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Carta a un joven de hoy (I)

Para situarnos, la generación de tus padres y la de tus abuelos disfrutaron de un crecimiento económico y de un bienestar general nunca vistos. Aun así, por una ley no escrita pero presente en la evolución de la humanidad, los buenos tiempos dan paso a generaciones más débiles y acomodadas. Has crecido en el mundo de la aceleración tecnológica y de la dictadura del relativismo. Y ahora ha llegado la COVID-19.

I.- La aceleración tecnológica. Internet y su medio estrella, el teléfono móvil, han transformado en pocos años nuestra manera de vivir. ¿A quién dedicas tu tiempo? Tal como explica el sabio Zygmunt Bauman, la proximidad virtual ha acabado sustituyendo la proximidad física. Fíjate que cuando llegas a casa no te pones a hablar con tus padres, sino que aprovechas la wifi doméstica para volverte a conectar y aislarte en tu mundo virtual. A muchas familias solo les queda el tiempo compartido de las comidas familiares. Si quieres ayudar a desintegrar una familia, deja que cada miembro tenga la libertad de comer a la hora que quiera, o de comer con el móvil sobre la mesa.

¿Cuántas horas estás ante las pantallas y cuántas hablando con tu madre, tu padre, los hermanos o los abuelos? El móvil es mucho más peligroso que la televisión para la vida familiar, porque te aleja de quienes más te quieren, de los que te lo han dado todo. Esto quiere decir, primero, que a menudo no les correspondes como se merecen. Y, segundo, que estás renunciando a su educación, y sustituyéndola por la de personas que ni te conocen, ni te quieren, y que a menudo actúan en la red buscando sus propios intereses. Si no tienes largas conversaciones con tus abuelos estás renunciando a los mejores educadores que puedes tener.

¿Te queda tiempo para estar contigo mismo, sin interferencias externas? Internet y el móvil son también muy eficaces para menguar tu vida interior y tu capacidad de discernir, de meditar a fondo sobre aquello que más te tiene que importar. Te privan de algo esencial: disponer de tiempo sin saber qué hacer. Ya sé que te horroriza el aburrimiento, pero créeme, es lo único que te permite mirar para adentro, conocerte y saber qué quieres ser en la vida, cuáles son tus auténticos ideales y deseos.

¿Tienes suficiente criterio hacer afrontar la avalancha de información de la red? Oyes a menudo que internet es una herramienta y que todo depende de cómo se utiliza. Que facilita enormemente el acceso a la información. Es cierto, siempre que tengas suficiente formación humana y cultural, y el necesario espíritu crítico. Y estos requisitos son difíciles de lograr si te nutres principalmente de la red.

Los nuevos hábitos del mundo virtual te hacen menos capaz de pensar por ti mismo, de saber separar el grano de la paja, de distinguir la verdad de la mentira. Tu generación ha sustituido los libros por las series, las redes sociales y los juegos de ordenador, y esto os hace mucho más manipulables. Piensa que leer, especialmente las grandes obras de literatura, te amplía el horizonte, te hace conocer mundos nuevos, maneras de vivir, ideas y valores diferentes de los hoy dominantes. La cultura auténtica, no la del puro entretenimiento, te permite beber y alimentarte de lo mejor de la tradición, sentarte en los hombros de quienes te han precedido y poder ver más allá. Las series y aquello a lo cual sueles acceder desde el móvil te confinan en un mundo pequeño, cerrado, con contenidos hechos a medida y a conveniencia de los que hoy dominan el mundo.

II.- Me preguntas que es esto de la dictadura del relativismo. Según Joseph Ratzinger, otro hombre sabio, es dejarte llevar por el viento que sopla, no dar nada por definitivo, y tenerte a ti y a tus deseos como medida de todas las cosas. En este marco mental, a los que todavía creen que hay una verdad y un bien objetivos, fácilmente se les aplica la etiqueta de fundamentalistas e intolerantes.

Pero fíjate que las creencias, las ideas y los valores de hoy sobre la familia, el amor y el sexo no tienen nada que ver con las que tenían tus abuelos. Ellos vivían en un mundo con unas normas morales y sociales que, a pesar de sus carencias, protegían aquello realmente importante. La familia como comunidad estable donde los hijos podían ser educados y crecer sin grandes perturbaciones. El matrimonio como la promesa y compromiso de amor entre un hombre y una mujer que se tenía que respetar. El sexo como experiencia humana específica de la vida matrimonial. El hecho que ser hombre o ser mujer te viene dado por tu naturaleza y no por la educación que recibes o por tu deseo. El hecho que abortar, se le diga cómo se le diga, es, por encima de todo, privar de su vida a un ser humano.

La dictadura del relativismo hace desaparecer estos principios y normas básicas de nuestra civilización (los consejos que te darían tus abuelos si los escucharas), las sustituye por las opuestas, y presenta estas como únicas razonables y válidas. Por eso se habla también del pensamiento único. Párate a pensar qué hacen y qué ideas tienen los chicos y chicas protagonistas de las series, aquellos con los cuales quieren que te acabes identificando. ¿Y los adultos que aparecen, los profesores o las personas con experiencia, qué piensan y qué hacen? Si en las series aparece alguna “familia tradicional” o alguna persona con los principios del párrafo anterior, los guionistas los dibujan de forma poco atractiva o los ridiculizan.

En la segunda parte de esta carta veremos la gran relación existente entre los cambios tecnológicos y el pensamiento único, quién lo promueve y a qué intereses responde. Y finalmente, como puede afectar la COVID-19 a todo ello.

Publicado en el Diari de Girona, el 17 de agosto de 2020

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