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Geopolítica educativa (XV) – Bien, Belleza y Verdad

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Ayúdalo. ¿No me hablas de educación “de calidad”, “para todos”? Está intentando salir a flote para seguir adelante. Está aprendiendo a vivir. ¿No aprendiste tú? Cierto que no tuviste más mano que la de algún misericorde, pero ¿no la necesitabas? ¿Acaso no te hubiera favorecido? ¿Eres justo? ¿De verdad quieres para tu hermano lo que quieres para ti?

Ya sabemos que −como ya vas teniendo experiencias−, por más que ahora tu hermano se deshaga en halagos, seguramente nunca te lo agradecerá… hasta que de maduro o en el lecho de muerte repase su vida y te vea a ti, allí, tendiéndole tu favor. Pero tu obligación, ahora, es ayudarlo. Eso te llenará el alma de plenitud sonora, amante de celestiales melodías. Más adelante, con el paso del tiempo, esa música tejida de notas místicas cual delectables dulces especias garrapiñadas, acariciarán tu ser cumplido con una exuberancia que te hará sentir íntegro y entero, promotor del cambio horario que todos −antes o después− detectamos en nuestra existencia desvelada. Esa es −será− la manifestación que el Ser Total, Creador de cielos y tierra, te habrá sacado a la luz del pleno día, que en ti aportará una paz como jamás fuiste capaz de imaginar. Y serás tú. Y te dirás: “¡Oh, Dios, benévolo suspiro de eternidad!”.

Llegó la hora del cambio

Necesitamos un cambio de paradigma fundamentado en la Verdad. Una norma emanada y debidamente asumida de la llamada especular que todo ser humano siente, anhela y reclama de la Mirada personal inmanente a que todos tendemos, como instinto primario y básico orientado a una eviterna naturaleza, contexturada por la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo: tres personas en un solo Ser, por el amor).

Esa Llamada que nos reclama nos comunica “con gemidos inefables” (Rm 8,26) la naturaleza de las ideas y las cosas, de los anhelos y las esperanzas que hinchen nuestro espíritu. Y nos impele a avanzar hacia ellos con afán apetente por el Bien, la Belleza y la Verdad. Lo Bueno, para desarrollar nuestro potencial eterno. Lo Bello, para gozar la vida tendente a la Vida. Lo Verdadero, para fundamentar nuestra existencia toda. Ahí está el programa para la nueva emergencia de la geopolítica educativa que nos requiere.

Desvelando la evidencia

No es ningún secreto. Vivimos en un mundo crecientemente polarizado. Ya nada es verdad ni es mentira, sino según el color del cristal con que se mira. Es humano, hay que comprenderlo. Pero si deliberadamente nos ponemos el cristal rosa ante la mirada turbia cuando toca escoger el blanco, todo se trastoca. ¿Por qué? ¿Cómo decidir adecuadamente? Aceptando el desafío de la autenticidad de las ideas y las cosas. Debemos volver a la raíz; acoger, en la medida de nuestras simplemente humanas (y no sobrehumanas) posibilidades, la Verdad que −no nos engañemos− a todos nos reclama. Y eso, sin transmudarla deliberadamente.

Para ello, debemos superar las injusticias ya incrustadas e infectas en la sociedad 3.0 y que derivan del egoísmo derivado de la soberbia de creerse por encima del Bien y del Mal. Debemos redescubrir la belleza que nos transmite ónticamente la Naturaleza, que es lo único que tenemos y lo único en que se puede basar todo posterior desarrollo, so pena de no serlo; una belleza que debemos imitar para que todas y cada de nuestras acciones posteriores sean realmente dignas, como expresión de nuestra propia dignidad, asumida de la dignidad del Creador de todo: la belleza de la vivencia del amor humano transmitido como expresión del Amor divino y expresado en verdad, justicia y libertad; la belleza del matrimonio entre el hombre y la mujer, partícipes del Amor de Dios; la belleza del poder de colaborar en la Creación con la procreación responsable; la belleza de los descubrimientos de la ciencia humana que desvela el poder divino… Todo ello, con su belleza, de acuerdo con el Bien y la Verdad, es −queramos o no aceptarlo− aquello alrededor de lo cual gira toda nuestra existencia: de la existencia de Dios, de donde bebe y emana nuestra pobre existencia mortal con promesa de eternidad.

