El Hospital Karolinska en Suecia pone fin al uso de bloqueadores de la pubertad y hormonas cruzadas en menores

(SGEM) El Hospital Karolinska de Suecia ha emitido una nueva declaración sobre su política acerca del tratamiento de  menores con disforia de género. Esta política, que afecta a los servicios pediátricos de género del Hospital Infantil Astrid Lindgren (ALB), ha puesto fin a la práctica de prescribir bloqueadores de la pubertad y hormonas de sexo cruzado a los pacientes con disforia de género menores de 18 años.

Se trata de un momento decisivo, ya que uno de los hospitales más renombrados del mundo ha calificado el llamado “Protocolo holandés” como un experimento sin base y ha suspendido su aplicación fuera de los entornos de investigación. Según el “Protocolo Holandés“, que ha ganado popularidad en los últimos años, los menores con disforia de género son tratados con bloqueadores de la pubertad a los 12 años (y en algunas interpretaciones, al alcanzar el estadio 2 de Tanner de la pubertad, que en las niñas puede producirse a los 8 años), y con hormonas cruzadas a los 16 años. Este enfoque, también conocido como “afirmación” médica, ha sido respaldado por la directriz “Standards of Care 7” del WPATH.

Según la nueva política del Karolinska, que entra en vigor a partir en mayo de 2021, a partir de ahora las intervenciones hormonales (bloqueo de la pubertad y hormonas cruzadas) para los menores con disforia de género solo podrán realizarse en un entorno de investigación aprobado por el comité de revisión ética de Suecia. La política establece que debe realizarse una evaluación cuidadosa del nivel de madurez del paciente para determinar si es capaz de dar un consentimiento informado significativo. También se exige que los pacientes y los tutores reciban información adecuada sobre los riesgos e incertidumbres de esta vía de tratamiento. No está claro si los menores de 16 años pueden participar en estos ensayos.

Las nuevas políticas del Hospital Karolinska se hacen eco de una creciente preocupación internacional por la proliferación de intervenciones médicas que tienen una baja certeza de beneficios, al tiempo que conllevan un importante potencial de daño médico. La última política emitida por el Karolinska cita la revisión de la evidencia del NICE del Reino Unido, que encontró que la relación riesgo/beneficio de las intervenciones hormonales para los menores es muy incierta; la revisión judicial del Reino Unido de 2020, que destacó los problemas éticos generales con la práctica de la “afirmación” médica de los menores; así como la propia revisión de la evidencia de la Evaluación de Salud y Tecnología (SBU) de Suecia realizada en 2019, que encontró una falta de evidencia para los tratamientos médicos, y una falta de explicación para el fuerte aumento en el número de adolescentes que presentan disforia de género en los últimos años.

En los últimos meses, las autoridades sanitarias de varios países han considerado que los datos existentes son insuficientes para justificar las intervenciones médicas en menores con disforia de género. Finlandia revisó sus directrices de tratamiento en junio de 2020, priorizando las intervenciones psicológicas y el apoyo sobre las intervenciones médicas, en particular para los jóvenes con inicio post-puberal de la disforia de género (actualmente la situación más común). En el Reino Unido también se están produciendo cambios significativos. Tras la sentencia del Tribunal Superior de 2020, el NHS (Servicio Nacional de Salud) suspendió el inicio de intervenciones hormonales a menores de 16 años. La sentencia está actualmente en proceso de apelación, con una audiencia prevista para junio de 2021.

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