicios sobre el contenido de la encíclica, incluso sobre el autor, llevaban a poner en duda el que en tan poco tiempo el periodista o el medio en cuestión hubieran leído concienzudamente las 127 ó 136 páginas (dependiendo qué edición se tuviera) donde se recogen una introducción, seis capítulos y una conclusión sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad; un ‘todo’ dirigido explícitamente a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas, a todos los fieles laicos y a todos los hombres de buena voluntad.
De esta manera, la gente fue quedándose con titulares o contenidos resultado de lecturas parciales, comentarios sectarios e ideologizados, extractos reduccionistas incapaces de dar una visión sintética del documento o críticas y ataques frontales.
El escollo de quedarse en la reforma de
No fueron pocos los medios que se centraron en el punto número 67 de la encíclica alegando que Benedicto XVI pide una reforma de
El francés Le Parisien decía, por ejemplo, que es fundamental encontrar un gobierno mundial que sea confiado a
El diario chileno
En el Reino Unido The Daily Mail rotulaba así la información: “El Papa propone un nuevo sistema económico mundial que se guíe por el bien común”. Times resaltó el factor ‘amor’ como propuesta base del Pontífice para un nuevo sistema económico y Le Monde se decantaba también en esta línea, más inexactamente, al referir que el Papa deseaba meter la ética y la fe en el corazón de la mundialización.
En México el diario El Universal sintetizaba así la noticia: “El Papa propone un nuevo orden financiero”, y en España El Mundo aseveraba que “Benedicto XVI defiende que la economía necesita ética”. En Estados Unidos, Wall Street Journal también ponía una cabecera afín a la reforma de
Pero, qué decía exactamente el número 67 de
“Ante el imparable aumento de la interdependencia mundial, y también en presencia de una recesión de alcance global, se siente mucho la urgencia de la reforma tanto de
Y se siente la urgencia de encontrar formas innovadoras para poner en práctica el principio de la responsabilidad de proteger y dar también una voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones más pobres. Esto aparece necesario precisamente con vistas a un ordenamiento político, jurídico y económico que incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos.
Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, el Beato Juan XXIII.
Esta Autoridad deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común, comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad.
Dicha Autoridad, además, deberá estar reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos. Obviamente, debe tener la facultad de hacer respetar sus propias decisiones a las diversas partes, así como las medidas de coordinación adoptadas en los diferentes foros internacionales.
En efecto, cuando esto falta, el derecho internacional, no obstante los grandes progresos alcanzados en los diversos campos, correría el riesgo de estar condicionado por los equilibrios de poder entre los más fuertes (…)”.
La reducción de la encíclica a un documento de carácter económico es errónea. El subtítulo de la encíclica pone de manifiesto que ella trata sobre el desarrollo humano integral y en él la economía es un elemento más del desarrollo, pero no el único.
¿El Papa gira a la izquierda? ¿Una encíclica anticapitalista?
Otros medios de comunicación se decantaron por afirmar y comentar la ‘simpatía’ o el ‘giro’ del Papa hacia la izquierda y su cariz anticapitalista. Así, Marco Politi en la página 16 del italiano
Con el título “Benedicto XVI gira a la izquierda y censura las finanzas sin escrúpulos”, el diario español El Correo se unía también a este sector informativo. El también español El País hizo lo propio al reportar como titular la noticia del siguiente modo: “Un Ratzinger globalizado y de izquierdas”
The Financial Times anotaba que la encíclica es una llamada de advertencia al capitalismo desenfrenado, además de destacar los comentarios del Papa a las agencias internacionales que fomentan el aborto e imponen la esterilización. El tendencioso rotativo mexicano Reforma apuntaba a una inexacta síntesis que tituló “El Papa critica el capitalismo en su encíclica”.
Llama la atención, a quien ha tenido la oportunidad de leer completa
Ya desde el día de la presentación de la encíclica, Stefano Zamagni, profesor de economía política en la universidad de Bolonia, dejó claro en
De la misma opinión es el catedrático de economía aplicada de la universidad Complutense de Madrid, José Tomás Raga, quien valora la encíclica positivamente (cf. ZENIT, 09.07.2009).
Los ataques frontales
Algunos mass media filo-izquierdistas optaron por enfrentarse abiertamente al Papa con acusaciones o lecturas sectarias. En las páginas 4 y 5 del italiano Liberazione, Fulvio Fania acusaba al Papa de no haber tratado el tema de la guerra en su encíclica mientras que el también italiano Il Manifiesto afirmaba que el miedo de
El ex líder comunista Santiago Carrillo fue más allá al declarar en una entrevista a la cadena SER, de España, que el Papa es un demagogo y que ha copiado a Marx: “Desde mi punto de vista –declaraba Carrillo– esa encíclica encubre otra política real del Papa y del Vaticano que no es acabar con la avaricia del capitalismo, y tal y cual, sino que es seguir manteniendo las costumbres tradicionales, frenar el avance de
Todo lo anterior contrasta con un artículo como el de Paolo Del Debbio en el Libero. Del Debbio pone en evidencia que
Una mención aparte merece el ‘católico’ George Weigel, quien desde su muy particular punto de vista pontifica, como ya es costumbre al comentar lo que no le parece, aseverando en el National Review que el Papa está manipulado y por eso escribe lo que escribe en esta encíclica.