¡Bien, Belleza, Verdad! ¡Auténtico semillero de justicia en el Amor! Sin todos y cada uno de esos atributos, nuestra existencia se corrompe y acaba autodestruyéndose, como estamos comprobando. No nos engañemos con medias verdades o encubiertas mentiras. El delirio de la mal llamada “promesa posmoderna” es una martingala con la que pretenden someternos, esclavizándonos sugestivamente para producir y consumir en beneficio de unos pocos, en detrimento de la masa depauperada.

¿Por qué te digo que ha sido mal llamada “posmoderna”? Para hipnotizar nuestro delirio de dominio con fantasías de promesas que todos sabemos que serán incumplidas. Porque sabemos que nos mienten. Porque nos estamos dejando engañar. Porque nos engañamos nosotros mismos. Porque hacerlo nos place sentir el gustirritín del poder vivido en la soledad de una vida que pretendemos altruista y compartida… hasta que nos contradice, y desechamos todo compromiso con nuestros semejantes y aquellos que nos han sido confiados. Nos han adormecido la sublime sensibilidad amorosa con el pseudoamor, y con él queda trastocada nuestra percepción, que pasa a vivir psicopática.

Sí, hermano, mi hermana del alma. Tú lo sabes. “Humano” es la Creación; “posthumano” es la burda imitación que pasa a degenerar la Creación verdadera. Por eso nos han enseñado a mentirnos: para que confundamos los términos en la línea que nos están trazando desde las instancias del poder (un poder corrupto, que ya nada tiene que ver con el poder de la Verdad). A ver, dime. ¿Cómo vas a aceptar una conciencia tecnificada? ¿No ves que al tecnificarla deja de ser propiamente humana, eso es, según la Verdad? La conciencia permanece tras la muerte, y allí, en la Eternidad, adquiere su total desarrollo; si la tecnificas, no haces más que prolongar su agonía… hasta que el Creador (Padre, Hijo y Espíritu Santo) de tu conciencia te diga que ya has jugado suficiente: “¡Basta ya!”. Y tú, vencido y avergonzado, te vayas por tu propio peso y lo ganado y lo perdido, con tu conciencia depauperada directito al “horno encendido, preparado para el diablo y sus ángeles” (Mt 25,41).

Aceptando el poder de Dios

Es Dios quien debe reconocer tu valía, no eres tú el que tiene ese poder si lo haces al margen de la aceptación de su existencia. Sabemos que el ser humano tiende a autoafirmarse para hacer prevalecer su voluntad. Así las cosas, ¿cómo compararemos el valor de la voluntad de Dios y la voluntad del ser humano? ¡Solo Dios es infinito! El ser humano, por más que pretenda dorarse la píldora a sí mismo y a los demás, no es más que un mero replicador de lo existente en la Naturaleza.

Por tanto, hermano, mi hermana del alma, sé coherente. Agárrate a Dios con su Bien, su Belleza y su Verdad −y no a un hombre o una mujer, ni a una cosa− con uñas y dientes. Solo Dios te asegura el éxito de una vida lograda. Un valor perpetuo que, si lo mereces, gozarás en un Cielo eterno… con todo lo que hayas conseguido en tu existencia terrenal. Así pues, llena el vaso de tu valor, y tu final será tu principio, un principio sin final. Solo depende de Ti. ¿No querías poder? Pon amor, y el Amor te empoderará. Eternamente.

Geopolítica educativa (XIV)

Twitter: @jordimariada

Debemos superar las injusticias ya incrustadas e infectas en la sociedad 3.0 y que derivan del egoísmo derivado de la soberbia de creerse por encima del Bien y del Mal. Compartir en X

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