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02/03/2007 - Religión
Quemados y desmembrados por un rey homosexual
En el testimonio de los mártires de Uganda se combina la tiranía política y la lujuria homosexual; católicos y anglicanos murieron juntos por la fe.
Icono de Carlos Lwanda y los otros mártires, con sus instrumentos de martirio
Retablo africano con las historias de los martirios
Charles Reding

Los primeros que mató, desmembrados y quemados, eran cristianos anglicanos. El último, decapitado, era católico. El rey que los ejecutó era Mwanga I de Buganda. La moral cristiana minaba su poder: le reprochaban vender a su pueblo como esclavos y practicar la homosexualidad.
 
El 31 de enero de 1885, Makko Kakumba, Yusuf Rugarama y Nuwa Sserwanga, cristianos de la comunión anglicana, fueron desmembrados y quemados en la localidad ugandesa de Busega Natete, por orden del rey Mwanga I. Fue el principio de una persecución contra jóvenes cristianos, anglicanos y católicos, que duró dos años y que acabó con el martirio de cuarenta y cinco de ellos.
 
El último de los ejecutados fue el católico Jean-Marie Muzeeyi, quien entregó su alma al Señor al ser decapitado el 27 de enero de 1887. De todos ellos, los mártires católicos fueron beatificados por Benedicto XV el 6 de junio de 1920 y canonizados por Pablo VI el 18 octubre 1964
 
Católicos, anglicanos y musulmanes
 
La llegada de misioneros católicos y anglicanos al reino de Buganda (como se llamaba entonces) había supuesto una revolución político-social en la región. El rey Mutesa había dado cierta libertad a los misioneros cristianos. Su éxito en la conversión de los nativos era tan significativo que los hasta entonces pasivos árabes musulmanes decidieron enseñar el Islam a la población.
 
El círculo de personas cercanas al rey, por expreso deseo del mismo, fueron objeto de las propuestas de conversión de cristianos y musulmanes. El propio Mutesa no llegó a convertirse a ninguno de estos credos por razones prácticas: se negaba a circuncidarse como le pedían los musulmanes y a abandonar la poligamia como le reclamaban los cristianos.


Los misioneros cristianos no actuaban según nuestro moderno concepto de "políticamente correcto": denunciaban como paganas y satánicas las prácticas religiosas de los nativos. Unirse a la nueva fe suponía una ruptura total con el antiguo modo de vida y adoptar nuevos valores morales y religiosos. Los abasomi, nombre con el que eran conocidos los conversos, eran considerados rebeldes, que transferían su lealtad a una nueva religión abandonando las viejas tradiciones tribales.
 
Mwanda, tirano y homosexual
 
Siendo todavía príncipe heredero, Mwanga había mostrado cierto aprecio por los misioneros cristianos. Pero al llegar al poder su actitud cambió radicalmente. Influenciado por algunas de sus amistades árabes, el nuevo rey empezó a practicar la homosexualidad (mal vista por lo general en el África negra). No le gustaban las críticas cristianas a sus prácticas.
 
Tampoco le gustaba que el cristianismo significara menos poder del Rey sobre sus súbditos. Por ejemplo, al impedir el tráfico de esclavos como fuente de grandes ingresos para la corona. Mwanga I decidió que había de eliminar del mapa de Buganda al cristianismo.
 
No contento con la ejecución de los primeros mártires jóvenes anglicanos, en octubre de ese mismo año el rey ordenó asesinar al obispo anglicano James Hannington, justificando su decisión porque consideraban que el obispo había “demostrado” tener malas intenciones al haber entrado al reino por una ruta más corta que la tradicional, que transcurría desde el sur del lago Victoria.
 
El amigo que reprocha
 
Este asesinato llevó al seminarista católico José Mkasa, amigo personal del rey en su juventud, a hacer de profeta Natán ante el rey asesino. Pero a diferencia del Rey David, que se arrepintió de sus culpas, Mwanga respondió asesinando a quien le reprochaba su comportamiento. José murió decapitado y quemado el 15 de noviembre, no sin antes haber perdonado de corazón al rey, por el cual oró para su conversión.
 
Aquel perdón y oración parecieron aplacar la ira real. Carlos Lwanga, favorito del rey, sustituyó al primer mártir católico en el liderazgo de la comunidad católica de la corte.
 
Rechazar el acoso sexual de un rey
 
Una de las preocupaciones del nuevo líder cristiano era la de proteger a los jóvenes cristianos de los deseos lujuriosos del monarca. Cuando uno de los pajes se opuso a mantener relaciones sexuales con el soberano, el mismo rey le preguntó cuál era su razón para rechazarle. El siervo le dijo que estaba recibiendo el catecumenado cristiano de manos de Daniel Ssebuggwawo. El rey montó en ira y tras llamar a Daniel a su presencia le atravesó el cuello con una lanza.
 