Como se mencionaba antes, llama la atención que en la encíclica no haya referencias a ideologías que otros se regodean en traer a colación como para recordar que sus planteamientos ideológicos y políticos están vivos.
Durante la presentación de la encíclica en Via della Conciliazione, el 7 de julio pasado, el cardenal Paul Josef Cordes subrayó que Caritas in Veritate inspira pero no hace política. El cardenal Cordes también enfatizó que la encíclica no se puede leer fuera del Evangelio pues, lejos de ser un sistema ideológico o un manifiesto político sin alma, la doctrina social de
En un artículo-comentario de Carl Anderson, Caballero Supremo de los Caballeros de Colón, el autor inicia una constatación que encuentra relación con las declaraciones del cardenal Cordes: “Mucho antes que la ‘izquierda’ y la ‘derecha’, estaba el Evangelio, y mucho después de que esas etiquetas políticas hayan caído en el olvido, el Evangelio permanecerá”.
Una cobertura más equilibrada
Afortunadamente también hubo espacio para los que leyeron toda la encíclica. Por su seriedad, destaca la columna de Ritanna Armeni en el diario Il Riformista, en donde además de subrayar aspectos positivos de
Aunque fue acusado de adelantar información ‘bajo embargo’ el mismo día de la presentación de la encíclica –y se espera una penalización correctiva por parte de
“La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando la sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social. La acogida de la vida forja las energías morales y capacita para la ayuda recíproca. Fomentando la apertura a la vida, los pueblos ricos pueden comprender mejor las necesidades de los que son pobres, evitar el empleo de ingentes recursos económicos e intelectuales para satisfacer deseos egoístas entre los propios ciudadanos y promover, por el contrario, buenas actuaciones en la perspectiva de una producción moralmente sana y solidaria, en el respeto del derecho fundamental de cada pueblo y cada persona a la vida”.
El italiano Avvenire y los españoles
El rotativo italiano de cariz económico Il Sole 24Ore también concedió amplio espacio a comentarios sobre
La agencia EFE tuvo el acierto de emitir un servicio titulado “La encíclica, el documento más importante que escribe un Papa”. En él se puede profundizar en la historia de las encíclicas y en otros detalles culturales de interés.
Los informativos socioreligiosos también cubrieron la noticia de una manera coherente, centrada y profesional. ReligionenLibertad.com, ForumLibertas.com, AnalisisDigital.com, ReligionConfidencial.com, InfoCatolica.com y AlfayOmega.es son una muestra de la tratativa responsable y amena de la información, sin caer en exageraciones pías. Eulogio López ha venido ofreciendo algunos comentarios de la encíclica en Hispanidad.com, el decano de la prensa digital en español y un diario de corte económico.
Al menos mencionaron la encíclica
Otros diarios apenas si le dieron espacio. Así, por ejemplo, Il Mesaggero quien publicó una breve entrevista a Mons. Fisichella, presidente de
¿Con qué mensaje nos quedamos?
La panorámica de las cabeceras de los medios de comunicación que llevan la batuta de la información mundial, confirman dos cosas: 1) que efectivamente la encíclica impactó y 2) que la mayoría de la gente, puesto que no ha leído
¿Y cuál sería ese núcleo sustancial, esa idea madre que da pie y guía toda la doctrina de
En
Más que hablar de novedad, se debe hacer referencia a las aportaciones que hace la encíclica. La valoración de esas aportaciones está correlacionada con la finalidad del documento, con su esencia que es, a la vez, una respuesta que se nos ofrece.
Caritas in Veritate reactualiza la doctrina social de
Ciertamente presenta aportaciones originales como la relación entre el derecho a la libertad religiosa y a la vida con el desarrollo (cf. números 28 y 29). La encíclica es un documento moral, no político. No sin razón dice el mismo Benedicto XVI en el número 18: “La fe cristiana se ocupa del desarrollo, no apoyándose en privilegios o posiciones de poder, ni tampoco en los méritos de los cristianos, que ciertamente se han dado y también hoy se dan, junto con sus naturales limitaciones, sino sólo en Cristo, al cual debe remitirse toda vocación auténtica al desarrollo humano integral”.
Y después de todo, podríamos preguntarnos todavía, todo esto que nos dice el Papa, cómo respalda nuestra visión del mundo. Carl Anderson, a quien ya hemos citado antes, responde a un interrogante semejante que va en este sentido: “no debemos preguntarnos cómo esta encíclica respalda nuestra visión del mundo, sino al contrario, cómo debe cambiar nuestra visión del mundo”.
Posiblemente, para poder aplicar prácticamente las enseñanzas ahí contenidas, el primer paso sea leer la encíclica y no confiarse siempre demasiado en los titulares de los periódicos. El impacto mediático de
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