La pornografía, Leviatán contemporáneo

 

  1. El problema de la pornografía.

1.1 En qué consiste.

1.2 Por qué Leviatán.

  1. La mirada.

2.1 Confluencia de lo objetivo y lo subjetivo

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  1. La pornografía y el cerebro masculino.
  2. Consecuencias: cómo nos afecta. 

4.1 Afecta a la persona en sí misma, en su individualidad.

              a) Afecta a la unidad de la persona, dividiéndola.

              b) Afecta a la visión global que la persona tiene de sí misma.

4.2 Afecta a la comprensión de los demás y en sus relaciones.

4.3 Afecta a la comprensión de las cosas.

4.4 Afecta especialmente al matrimonio.

  1. ¿Qué podemos hacer?

5.1 Prevenir en la infancia

              a) El santo temor de Dios

              b) Las soluciones humanas

5.2 Curar

ANEXO I. El consumo de pornografía. Algunos datos tomados de internet.

ANEXO II. Artículo “Seis pasos para que un cristiano deje la pornografía”.

  1. El problema de la pornografía.

Pornografía es una palabra compuesta de dos palabras griegas: porno y grafía. Porno viene de porneia, fornicación, y grafía de grafos, imagen. De acuerdo con su etimología podemos definirla como la mostración de imágenes de contenido erótico o de actos sexuales, bien sea con imágenes fijas, o, lo que es más frecuente, con grabaciones.

Como todo lo referente a la sexualidad ejerce, de suyo, un atracción muy grande para la curiosidad humana, la pornografía existe desde que el hombre se ha comunicado con imágenes. De manera más o menos aceptada, más o menos prohibida, la imágenes lascivas han estado presentes en todas las épocas de nuestra historia. Tenemos pornografía en el arte griego, romano, egipcio… en los frescos de Pompeya, en las cerámicas griegas, en las tumbas egipcias, en las sillerías de algunos coros de iglesias, en palacios renacentistas; en ilustraciones diversas desde la invención de la imprenta… y ahora, de manera desaforada e incontrolable en internet.

Llegado el siglo XX la pornografía se dispara porque convergen varias causas que se suman: la pérdida del sentido de la vida (y con ella el sentido de lo sagrado, la persona y la sexualidad), la erotización de todos los ámbitos de la acción humana y la preponderancia de la imagen. Vivimos, se ha dicho, en sociedad audiovisual, la sociedad de la imagen y el sonido. Todo esto que ya se da en el siglo XX, se ve potenciado en el XXI con la globalización de la información, con internet y todos sus canales: páginas web, redes sociales, etc., hasta alcanzar los niveles que presentan los datos que ahora veremos y convertirse en una adicción más, la adicción del siglo XXI, dicen algunos.

1.1 ¿En qué consiste?

Aunque no necesitemos muchas explicaciones (ya se entiende que todos sabemos en qué consiste la pornografía), ante un problema, el que sea, lo primero es la definición. Siempre es bueno definir la cuestión porque definir algo es empezar a atajarlo. Definir es señalar los fines, marcar el territorio, poner coto.

Vamos primero a definirlo diciendo primero lo que no es. No es un juego ni un pasatiempo ni un entretenimiento para adultos. La pornografía es un tóxico que afecta al ser humano en todas sus esferas, en todas sus dimensiones. La definición que me parece más acertada es la del Catecismo de la Iglesia. Está en el punto 2354 y dice así: “La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada”. Y sigue diciendo: “Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico”.

En este punto el Catecismo habla de falta grave, con lo cual podría parecer que queda un poco disimulada su pecaminosidad porque una falta no tiene necesariamente que ser un pecado. Pues sí lo es. Lo dirá un poco más adelante expresamente, en el punto 2396: Entre los pecados gravemente contrarios a la castidad se deben citar la masturbación, la fornicación, las actividades pornográficas, y las prácticas homosexuales.

Hablo de pecado abiertamente y estoy convencido de que hay que hacerlo porque a la pornografía hay que atacarla de frente, con ella no valen paños calientes, y el gran arma que tenemos frente a ella es descubrirla en su verdad.

1.2 ¿Por qué Leviatán?