No contento con ello, convocó a toda la corte para el día siguiente. Carlos Lwanga, previendo lo que habría de ocurrir al día siguiente, bautizó a los cuatro catecúmenos que aún no habían recibido las aguas bautismales. Entre ellos había un chaval de 13 años llamado Kizito. 


 
Esa mañana del 25 de mayo de 1886, Mwanga I separó del resto de su corte a todos los cristianos que había en la misma, incluídos quince varones menores de 25 años. Tras conminarles inútilmente a que abandonaran su fe, les condenó a muerte, sentencia que se ejecutó en parte ese mismo día y también en días posteriores. Uganda recuerda el 3 de junio como el de más martirios, tanto de anglicanos como de católicos.
 

Sangre de mártires, semilla de cristianos

La sangre de los mártires en tierra de misión fue abono para la conversión de muchos. Mwanga no vio disminuir el númerod e cristianos, sino que lo vio aumentar. Además, el país se vio envuelto en una guerra civil. Sus amigos musulmanes decidieron que era más seguro poner en su lugar a un príncipe o rey verdaderamente musulmán. Los musulmanes combatieron a los cristianos. Por su parte, los todavía muy numerosos practicantes de las religiones tribales conspiraron contra los miembros de las “religiones extranjeras”. Durante el conflicto el rey fue despuesto de su trono aunque volvió al mismo, con menos poder, al acabar las hostilidades, a la cual se llegó tras un pacto de no agresión entre las partes.
 
Los mártires de Uganda y el país actual

Hoy Uganda es un país mayoritariamente cristiano por el ejemplo de los mártires de finales del siglo XIX. Su coraje y fidelidad a Dios y a los valores del evangelio, siguen dando frutos.
 
Uganda es hoy el país africano donde más avances se han logrado para parar el SIDA. La Primera Dama de Uganda, Janet Museveni, a menudo defiende la abstinencia y castidad y llama a los jóvenes a vivir la castidad como el medio más eficaz para evitar el contagio del SIDA. El presidente Museveni ha impulsado un programa que alienta la abstinencia para combatir el SIDA.
 
Su mujer habla a los universitarios como una predicadora cristiana, cosa común en África: “No tomen atajos ni pongan en peligro sus vidas utilizando aparatos inventados por el hombre, como los preservativos, yendo en contra del Plan de Dios para sus vidas. Honren sus cuerpos como templo de Dios.” Uganda es ejemplo de que la moral cristiana, bien apoyada desde la autoridad social, política y religiosa, es una poderosa arma contra el SIDA. 
 
El ecumenismo de los mártires

 
El ecumenismo de nuestros días no era especialmente bien visto en la época de los mártires ugandeses. Sin embargo, aquellos católicos y anglicanos fueron juntos al martirio. Demostraron así una unidad fuerte de los que confiesan a Cristo como Dios y Señor. Juan Pablo II, en su audiencia de 17 de febrero de 1993, hizo referencia al valor ecuménico de esos mártires al hablarnos de su viaje por tierras africanas:

 
"Namugongo: se llama así el lugar, próximo a Kampala, la capital, donde se venera a los mártires ugandeses; a ese lugar acuden numerosas peregrinaciones. El domingo 7 de febrero, siguiendo las huellas de mi predecesor Pablo VI, me he unido a los peregrinos allí donde en los años 1885-1887 hijos generosos de la Iglesia ugandesa dieron la vida por Cristo. Se ha tratado, al mismo tiempo, de una peregrinación ecuménica: primero al santuario de los mártires de la Iglesia anglicana y luego al templo construido en honor de san Carlos Lwanga y de sus veintiún compañeros católicos. Unos y otros confesaron, de modo heroico, la fe y, condenados a muerte, fueron quemados vivos, como ocurría en la época romana de las antorchas de Nerón. El santuario de los mártires ugandeses, que posee el carácter de templo nacional, ha sido elevado, en esta circunstancia, a la dignidad de basílica y la eucaristía celebrada sobre las reliquias de los mártires ha constituido una confesión especial de la vida que hay en Cristo, crucificado y resucitado."

La comunión anglicana debería de tener en sus mártires un referente fundamental, para abordar el tema de su posible división por la cuestión de la ordenación de homosexuales activos. Todo el mundo puede entender las razones por las que la Iglesia anglicana en África se opone con firmeza inalterable a que se ordene como sacerdote u obispo a alguien que vive voluntariamente en pecado. Si hubo anglicanos que prefirieron dar su vida por Cristo antes que ceder a los deseos de un rey homosexual, ¿cómo van a aceptar los africanos de esa comunión eclesial que hoy un homosexual activo pueda llegar a ser obispo de su iglesia?

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