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Geopolítica educativa (XVI) – La mirada y el foco

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Escuchando aprendemos, enseñando afianzamos. ¿Hacia dónde va la educación? ¿Cómo podemos legarla? Leo: “Nuestro conocimiento solo puede ser finito, nuestra ignorancia debe ser necesariamente infinita” (Karl Popper, filósofo austríaco). De ahí, y a la vista del patio, deducimos que los hay sabios y abundan los resabios. Cierto. Hay que ser recatado. En el equilibrio encontramos el justo medio. La vida es equilibrismo sobre la cuerda floja de la existencia que nos guía a ser eternos. Será, pues, sensato ser prudente. La humildad colma el vaso, para que el vaso expanda desbordante.

Sin embargo, los hay que escopetean hasta a su madre. No es que se encuentren en la adolescencia, sino que adolecen de sueño fatuo. Sufren pena y provocan sufrimiento en todo cuanto tocan y cuanto miran. Hablaremos de la mirada, ahora pergeñemos el terreno en que nos movemos. La vida es movimiento, y es de sabios reconocer el terreno donde estamos y nos movemos.

El enfermo clandestino

Los psicópatas abundan entre los famosos y los políticos de esos que adoran ser adorados en los medios. Son gentecilla que no asumen su psicopatía sino que la imponen, manipulando la realidad y a todo aquel que se ponga en su camino. En efecto, puestos en obra y tras pactar con el diablo, parece que obtienen de la vida lo que ellos merecen, pero desmerecen como traslucen sus rostros acomplejados, por lo cual tratan de asimilarlos a la belleza falsa que rezuman de sus entrañas: operándose la cara regalada por naturaleza que Dios les ha dado, sacan a relucir las penas que les acomplejan con creaciones de plástico y desfiguradas, todos con el mismo patrón, con lo cual, queriendo huir del montón, se amontonan en la irrealidad de la “gente guapa”… cuando de guapos que eran, de guapos ya no tienen nada, y al mirarlos dan grima. Es la consecuencia de alejarse de Dios y la ley que Él nos ha dado. El complejo de ser “el elegido” cuando no son nada.

Me explicaré. Ese espíritu de querer-ser-lo-que-no-se-es les induce, antes o después, a esos seres desengañados de la vida y de sí mismos, a ver en ti lo que en ellos no quieren ver. Y así, se escabullen de su cometido. ¿Cómo? Con la habilidad de la modista que hilvana seda: si estás enfermo, porque estás enfermo; si estás sano, porque estás sano. La cuestión es escabullirse de su cometido y no ayudar a su hermano, porque −por más que se prodigan− les falta amor.

Luego, encima y por si fuera poco, ese psicópata huido de sí mismo te obliga a adorarlo: tú has de deshacerte en constantes manifestaciones de admiración “porque es tímido”, pero a ti él te aplasta humillándote con soberbia desmedida y el tesón del herrero que martillea sobre hierro en forja. Y eso, sin inmutar su semblante. Ya lo destaca con sorna aguda el psicólogo de Harvard Tal Ben-Shahar: “Solo hay dos tipos de persona que no experimentan dolor, tristeza o ansiedad: los psicópatas y los muertos”. Y mueren sin morir… hasta que la muerte los desampara.

Lo que sobra y lo que falta

Por tanto, nos sobran políticos y “gente guapa”, psicopáticos que en los medios fingen vivir la vida de los elegidos, reactivos ante las ocasiones en que deberían ser proactivos, sea asumiendo el bien que no viven, sea cumpliendo el bien común y no alardeando de “proyecto propio”, que más bien es mal disfrazado. ¡Como si fueran profetas! Lo único que les interesa (entre bambalinas replegados) es erradicar el cristianismo para sustituirlo por un humanismo etéreo con un comportamiento antisocial selectivo contra quien no piensa como ellos, en cuyo criptograma el dios ingrávido pasa a ser el hombre, liderado por el Hombre-Dios que nos están escondiendo a punto de la gran Manifestación, de la que, aunque no se la esperan, tras reinar su adorado Anticristo les sobrevendrá “la condena de fuego” (Mt 5,22).

