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19/10/2011 - Desarrollo y pobreza
El origen católico de Iteca: 30 años de desarrollo y formación en el campo haitiano
La dictadura Duvalier mató a dos sacerdotes y cien campesinos de esta asociación, pero siguió creciendo y hoy es socia de Manos Unidas y la plataforma CIDSE.
Myriam García Abrisqueta, presidenta de Manos Unidas, en la granja-escuela de Iteca
Jean Baptiste Chenet, director ejecutivo de esta eficaz asociación para capacitar campesinos
Danza campesina de bienvenida a Manos Unidas en Verrettes
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Pablo J. Ginés

Verrettes está en lo alto de unas montañas casi inaccesibles en el interior de Haití. En Haití ser chófer es tener un carisma especial, unos superpoderes que permiten conducir por sendas inexistentes al borde de barrancos verdes. El chófer que nos lleva en un vehículo milagroso que trepa con capacidades arácnidas es uno de los técnicos de Iteca ( http://www.itecatiboukan.blogspot.com ), un "instituto de tecnología y animación" fundado por jesuitas, dominicos, monfortianos y clérigos de la Santa Cruz hace 30 años para capacitar profesionalmente a los campesinos.

Verrettes es, oficialmente, un "municipio". En la práctica, son casas desperdigadas por aquí y allá entre montes esmeralda, palmeras y otros árboles, en una especie de "mini-machupichu" caribeño. Los técnicos de Iteca, con ayuda de fondos de Manos Unidas (www.manosunidas.org), han entrenado a algunos líderes locales para mejorar su agricultura, que hasta ahora era de mera subsistencia.

De hecho, con la llegada de parientes de la ciudad que huían del caos del terremoto de enero de 2010, no se llegaba ni a esa subsistencia. Los parientes de ciudad no se han adaptado a la vida en el campo y después de varios meses se han vuelto al sur, pero muchos han dejado aquí a sus hijos. El aire es más fresco, hay pocos insectos, la vista es impresionante, la naturaleza hermosa, no hay criminalidad. Pero tampoco escuela, ni centro de salud y apenas una capilla que visita un cura cada tres meses.

Los campesinos reciben al equipo de Iteca y de Manos Unidas con una danza, cantos, palmadas, tambores, y el himno nacional. "Nos llaman pies grandes, pero si no trabajamos ellos no comen", reflexiona una canción campesina en creol. En esta montaña casi nadie habla francés.

En la cabaña de reuniones exponen ñame (un tubérculo), frijoles de varios tipos, una especie de guisantes y otros frutos, resultado de sus primeras cosechas con las técnicas de Iteca. Se han organizado en dos comités de líderes, uno mixto (con 10 personas) y otro femenino (con 4 mujeres). Dos de estos líderes son promotores-multiplicadores, entrenados por Iteca, y se aseguran que el ñame se produce y potencia con las técnicas enseñadas por Iteca. Otros 6 han sido capacitados como veterinarios que cuiden y crucen cabras y cabritos. Se entregarán 3 cabritas hembra a cien personas: 50 hombres y 50 mujeres. Cada uno hará un corralito para las cabras. El objetivo es multiplicar los animales. Pronto se plantearán comercializar juntos sus excedentes.

Esto es tan aislado y agreste que todo pilla lejos. En temporada seca cuesta 4 horas llegar hasta el agua y otras 6 volver con ella. Sales a las seis de la mañana y vuelves a casa a las cuatro de la tarde; una hora y media después, ya es de noche.

Iteca hace un buen trabajo en temas agrícolas, y es una ONG local de referencia y enlace local para CIDSE (www.cidse.org), la red de 16 asociaciones católicas de desarrollo internacional (la española Manos Unidas, la inglesa Cafod, la holandesa Cordaid, la irlandesa Trocaire, etc...). Pero Iteca no trabaja en temas de educación infantil ni salud. En estas montañas con 70.000 habitantes, hay un solo centro de salud en funcionamiento real y está lejos. Los enfermos se llevan en mantas trenzadas en palma, sobre la cabeza de dos o más porteadores. Cuando estalló la epidemia de cólera dicen que murieron unas mil personas en la zona. Algunos niños van a escuelitas diminutas y precarias de montaña, puestas en marcha por gente concienciada, pero es casi anecdótico. Las niñas y mujeres suelen ser analfabetas en esta zona.

Casas en lo alto y la multiplicación de los pollos

La sede de Iteca está muy lejos, al sur, en Gresiers. Allí muestran a Myriam García Abrisqueta, la presidenta de Manos Unidas, el tipo de casas que éstan construyendo en las zonas campesinas afectadas por el terremoto. Han empezado a construir 80 y quieren llegar a las 1.700. Tienen 36 metros cuadrados, tres habitaciones, un panel solar (lo justito para la radio, el teléfono y la cocina; la luz no es tan necesaria); cisterna para recoger el agua de lluvia y un lavabo al lado de casa. Son antisísmicas y con techo anticiclónico (a menos que sople a más de 250 km/hora, algo monstruoso).

Las familias beneficiadas colaboraron con parte de los materiales y subiéndolos (a mano) a sus montañosas ubicaciones. "Hay entidades que tras el terremoto optaron por ayudar con casas semi-temporales, pensadas para durar unos meses, pero nosotros apostamos por casas permanentes, y en el lugar donde estaban las anteriores", dicen en Iteca.

