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Nigeria: dolor, oración y clamor por justicia tras el ataque a una parroquia en Kafanchan

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La madrugada del sábado, la violencia volvió a golpear el corazón de la Iglesia en Nigeria. Hombres armados atacaron la parroquia de la Santísima Trinidad, en la diócesis de Kafanchan, estado de Kaduna, dejando un saldo de tres personas asesinadas y once secuestradas, entre ellas el párroco, el padre Nathaniel Asuwaye.

El hecho, ocurrido en torno a las 03:20 (hora de África Occidental), ha estremecido a los fieles y reaviva el debate sobre la creciente inseguridad que asola al país.

La confirmación llegó a través de un comunicado del canciller diocesano, el padre Jacob Shanet. “Con profunda tristeza —señala la nota— anunciamos el secuestro de nuestro sacerdote, el Rev. P. Nathaniel Asuwaye, párroco de la Iglesia Católica de la Santísima Trinidad, Karku, en el área de gobierno local de Kauru”. Según testimonios recogidos en la zona, el ataque fue descrito como “un acto de invasión por un grupo de terroristas”, perpetrado en la residencia del sacerdote.

La diócesis, en un gesto que une dolor y esperanza, ha convocado a la oración: “Invitamos amablemente a todos los sacerdotes, fieles cristianos y hombres y mujeres de buena voluntad a rezar por el P. Nathaniel, por las otras diez personas y por el descanso de las almas de los que fueron asesinados durante el ataque”. Y añade una confianza muy propia del pueblo creyente en tiempos de prueba: “Toda la diócesis de Kafanchan los encomienda a la intercesión de la Santísima Virgen María, madre de todos los sacerdotes y auxilio de los cristianos, para su pronta y segura liberación de manos de estos malhechores”.

Entre los laicos se mezclan la tristeza y la sensación de abandono.

El domingo, el Papa Leo XIV condenó la violencia y llamó a las autoridades a actuar “con determinación para garantizar la seguridad y la protección de la vida de cada ciudadano”. Sus palabras ponen el foco en una realidad que la Iglesia local denuncia desde hace años: la espiral de ataques, secuestros y asesinatos protagonizados por bandas criminales, insurgentes de Boko Haram y milicias armadas, que convierten amplias regiones del país en territorios de miedo.

La tragedia en Kafanchan se inserta en un contexto alarmante. E

l 3 de febrero, más de doscientas personas habrían muerto en ataques contra aldeas remotas en los estados de Kwara, Katsina y Benue. Sólo en Kwara, un asalto de 22 horas en las comunidades de Woro y Nuku (área de Kaiama) dejó al menos 162 víctimas, incluyendo mujeres y niños; algunos cuerpos fueron hallados con las manos atadas y degollados, y se reportaron también secuestros de mujeres y menores.

Ante este panorama, la comunidad católica está llamada a sostener dos actitudes inseparables: la oración perseverante y el compromiso con la vida y la justicia. Rezar por el padre Nathaniel Asuwaye y por todos los secuestrados como resistencia espiritual. Y al mismo tiempo, el clamor por la protección de los inocentes recuerda que la paz no se construye con condolencias vacías, sino con decisiones concretas, verdad, responsabilidad y un firme respeto por la dignidad de cada persona, sin distinción de fe o etnia.

En medio de la noche, la Iglesia repite la súplica del Evangelio: “Señor, sálvanos”, y pide a María, Auxilio de los cristianos, que acompañe a Nigeria hacia un amanecer de seguridad y reconciliación.

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