Tarde o temprano la educación da su fruto o pasa factura su inexistencia. Es como todo. Si no se riega, no crece la planta. Para plantar jardines de oloroso perfume y aromáticos matices es precisa buena voluntad, integridad y esfuerzo, de manera que el maestro sea capaz de transmitir a su discípulo pasión por cultivar el propio majuelo con afán y perseverancia.
También puede ocurrir que la moda del reciclado haya llegado a puntos y sistemas que hayan acogido con entusiasmo una iniciativa que parecía prometedora, pero, por falta de acierto o empeño, a base de reciclar se hayan roto los vericuetos que podían conducir a los actores implicados a descubrir la propia esencia y enseñar a comunicarla. Ciertamente, nuestro mundo adolece de falta de originalidad. Muchos hay que se contentan con chupar la sangre del vecino, y ellos y vecino acaban sin nada… a menos que el vecino sepa dar sangre a chorro a consecuencia de su rica vida interior.
Tempranillo. Antes o después, todo hombre o mujer de bien a la caza de sí mismos descubren que la vida interior es fuente de ilusión y de gracia. La algazara, a su vez, encamina, si es consecuente con sus obligaciones, a la recreación de ese espacio interior que todos llevamos en custodia y que, si encuentra salida, enriquece cuanto toca, comunicando nuevos mundos y maneras a un mundo que gime dolores de parto. No obstante, la experiencia demuestra que hombres y mujeres pueden no tratar siquiera de descubrirse, con lo cual pierden ellos y pierde el mundo.
En efecto, el educar comporta dar herramientas para desarrollar el mundo único que todos los seres humanos atesoramos en nuestro fuero vivificante que cual fuego vigoroso late dispuesto a prender la llama de la vida o lo que encuentre con enriquecimiento en su camino, siempre que no lo haga al tuntún de los avatares del destino y sin foco; entonces, sobrevendría la destrucción con que se pierde fuego, camino y destino.
Hablando, pues, de los dolores de parto que todos sufrimos, cabría ser observadores y realistas ante la que se nos viene. Porque, a la vista de la falta de buena educación que se experimenta en todas las clases sociales, en ambos sexos y en todas las familias, no es extraño que suframos como sociedad la falta de respeto que está resquebrajando la unidad de la familia humana y amenaza con romper hasta sus cimientos.
Así las cosas, o actuamos rápido o socavaremos el alma humana hasta el tuétano como solo el Apocalipsis escrito por san Juan ha sabido −por inspiración divina− acertar el tono y el entorno en que, si no actuamos los hombres y las mujeres en la alianza original con que fuimos creados, dejaremos de ser y vivir la promesa que Dios ha ratificado a diversos actores a lo largo de la historia humana, y que jamás romperá.
Recordemos que la buena educación, favoreciendo el aprehender, consolida o ayuda a consolidar la experiencia integradora de la vida. Cabe esperar, pues, que la libertad humana se reconduzca como en otros momentos decisivos de la Historia, y se haga responsable de sí misma, sabiendo orientar sus acciones hacia un futuro prometedor para la raza humana que, en última instancia, encontrará su refugio en el Cielo que cada uno merezca… o bien −no lo olvidemos− la locura eterna del Infierno que muchos ya comienzan a vivir en esta nuestra vida mortal.
Twitter: @jordimariada
Recordemos que la buena educación, favoreciendo el aprehender, consolida o ayuda a consolidar la experiencia integradora de la vida. Compartir en X