El día que reciben la visita de Manos Unidas, en Iteca hay mucho movimiento: vienen unos 500 jóvenes, chicos y chicas de entre 18 y 30 años, a recoger pienso para sus pollos. A cada uno se le han dado 14 gallinas y dos gallos. ¡Son 8.000 aves traídas de Estados Unidos en avión, toda una inversión! Cuando pongan huevos, los jóvenes granjeros los traerán a incubar a Iteca: en 18 días salen los pollitos. Iteca se queda algunos, para tener más gallinas, darlas a más campesinos y repetir el proceso, sin tener que volver a recurrir al extranjero. Los chavales son formados en la granja-escuela de Iteca. En Haití se come mucho pollo (cuando se come), pero ahora la asociación plantea cómo difundir también los patos, los conejos, las colmenas, etc... En la zona de Gressiers, además, hay cierta costumbre de recurrir al "árbol del pan", pero en otras zonas de Haití lo desaprovechan.

El agua que brota de la roca

En 2004 Iteca, con dinero de la Unión Europea, abrió una potente via de agua potable, canalizada con 12 fuentes. El terremoto lo estropeó, pero Iteca logró fondos para repararlo. Dirk, un agronomista belga que llegó a Iteca hace 5 años a través de Entraide et Fraternité (la CIDSE belga), explica que la fuente beneficia a 15.000 personas, y que se clorifica con sales locales, cloruro sódico, no con pastillas potabilizadoras del extranjero. En las zonas de montaña más elevadas, sin fuentes, lo más eficaz es recurrir a cisternas para la lluvia.

En un pueblito de montaña encontramos a la señora Selima Terezin, beneficiada de una de las casas de Manos Unidas. Esta señora lo tiene muy claro: "doy gracias a Dios por la casa; la familia y los amigos me ayudaron, pero para mi la mayor ayuda es la de Dios". La casa aún está a medio construir pero ya falta poco. Ella aún vive bajo unas lonas y plásticos con logotipo de Cáritas México.

"Casi ninguna ONG sube a estas zonas inaccesibles de granjas de montaña, excepto nosotros... alguna vez vi a Intermon Oxfam", explica Dirk. Aunque alejado de la fe desde su adolescencia, Dirk aprecia mucho el tipo de trabajo de Iteca y CIDSE (no es normal encontrar un europeo que lleve 5 años en el país y no sea misionero), y en cambio se queja de que "esos de Samaritan's Purse se aseguran de que se les vea mucho, con carteles y todo". Samaritan's Purse es una ONG evangélica americana presidida por un hijo del famoso predicador Billy Graham.

Curas mártires para otra Haití

"Iteca nació de la Iglesia en los años 70 para acompañar a los excluidos", explica su director ejecutivo, Jean Baptiste Chenet. "Había jesuitas, dominicos, monfortianos, clérigos de la Santa Cruz... que animaban a los campesinos a ser los protagonistas. El nombre mismo, en creole, significa "es posible, se puede hacer". Hoy no es una entidad confesional, pero mantiene algunos clérigos en sus órganos asesores.

En su origen, en los años de la dictadura de los Duvalier, más de cien campesinos que se habían formado o entrenado en Iteca fueron asesinados en el noroeste del país por el régimen. También mataron a dos sacerdotes: el monfortiano Jean-Marie Vincent y el diocesano Jean Pierre Louis. En el despacho de Chenet hay una foto del padre Vincent con una dedicatoria de Jean Bertrand Aristide, ex salesiano que llegaría a ser presidente del país (no uno especialmente bueno). "Que la muerte de Jean-Marie sea señal de la victoria de nuestro pueblo", dice el texto de puño y letra de Aristide.

De la capacidad de Iteca para formar líderes campesinos hablan algunos hechos históricos, como que las dos primeras mujeres que fueron ministras en el país eran co-fundadoras de la asociación. Otra ex-directora de Iteca es hoy responsable del movimiento católico por la paz, Pax Christi (www.paxchristi.net), en Bruselas.

Iteca, por compromiso fundacional, no educa niños, pero sí recibe cada año miles de niños de escuelas (casi todas católicas) que visitan su granja, conocen los animales y su historia. Muchos líderes campesinos llegan a su sede, se quedan semanas o meses allí alojados, aprendiendo técnicas, y luego vuelven a sus comunidades a aplicarlas.

Para Chenet, Haití tiene futuro. "En los años 70, Haití fue el primer destino turístico del Caribe. Lo perdió por la crisis política y la falta de estructuras. Cuba ha estado haciendo inversiones en turismo que Haití no ha empezado y debería imitar. El problema principal es de gestión y proyecto político", insiste el director ejecutivo de Iteca.

"Haití tiene la historia y la cultura más rica del Caribe, con pintura, música, un pasado particular. Fuimos el primer país del mundo en abolir la esclavitud y la primera república negra del mundo", añade.

Para Iteca, sin embargo, la clave está en la agricultura, mejorar su producción agrícola y transformar sus productos, con atención al medio ambiente. La asociación muestra a los campesinos el bosque que han reforestado con cuidado: empezaron hace 20 años y ahora se ven los frutos. "Cuando los campesinos ven fruto, ven que el cambio es posible, cambian su mentalidad". Hay una simbología en el reforestar, porque los franceses fueron los que empezaron con la tala salvaje en este país: "medio Burdeos se construyó con madera haitiana, en un modelo de colonización basado en el expolio. Después, la oligarquía haitiana aplicó la misma política. Y luego llegó la explosión demográfica: de 3 millones a 10 millones en 50 años".

Por eso, en un país en que el 80% del territorio es montañoso, y donde la capital, Puerto Príncipe, es un monstruo inmanejable donde el individuo es aplastado por la masa, Iteca y las ONGs de desarrollo que trabajan con ella apuestan fuerte por el campo y el mundo agrario. "La pobreza en el campo siempre se lleva con más dignidad, con más humanidad, que en la ciudad", afirma Myriam García, la presidenta de Manos Unidas. Es algo que ha visto en África, en Brasil, en la India...

 

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