Leviatán es el nombre de un monstruo marino de la mitología fenicia citado varias veces en la Sagrada Escritura, en el Antiguo Testamento. Lo encontramos en el libro de Job, en dos salmos, el 74 y el 104, y en libro del profeta Isaías. Si el mar se utiliza en la Sagrada Escritura como símbolo del mal en general, como el reino del mal, Leviatán podría entenderse como un señor de este reino. Es un dragón imaginario que habita en el mar, a veces las aguas de un gran río, en donde ejerce un dominio maligno y poderoso, una de las imágenes del demonio.

El filósofo inglés Tomás Hobbes, usó este nombre, Leviatán, para titular la que fue después su obra más famosa, en la cual ofrece una visión muy negativa del ser humano sintetizada en ese dicho célebre suyo según el cual “el hombre es un lobo para el hombre”, una forma de entender al hombre desde el mal y como consecuencia de la cual, la sociedad se convierte en el escenario de una “guerra de todos contra todos”. En Leviatán podemos leer perlas como esta: “En su estado natural todos los hombres tienen el deseo y la voluntad de causar daño” (Leviatán, XIII).

Pues bien, esto es, en mi opinión la pornografía: un leviatán actual, un monstruo, en el sentido de una bestia egoísta, cruel y violenta, que arrasa y destroza a quienes caen bajo su dominio, atacando, no desde fuera, sino desde dentro; viene de fuera, pero se instala dentro.

Digamos desde el principio que esta es mi visión del mundo de la pornografía, no de las personas afectadas por esta lacra, sean o no sean adictos. Las personas que se han dejado atrapar por la falsa seducción de este monstruo sufren mucho, muchísimo y necesitan mucha ayuda. Especialmente si son adictos, son víctimas, y desde ahí hay que entender el problema, pero no por una mirada buenista, sino porque suelen ser personas profundamente heridas, muchas de ellas desconocedoras de tales heridas pero que necesitan calmarlas y lo hacen equivocadamente. No excluyo que haya pecado, es evidente que sí lo hay, mucho y grave, pero ese juicio le corresponde a Dios. A nosotros (a la Iglesia) nos corresponde prevenir para que no caiga nadie en esta calamidad y ayudar a quienes podamos de los ya caídos, sanar heridas, nada más, ¡y nada menos! Desde que inició su pontificado el papa Francisco puso el acento en que entendiéramos a la Iglesia como un hospital de campaña, como lugar de atención urgente a los heridos en las diversas batallas de la guerra contemporánea, que en nuestros países no sigue el esquema de las guerras tradicionales sino el de la cultura de la muerte que denunciara San Juan Pablo II. Los males hay que denunciarlos, pero las tintas hay que cargarlas no en los males, no en la denuncia (que hay que hacer) sino en la prevención y recuperación de quienes, por los motivos que sean, se ven atrapados en las redes de la pornografía.

Este es el marco en el que yo quiero ir dibujando el cuadro que se me invita a exponer. Un mal gravísimo, monstruoso, que genera muchos heridos, ante el cual urge reaccionar porque ya llegamos tarde para prevenir lo que se pueda y para ofrecer ayuda a quien lo necesite y quiera aceptar nuestra ayuda.

  1. La mirada.

La pornografía, dado su carácter esencialmente gráfico, afecta sobre todo a la visión: a la visión; a la visión de uno mismo, de las cosas, de las demás personas y de Dios.

La pornografía afecta a la visión, entendiendo por visión, no solo ni principalmente nuestra capacidad de visión física, sino a nuestra visión de la realidad, a nuestra manera de entender las cosas. Tampoco está de más decir, de paso, que también puede afectar y gravemente a nuestra visión física, pero no por ser pornografía, sino porque con mucha frecuencia viene asociada a estar mucho tiempo con los ojos pegados a una pantalla con la única luz de la pantalla, sea del móvil, de la tablet o del ordenador, sometiendo a los ojos a una actividad intensa en las peores condiciones de luz. Esto es algo que desaconseja vivamente cualquier especialista en ojos.

Pero ese no es nuestro campo. Ciñéndonos a nuestro campo, que es el del pensamiento, corresponde ahora decir algo sobre la visión humana.

