Boris Cyrulnik reflexiona los beneficios de la religión desde la psicología

Creer en Dios modifica el funcionamiento del cerebro. Rezar reduce el estrés. Son algunas de las afirmaciones del libro ‘Psicoterapia de Dios’

¿Cómo se explica que los niños soldado de la guerra en Congo dijeran que se sentían felices al entrar en una iglesia? ¿ Cómo puede ser que la mayoría de los supervivientes de Auschwitz no rechazaran a Dios por haber permitido aquel genocidio y una minoría (12%) incluso dijeran que habían descubierto su existencia? Boris Cyrulnik ( Bur­deos, 1937), neurólogo, psiquiatra y psicoanalista, se dio cuenta de que faltaba una reflexión psicológica sobre la religión, alejada del enfoque dominante que se hace desde la fe o desde el rechazo que a menudo nace de la ciencia.

Creer en Dios modifica el funcionamiento del cerebro. Rezar reduce el estrés. Son algunas de las afirmaciones del libro Psicoterapia de Dios ( Gedisa Ed.), publicado en Francia con gran éxito y ahora en castellano. Y aunque cuando escogió este título los editores le dijeron que podría herir a los creyentes, cuando lo presentó en una conferencia católica en Bruselas,, un arcipreste le comentó que “habría gustado a san Ignacio de Loyola porque pensaba como los judíos que lo que cuenta es hacer sonreír a Dios”. Anteayer lo presentó en el Instituto Francés de Barcelona en un debate con miembros de otras religiones. Y hubo debate, ciertamente. El jesuita José Ignacio González Faus reivindicó un Dios crucificado y salvador más que terapéutico. Y citó a san Mateo cuando dice “buscad primero el reino de Dios y el resto se os dará por añadidura”. Según este teólogo, Dios es desafío, y la religión como recurso terapéutico se dará por añadidura. Aun así, reconoció que “entra dentro de la lógica que los niños de la guerra, como los bombardeados de Siria, los inmigrantes de Lesbos o los que viven en la miseria en Latinoamérica, tengan consuelo en un Dios terapéutico”. Es decir, “la fe como resiliencia”, subtítulo del libro de Cyrulnik. La resiliencia es un concepto que este autor puso de moda con otro libro. Él, precisamente, que de pequeño experimentó la resiliencia al escapar del ejército nazi, mientras sus padres morían durante la guerra.

David Stoleru, arquitecto y educador, recordó que la cultura judía no hace una representación de Dios y lo que busca es encontrar un sentido a la vida.

Cyrulnik repite que no ha hecho un libro de religión, sino de psicología. Un libro donde se pregunta cómo es posible que la mayoría de la humanidad crea en la existencia de un ser superior al cual se acercan con rituales diferentes. La primera manera de encontrarlo es por “el amor de madre”. El niño ama al mismo Dios que su madre, como declaración de amor. Y lo hace desde que empieza a hablar, cuando puede hacer una representación. Otra manera de encontrarlo es cuando se pasa de la angustia al éxtasis. Hay seres humanos que sometidos a situaciones de estrés traumático transforman el sufrimiento o el dolor en éxtasis. Descubren a Dios, y se produce una reacción neuronal. Cyrulnik señala que algunas civilizaciones han utilizado el peyote o la cocaína para tener este placer. Pero “la droga no necesita un sentido para desencadenar una emoción, mientras que una representación [religiosa] provoca sentimientos con efectos más prolongados”.

El escritor francés ve dos tendencias en la religión: los que privilegian la espiritualidad y relativizan los rituales y los que redescubren a un Dios autoritario y piden sumisión a las leyes divinas. “Esta última –se atreve a valorar fuera del debate– se da sobre todo entre los musulmanes, poco entre los cristianos y más en los judíos”.

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One comment

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    sin entrar en juicios sobre este libro, sólo comentar que hay personas que se apoyan en los efectos “psicoterapéuticos” de las creencias para meter “en el mismo saco” todas las religiones, espiritualidades, filosofías, etc, sin tener en cuenta su contenido.
    Muy buena la aportación del jesuita José Ignacio González Faus que ve un don para el que reconoce a Dios que da su vida en la Cruz por amor para salvarlo, más que terapéutico.

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