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La lglesia y los jóvenes: el Sínodo, un ejercicio de diálogo

“El Sínodo debe ser un ejercicio de diálogo, sobre todo entre los que participan en él. Y el primer resultado de este diálogo es que cada uno se abre a lo nuevo, a cambiar de opinión gracias a lo que ha escuchado de los demás”, ha afirmado el Papa Francisco en el contexto de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, dedicado al tema de Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.

Francisco ha destacado la necesidad de la elección como signo de la libertad: “es un signo de gran madurez humana y espiritual”. Además, dijo que “Vale la pena sentirse parte de la Iglesia o entrar en diálogo con ella; vale la pena tener a la Iglesia como madre, como maestra, como hogar, como familia, que a pesar de las debilidades y dificultades humanas, es capaz de resplandecer y transmitir el mensaje eterno de Cristo”.

El obispo de Roma considera que el Sínodo que estamos viviendo “es un tiempo para compartir”, por ello invitó a hablar con valentía porque “sólo el diálogo puede hacernos crecer como Iglesia, puesto que la crítica honesta y transparente es constructiva y ayuda, mientras que la charla inútil, los rumores, las inferencias o los prejuicios no lo son”. 

Un Sínodo para «ensanchar horizontes»

Este miércoles 3 de octubre el Papa celebró la Santa Misa en la plaza de San Pedro con la que inauguró este sínodo que, según Francisco debe ser capaz de «ensanchar horizontes, dilatar el corazón y transformar aquellas estructuras que hoy nos paralizan, nos separan y nos alejan de nuestros jóvenes, dejándolos a la intemperie y huérfanos de una comunidad de fe que los sostenga, de un horizonte de sentido y de vida (cfr. Exhortación a los Apóstoles Evangelii Gaudium, 49)».

El Pontífice agradeció la presencia de los jóvenes “cuya fuerza emana positividad y entusiasmo, capaz de invadir y animar no sólo esta sala, sino a toda la Iglesia y al mundo entero”. Además agradeció a todas las personas “que a lo largo de dos años de preparación -aquí en la Iglesia de Roma y en todas las Iglesias del mundo- han trabajado con dedicación y pasión para llevarnos a este momento”.

“El Sínodo debe ser un ejercicio de diálogo, sobre todo entre los que participan en él. Y el primer resultado de este diálogo es que cada uno se abre a lo nuevo, a cambiar de opinión gracias a lo que ha escuchado de los demás”, afirmó. «Vale la pena sentirse parte de la Iglesia o entrar en diálogo con ella; vale la pena tener a la Iglesia como madre, como maestra, como hogar, como familia, que a pesar de las debilidades y dificultades humanas, es capaz de resplandecer y transmitir el mensaje eterno de Cristo”.

“La apertura en el hablar y la apertura en la escucha son fundamentales para que el Sínodo sea un proceso de discernimiento”. Para luego añadir que ese discernimiento “no es un eslogan publicitario, no es una técnica organizativa, ni una moda de este pontificado, sino una actitud interior enraizada en un acto de fe”.

Francisco finalizó su discurso invitando a todo el mundo a «a intentar transitar el futuro y a sacar de este Sínodo no sólo un documento -generalmente leído por unos pocos y criticado por muchos-, sino sobre todo propuestas pastorales concretas, capaces de cumplir la tarea del propio Sínodo, es decir, la de hacer brotar los sueños, de suscitar profecías y visiones, hacer florecer la esperanza, cerrar heridas, y despertar un amanecer de esperanza que devuelva la fuerza a las manos e inspire a los jóvenes -a todos los jóvenes, sin excluir a nadie- la visión de un futuro lleno de la alegría del Evangelio».

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