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La autonomía de la ontología


Tengo delante la introducción al libro Acto y Ser de Michele Federico Sciacca. Este autor reunió varios escritos suyos bajo el título común de <<Filosofía de la integralidad>>. Entre ellos éste. Entre ellos otro del que ya les hablé en  blog titulado La interioridad objetiva. Lo que tengo delante es la primera edición de junio de 1961 del volumen Acto y Ser. A modo de reflexión les reproduzco las dos páginas iniciales.

 

Desde Descartes en adelante, la prevención gnoseologística ha pesado fuertemente sobre el enfoque y el ahondamiento del problema ontológico-metafísico. Ha deformado el concepto de la metafísica, ha disminuido su interés. Primeramente el iluminismo, y después el neokantismo y el positivismo han pretendido relegar al ostracismo hasta la misma palabra. Hoy día existe, desde luego, quien sostiene que los términos <<ser>>, <<esencia>>, etc. carecen de sentido. La responsabilidad de esta simpleza es compartida, aunque no en iguales proporciones, por las corrientes empírico-positivistas, por el criticismo kantiano y por el idealismo trascendental; posiciones a las que hay que añadir las de pensadores contemporáneos, que incluso han escrito <<ontologías>> y <<metafísicas>>, a los que sin embargo se les ha de reconocer el mérito de haber propuesto nuevamente, como esencial al filosofar, el problema indeclinable del ser, por ser conscientes de que una filosofía, al perder el sentido de su problemática esencial, deja de ser tal filosofía. Por desgracia, hombres de indudable ingenio, pero privados de sensibilidad filosófica, han creído y creen servir a la filosofía limitando el campo de su competencia a la solución de los <<problemas particulares>>, o subordinándola a las llamadas indagaciones <<positivas>>, convencidos  de que no hay problemas <<universales>> o <<máximos>> y preocupados de que, de otro modo, el filosofar se pierda en lo <<abstracto>> y en los <<ideales>> y deje escapar lo <<concreto>>.

 

Con este fragmento tienen suficiente. Si quieren leer el libro para esto están las bibliotecas públicas. Éste en concreto lleva el depósito legal B-5967.-1961. Fue publicado en 1961 por Editorial Luis Miracle, S.A. Es el volumen 18 de Biblioteca Filosófica dirigida por Adolfo Muñoz Alonso, catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad de Madrid.

O entramos todos por este camino secular de pensamiento o, de no ser así, nos perdemos en la confusión primero mental y luego dialéctica. Eso tan generalizado, también en ambientes píos, de que la intención ya vale es totalmente insuficiente para acertar. A partir de la intención personal, humildad y aprendizaje en todo, aunque no esté de moda ni lo primero ni lo segundo ni lo tercero.

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