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08/02/2005 - Sociedad
El humor anticristiano de la época soviética crea escuela hoy
En algunas comparsas de carnaval y en los desfiles del "Día del Orgullo Gay", no es difícil recordar las navidades y carnavales soviéticos de los años 20.
"los cuervos negros conspiran", cartel soviético 1930
Con cúpula azul, la capillita de la Virgen de Iberia hoy, de nuevo en el acceso a la Plaza Roja
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Pablo J. Ginés Rodríguez

Las últimas Navidades y los Carnavales que hoy terminan han dejado un regusto desagradable a muchas personas de sensibilidad cristiana que se han visto ofendidas en sus creencias. Belenes que desaparecen de las calles o los colegios, artistas musicales disfrazados de Sagrada Familia, iluminaciones absurdas en las calles de Madrid, carteles de Carnaval ofensivos en Huesca, en Valls, y en Reus...

La humillación de las creencias cristianas ha formado parte siempre de un proceso de ingeniería social destinado a transformar las sociedades. Incluso en regímenes tiránicos como la Unión Soviética, en los que se recurría cotidianamente a técnica al parecer mucho más eficaces como la tortura, asesinato o deportación de eclesiásticos, también allí el humor humillante se usó con profusión. Para evitar esto, las leyes de países democráticos defienden el derecho al honor y el respeto a las convicciones religiosas.

Copiando fórmulas: el carnaval comunista de 1923

En algunas comparsas de carnaval actuales y en los desfiles del "Día del Orgullo Gay", no es difícil recordar las navidades y carnavales comunistas, porque la escenografía no es muy distinta.

En vísperas de la Navidad de 1923 en Moscú se organizó la llamada “Navidad Komsomoliana”, nombre referido a la Komsomol, la Unión de Juventudes Comunistas Leninistas. Se desarrolló en uno de los accesos a la Plaza Roja, donde está la capilla de la Virgen de Iberia, dedicada a un icono de la Madre Dios. El propósito del acto era formar a la juventud en una ideología y moral políticamente correctas y ridiculizar el cristianismo arraigado en el pueblo ruso.

Una gran multitud acudió al “carnaval comunista” con disfraces de monjes y popes, representados de peor modo posible. La comparsa recorrió las principales calles de Moscú hacia la Plaza de la Revolución. En la cabeza de la marcha se leían pancartas con palabrotas y se llevaban grandes muñecos representando a diversos dioses – el egipcio Osiris, el babilonio Marduk, Alá, Buda – e imágenes blasfemas de Dios Padre, Jesucristo y la Madre de Dios. También había gente disfrazada de rabinos, pastores protestantes, el lejano Papa de Roma e incluso un bonzo chino.

"Ave, Marx"

En el centro de la marcha, animaba la fiesta Andrey Shojin, llamado por la prensa el “pope komsomoliano”. Con grandes voces cantaba a Marx una especie de himno akathistós (popular himno mariano medieval bizantino). “¡Ave, Marx, gran taumaturgo!”, exclamaba.

Ante la capilla de la Virgen de Iberia los jóvenes comunistas encendieron una gran hoguera y quemaron los muñecos y símbolos religiosos mientras cantaba el coro del Komsomol:

“De un tirón bajaremos a tierra a todos los dioses,
Chillad, demonios, con más alegría,
A bailar la carmañola
Todos los dioses al carnaval,
El Komsomol, sin dios en lo alto, organiza su follón”

Los periódicos del día siguiente invitaban a sus lectores en primavera a festejar la “pascua komsomoliana” animando a traer silbatos y trompetas. El eslógan era: ”de un puñetazo sacar fuera idioteces milenarias y que sea con gran ruido”.

 

Cristo se aguantó, aguantaos vosotros, se mofa este cartel de 1920

Poco después se derribó la capilla de la Virgen de Iberia, testimonio ofendido de los hechos. El icono de la Virgen se salvó, trasladado al templo de la Resurrección en otro barrio de Moscú. En el sitio de la capilla levantaron en 1929 una tosca escultura de un obrero, un nuevo portero socialista en la entrada a la plaza. En la diestra empuñaba un martillo y la siniestra se alzaba en el saludo proletario. Pero no duró mucho: había que dejar espacio a las manifestaciones y a los tanques que desfilaban en la Plaza Roja así que en 1931 se derribó también la puerta de la Resurrección.

Volviendo en 1995

Hoy la puerta ha sido reconstruida y también la capilla de la entrada, con una copia del icono de la Virgen de Iberia realizada por los monjes del Monte Athos, en Grecia, a partir del original. Desde 1995 la capilla vuelve a acoger miles de devotos y también de turistas que inevitablemente pasan por la Plaza Roja y compran camisetas de McLenin’s o se fotografían con jubilados disfrazados de Lenin que quieren sacarse unos dólares.

 

Durante aquellos años, millones de personas fueron exterminadas. En 1922 Lenin escribió “cuantos más representantes de la burguesía y el clero reaccionarios consigamos ejecutar en este asunto, mejor”. Ese año se mataron a 2.691 sacerdotes, 1.962 monjes y 3.447 monjas. Pero el exterminio físico no era suficiente, ni siquiera lo mejor.

 

“Toda idea religiosa, toda idea de Dios [...] es una abyección indescriptible [...] de la especie más peligrosa, una epidemia de la especie más abominable. Hay millones de pecados, hechos asquerosos, actos de violencia y contagios físicos [...] que son menos peligrosos que la sutil y espiritual idea de Dios engalanada con los ropajes ideológicos ,más elegantes” escribió Lenin a Gorki, como recuerda Martin Amis en Koba el Temible, la risa y los veinte millones

 

Además del exterminio físico, la ridiculización y el humor ofensivo contra los símbolos era esencial. La combinación de este humor en nuestros días con las declaraciones de políticos importantes hace pensar. Está el diputado del PSC Miquel Iceta, que pide tratar a la Iglesia como al imán de Fuengirola, o Joan Boada, portavoz en Cataluña de IC-V, que pide reiteradamente la confiscación de las catedrales y alaba el régimen de Castro, con sus docenas de periodistas encarcelados y presos políticos sin derechos. Nadie en España pide cuentas a China por la matanza de Tiannamen, o por los obispos desaparecidos y los arrestados injustamente, en un mar de violaciones de los derechos humanos. Es conveniente para el bien de la libertad y la democracia no olvidar atrocidades que no son de un pasado lejano, sino que se extienden a nuestros días.

 

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