Ahora sí, el foco

Para ello, debemos saber reconocer a quién miramos, con quién estamos, por quién vivimos. De hecho, los profesionales de la salud hablan de la realidad de que la ciencia ha demostrado que somos aquello que juzgamos. Es la llamada “transferencia espontánea de rasgos”, es decir: si juzgamos a una persona de una u otra manera, en eso nos convertimos. “No juzguéis, y no seréis juzgados”, anunciaba ya Jesús (Mt 7,1). De todo ello se deduce que, si nos focalizamos en lo bueno, nos haremos buenos; si en lo malo, nos haremos malos. “Los ojos son el espejo del alma”, dice el saber popular, aunque el ser substancial es hoy tan poco popular. Atendamos cómo miramos. La mirada. El sueño. La vida.

Mientras estamos centrados en lo malo, perdemos la vida entre las rejas de una cárcel que nos abarrota el alma. Con miedo. Con gentuza. Sin tregua. Será, pues, importante destacarlo: Si te llamo “canelo”, más canelo soy y seré, lo seas o no lo seas (y si no lo eres, más lo seré yo). Si me esfuerzo por superar la envidia que te tengo, sin dejar que me afecte ese juicio, un día lo superaré; si no, esa envidia, ese mal, ese pecado los atraeré a mí. Jesús lo dijo hace más de dos mil años: “Todo aquel que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón [y] merece ser echado en el Infierno” (Mt 5,28.30), de donde el “fuego” empieza en uno mismo por la propia culpa, no de Dios.

Pero tú caminas a pecho descubierto crepitando ínfulas de suficiencia: “¡Eres inepto!”, “¡Mereces fuego!”. Eso significa que tú estás castigando a tu hermano y así eres ya castigado. Eres tú el malo, no Dios. “No es lo que entra en la boca lo que mancha al hombre, sino lo que sale de la boca [pues] lo que entra en la boca pasa al vientre y se evacúa en lugar retirado [mientras que] lo que sale de la boca procede del corazón, y eso sí mancha al hombre. Porque del corazón proceden los malos propósitos, los homicidios, fornicaciones, robos, testimonios falsos, blasfemias. Esto mancha al hombre” (Mt 5,10-20). Y en consecuencia, te vuelves baldío. Dejas de merecer la dicha del Cielo que Dios te ofrecía.

Últimos y primeros

En resumen, ¿qué significa todo esto? Lo decíamos en el artículo anterior y en alguno más, pues importante y comúnmente ignorada es la lacra por cuanto ignoras a tu hermano. Por eso, repetimos: hay que focalizarse en la luz al final del túnel; en lo bueno que hay en una persona para poder ayudarla a desarrollarlo, no en lo malo para destruirla. Todos tenemos bueno y malo, y cada uno del bien saca el bien, del mal saca el mal (cfr. Mt 12,35). De todo lo expuesto, deducimos fácilmente lo que también afirma Jesús: “Los primeros serán los últimos, y los últimos los primeros” (Mt 20,16).

Terminamos como hemos empezado: Si enseñáramos esta esencia de la vida con la geopolítica educativa que necesitamos, conseguiríamos cambiar el mundo. Lo hemos hablado en otras ocasiones, pero poco insistiremos en ello: al otro lado del velo de la muerte, muchos que ahora van de guais por la fuerza (su coacción) se podrirán con su falsía, avergonzados de sus caras como tomates. Ahora, de la mano de los científicos, lo profundizamos: ¿Te has fijado, hermano, mi hermana del alma, que ese descubrimiento de la ciencia (que nos convertimos en lo que juzgamos) demuestra que el testimonio de Jesús (que lo adelantaba hace dos mil años) es cierto?; y si es cierto, es que Jesús es Dios. Habrá que creerle.

Twitter: @jordimariada

¿Te has fijado que ese descubrimiento de la ciencia (que nos convertimos en lo que juzgamos) demuestra que el testimonio de Jesús (que lo adelantaba hace dos mil años) es cierto? Compartir en X

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