Puntos débiles de la Teoría de la Evolución

De lo menos no puede surgir lo más

Evolución

Mantiene esta teoría, simplificando, que el hombre procede de un animal, del mono.

Pero de lo menos no puede proceder lo más: de lo no vivo no puede brotar lo vivo. Y de lo no inteligente no puede manar lo inteligente.

Y como decía Aristóteles “en absoluto, el acto (ser en presente) precede a la potencia (ser en embrión)”.

Si no existiera ya (en acto) un ser inteligentísimo (Dios) no hubieran podido aparecer otros seres inteligentes. Y si no existiera ya la Vida Perfecta (Dios) no hubieran podido surgir otros seres vivos. Ya que nadie da lo que no tiene.

Pues así como de la nada absoluta no puede brotar ningún ser, así también de la nada relativa (carente de vida o de inteligencia) no pueden provenir seres con vida o inteligencia. A no ser que se suponga una intervención exterior y superior.

Los evolucionistas más inteligentes hacen intervenir a Dios como creador del proceso de la evolución, y así no caen en el mencionado absurdo lógico. Pero es algo así como echar a Dios por la puerta (no puede haber creado a los seres directamente) y dejarle entrar por la ventana (crea a través de un proceso de evolución).

Y sin recurrir en absoluto a Dios, los evolucionistas ateos conciben una materia sin vida que crea seres vivos y una materia sin inteligencia que alumbra seres inteligentes. Es decir, hacen de un átomo de materia o de una célula viva o de un animal, seres “omnipotentes” capaces de crear toda la sinfonía de seres vivos e inteligentes: Echan a Dios por puerta y ventana y se fabrican un ídolo todopoderoso. Por no adorar a Dios adoran seres inertes o inconscientes.

Para tratar de demostrar la tesis evolucionista se recurre al hallazgo de esqueletos y cráneos de hombres más bestiales que el hombre actual e interpretan que el hombre procedería, por evolución, del mono, Mas existen interpretaciones alternativas que explican la existencia de tales esqueletos y cráneos de los que se ha dado en llamar homínidos.

Así en la mística italiana del siglo XX, Maria Valtorta (”Cuadernos de 1945 a 1950”, págs. 285-289), hallamos una explicación diferente. La existencia de esos esqueletos más parecidos a los de los cuadrumanos se explicaría no porque el hombre descienda del mono, sino porque se produjo una degeneración de la mayor parte de la humanidad. Y estos hombres degenerados, moral y físicamente perecieron bajo las aguas del Diluvio universal. Y de ellos son los restos que llaman la atención a los hombres de ciencia actuales.

Lo que da credibilidad a esta explicación es que se puede hallar una confirmación en la propia Biblia: Así, en Sabiduría 14.6 leemos: “También al principio, mientras los soberbios gigantes perecían, se refugió en una barquichuela la esperanza del mundo y, guiada por tu mano (la mano de Dios) dejó al mundo semilla de una nueva generación” Así pereció la raza de los llamados gigantes llenos de soberbia, mientras que Noé, y su familia, hombre justo, se salvaron de las aguas del Diluvio, en el Arca, y aseguraron la pervivencia de la humanidad. También en Eclo. 16, 7 y en Baruc 3, 26-28, se nos habla de que los llamados gigantes no alcanzaron la sabiduría, de que Dios no los perdonó y de que perecieron por soberbios y carentes de sabiduría.

Por otra parte, si consultamos el Catecismo de la Iglesia Católica, nº 376, nos reafirmamos en la idea de que los primeros hombre y mujer eran mucho más perfectos que nosotros, en vez de ser un casi-animal como explican los evolucionistas. Dice así este número 376: “por la irradiación de esta gracia (de la gracia de la santidad original) todas las dimensiones de la vida del hombre estaban fortalecidas. Mientras permaneciera en la intimidad divina el hombre no debía ni morir ni sufrir”. La enseñanza de la Iglesia nos dice que Adán y Eva gozaban de una armonía perfecta entre cuerpo y alma, de un dominio sin fatiga sobre la creación, de una inteligencia luminosa, y otros dones que se han denominado dones naturales, sobrenaturales y preternaturales.

