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A vueltas con la inmigración

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Asistimos en los últimos tiempos a debates enconados sobre la cuestión de la inmigración. Unos y otros partidos la usan como bandera electoral, sea para agitar el odio contra los propios españoles (Irene Montero promoviendo el “reemplazo de los fachas”), para conseguir votos de los regularizados masivamente (Pedro Sánchez), para conseguir votos de los que ya están (PP), o para agitar la bandera del nacionalismo exclusionista (Vox).

Nos detendremos un momento en las posiciones de los partidos de tendencia más conservadora, pues entendemos que a los de izquierdas les importa poco lo que se publique en esta página.

En primer lugar, Vox parece haber aceptado e incluso abrazado su papel de “coco” en las cuestiones migratorias.

Es cierto que, si se acude a sus propias declaraciones, suelen ser más matizadas que las que los medios reproducen. No obstante, tanto la insistencia en la cuestión -como si fuese la única causa de todos los males- y el tono empleado reflejan muchas veces falta de caridad, pues, aunque la inmigración masiva y descontrolada puede ocasionar graves problemas sociales, económicos y culturales, no se debe ignorar que quien abandona su tierra, sus raíces y su familia, no suele hacerlo con la voluntad de dañar, sino de buscar un futuro mejor. No quiere esto decir que se puedan abrir las puertas sin más, omitiendo las prevenciones que la prudencia exige para evitar o mitigar esos problemas, pero cabría, quizá, ser firme sin acritud.

En cuanto al PP, en la línea que nos tiene acostumbrados, parece haberse abonado al argumentario de la izquierda, al sostener la posición economicista de que necesitamos a los inmigrantes para pagar las pensiones de una sociedad envejecida y con una pirámide poblacional invertida.

Podría el PP hacerse mirar su preocupación por la pirámide poblacional y su comportamiento con la ley del aborto, pues en 2011 fue una de las banderas que enarboló para luego arriarla vergonzosamente cuando tuvo la mayoría absoluta para derogarla. Además, el argumento economicista es pernicioso porque contempla al inmigrante como un mero factor productivo del que cabe extraer las rentas necesarias para sostener a los jubilados. ¿Y si en unos años no fuese necesaria mano de obra humana y pudiéramos recurrir simplemente a robots? ¿Los mandaremos de vuelta? ¿No tiene rubor alguno el PP en defender este argumento, cuyo reverso es aceptar que los países de origen se vacíen de su población y capital humano? ¿Dónde queda ahí la fraternidad entre los pueblos?

Tanto en uno como en otro caso, Qveremos recordar a los partidos conservadores que los inmigrantes están hechos a imagen y semejanza de Dios y tienen una dignidad inviolable que exige que el debate se afronte con la caridad, justicia y prudencia que merecen y nosotros debemos a practicar.

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