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La campaña sobre Disney i Netflix

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Todo occidente vive sujeto a un gran conflicto cultural, que en último término es moral y atañe al sistema de valores bajo el que deseamos vivir. En teoría, la democracia liberal garantiza el respeto a las leyes, el uso de mecanismos democráticos para modificar aquellas con las que estemos en desacuerdo, el respeto a la diferencia, que incluye obviamente los valores y las creencias, y la supeditación del poder económico a las decisiones democráticas de los gobiernos. Eso es así, pero cada vez menos porque solo se cumple y exige su cumplimiento si la moneda cae de una cara, la de la progresía, sea de derechas o de izquierdas. Solo es así si se refiere a las ideas que intentan configurar el pensamiento único occidental, entre las que el aborto prácticamente sin límites es un elemento decisivo.

Un análisis de la realidad concreta de España, de la mayoría de los países de Europa, Norteamérica y América Latina, permitiría observar cómo solo se exige el cumplimiento de las leyes en un determinado sentido, el del pensamiento único; y cuando funcionan en el opuesto, la campaña contra ellas es global, permanente y persistente, como sucede con el aborto en América Latina. Incluso organismos de Naciones Unidas actúan en este sentido. En todos los casos la reclamación democrática pasa a segundo plano. En Estados Unidos, y algunos países latinoamericanos, es el propio poder judicial quien, actuando como segunda cámara, usurpa las funciones del legislador, por ejemplo, para favorecer el matrimonio homosexual. El último caso es el de Costa Rica

Pero a pesar de tales precedentes nunca unas empresas han utilizado el instrumento del boicot para intentar cambiar una legislación que, además, no es de naturaleza económica. Se trata del caso de Disney, Netflix y el estado de Georgia (EUA) Ambas multinacionales han anunciado que dejarán de rodar películas en aquel estado a causa de la nueva ley que limita el aborto. Dada la importancia de negocio cinematográfico en Georgia, solo por detrás de California, se persigue que el gobierno no aplique la ley o que el Congreso estatal la modifique.

Se trata de un acto claramente antidemocrático porque pretenden reprimir la libre decisión ejercida por el Congreso de Georgia. Es un chantaje económico a la voluntad de los ciudadanos, constituye un ataque en toda regla a la democracia. Todos los que consideramos que preservarla es un fin, tenemos que demostrar a aquellas dos multinacionales nuestro rechazo. Su acción es peligrosa porque practican una prueba de fuerza a cara descubierta: “si tu no legislas como yo deseo, yo te boicoteo”. Ya no se trata de que utilicen su dinero para favorecer el aborto u otras cuestiones de la legislación liberal, ahora ya actúan directamente sin intermediarios para imponer su ideología. Por esto es tan importante la e-Cristians, y otras organizaciones, dirigida a pedir, en nombre del respeto a la democracia, no consumir productos y servicios de Disney y Netflix. Y por esta razón también os pedimos el apoyo práctico a ella.


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