Perdieron estos dones por su pecado, el pecado original. Y nosotros heredamos una naturaleza caída mucho menos perfecta que la de nuestros primeros padres antes de pecar. Ello contradice a la teoría evolutiva que postula que el hombre va creciendo a mayor inteligencia partiendo de un primer hombre que sería apenas más que un animal. Hay que observar que el progreso no es imparable ni garantizado. Y que como ha enseñado Benedicto XVI, el hombre en cada generación se enfrenta a una libre elección entre progreso espiritual o retroceso espiritual. Y el progreso o retroceso espiritual produce a la larga un progreso o retroceso físico y social. Cabe pues una degeneración.

Por otra parte, los evolucionistas creyentes católicos que aceptan el magisterio de la Iglesia en el sentido de que el alma es directamente creada por Dios, concebirían que sobre un animal evolucionado Dios superpondría un alma humana. Como si los espíritus o almas fueran vestidos en un perchero que se pudieran superponer a cualquier cuerpo, a cualquier animal.

Pero es de fe que cuando el hombre muere, pierde la vida de su cuerpo, se separa el alma del cuerpo; así el hombre en su alma espiritual es inmortal (a la espera de que esa alma vuelva a vivificar el cuerpo en la resurrección final).

Pero si el cuerpo en ausencia del alma perece, ello significa que el alma, además de ser espiritual, está esencialmente unida al cuerpo humano al que vivifica. (Los antiguos decían que el alma era “forma” del hombre). Así no puede existir cuerpo humano sin alma humana que lo vivifique. Y es un contrasentido concebir un cuerpo no humano (animal) con alma humana (la “forma” o estructura de los animales no es subsistente ni inmortal y si cambiamos su “forma” por una “forma” humana no permanece su cuerpo animal).

De ahí se deduce que Dios al crear directamente el alma de cada hombre (lo que es de Fe) crea también un cuerpo humano. Así pues, ni la propia teoría de la evolución puede soslayar la creación directa por Dios del cuerpo y alma del hombre (ya sea en el origen o en otro momento) Por tanto para el creyente Dios crea directamente cuerpo y alma humanos. Y la teoría de la evolución no facilita la comprensión de este misterio: misterio de amor al hombre y mujer del Amor Eterno y Todopoderoso, que nos ha llamado a la existencia.

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5 Comments

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    Este artículo está muy cerca de los ‘creacionistas’ evangélicos y creo que tiene confusiones al final. El alma inmortal es insuflada al ser humano en el momento de la concepción. Es evidente que la concepción y el desarrollo del ser humano físico, es un proceso que se inicia en la fecundación y es totalmente material. Pero ya desde el inicio, el cuerpo cuenta con un alma espiritual infundida por Dios. La argumentación final parece decir que Dios crea también un cuerpo humano (de la nada) para dotarlo de alma. Ya varios Papas, desde Pio XII (al menos) han dicho que la teoría de la evolución, en tanto hecho científico, sujeto a los controles que la ciencia experimental tiene, no es contraria a la fe, siempre que no se quiera sacar a la evolución de sus límites estrictamente científicos

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    Que yo sepa conocer el porqué de las cosas, y sólo hasta cierto punto, es propio del ser humano, Por evolución ningún animal es capaz de acceder al saber matemático, al literario y al músico. ¿Los monos suman, restan, multiplican y dividen? ¿Vibran con la poesía? Hay un salto cualitativo en relación al ser humano. Otra cosa es el parecido físico. Y otra cosa también el hecho que existan seres humanos que no desarrollan sus facultades propias de ser humano.

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    “El problema con el mundo es que los estupidos están seguros de todo mientras que los inteligentes están llenos de dudas” Aclaración: los que dan seguridad de todo son: los paztorros criistianos, clientelistas, aduladores, atrincherados con la corrupcion, facilones, detractores de los derechos civiles, impostores religiosos que impiden que los humanos asuman sus vidas y el uso de sus bancos cerebrales),

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