2.1 Confluencia de lo objetivo y lo subjetivo.

Como el resto de seres dotados de visión, los seres humanos vemos mirando. Una cosa es mirar y otra ver. Ver es registrar imágenes que la luz trae hacia el ojo. Mirar es un movimiento que va de mí hacia las cosas, hacia lo mirado; ver es traer las cosas hacia mí, incorporarlas, hacerlas mías. En la mirada, como en los actos sensoriales, se produce un encuentro entre objeto y sujeto, un encuentro entre lo objetivo y lo subjetivo.

Pero mirar y ver, siendo cosas distintas, son simultáneas, se producen al mismo tiempo y se solapan. Vemos y miramos al mismo tiempo. La mirada, como los demás actos sensoriales, funcionan como un quicio donde se funden lo objetivo y lo subjetivo. Aquí radica la valía antropológica de la mirada. La mirada es ese acto único en el cual confluyen la interioridad y la exterioridad de la persona. La mirada se realiza con el ojo, que es el órgano de la visión situado en el rostro.

El ojo es un órgano sensorial y externo que actúa desde el sujeto. Al mirar, ve lo que hay afuera, y lo trae hacia adentro, lo in-corpora al sujeto. Pero además, el ojo es más que un mero órgano, porque el ojo no solo capta la exterioridad del que mira, como hace de manera impersonal el objetivo de una cámara, sino que además revela la interioridad del sujeto que mira, descubre parcialmente el mundo oculto de la persona. En este sentido el ojo es, como el rostro completo, el espejo del alma. Este doble movimiento de fuera hacia adentro y viceversa se produce en un acto único, la mirada. En el único acto de mirar se dan cita, pues, los dos ámbitos en los que se desenvuelve la totalidad de la persona, el mundo interior y subjetivo del que mira con el mundo exterior y objetivo que se percibe al mirar. De este modo podemos afirmar que la realidad captada por el hombre es la síntesis de dos dimensiones indisociables, que no admiten divorcio ya que ambas constituyen el acto único de mirar. Lo que el hombre ve es el resultado de las dos cosas: de la realidad objetiva que es mirada y de la proyección subjetiva que se realiza al mirar.

Mediante la mirada traigo las cosas a mí, y a la vez, de una cierta manera, aun sin pretenderlo, plasmo mi propio ser en las cosas. Dicho de otro modo, mirar las cosas es una manera de apropiarnos de ellas, de hacerlas nuestras. La mirada nos hace, de algún modo, constructores del mundo exterior. No porque construyamos las cosas en su ser. En su ser en sí, las cosas son como Dios las ha hecho, o como las ha permitido estar en el mundo, pero las cosas tienen significado porque nos afectan, y en la medida en que nos afectan somos capaces de construirlas de acuerdo con su significado real para nosotros. Nosotros no les damos su sentido, el cual, ajeno a nosotros, está ahí, en el ser de las cosas, pero desde el momento en que las cosas son miradas pasan a ser nuestras por participación, puesto que los hombres somos los únicos que podemos penetrar en la profundidad de su ser desde la comprensión del mismo.

Viene al caso citar unas palabras de Cristo que resuenan en todo esto y que vienen a propósito: “La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!” (Mt 6, 22-23).

  1. La pornografía y el cerebro masculino

La pornografía en su origen es es esencialmente masculina. Ha entrado también el el mundo femenino, pero por remedo del masculino, cuando la mujer ha copiado del varón. Vamos a ver solo cómo afecta la pornografía al cerebro masculino. Dice el doctor Kleponis[1]:

“Cuando un un hombre encuentra una imagen erótica, ¡automáticamente mira! (…)

Una estructura del cerebro, el tálamo, es responsable de identificar imágenes eróticas. Por consiguiente, si un hombre está viendo cien imágenes diferentes y una de ellas es erótica, el tálamo la selecciona y el hombre inmediatamente prestará atención a la imagen erótica. Una vez que esto ocurre, una reacción química se produce en el cerebro. El área del tegmento ventral (ATV) del mesencéfalo segrega dopamina en el cerebro en grandes cantidades, que se mezcla con la testosterona y crea un poderoso cóctel de drogas. El hombre experimenta una gran excitación, e incluso una subida, provocando que al cerebro le guste eso y quiera más. El ATV segrega dopamina en respuesta a casi todas las drogas de adicción y está también asociada con desórdenes de atención y motivación, como son el síndrome de atención/hiperactividad, el trastorno obsesivo compulsivo, la adicción a los juegos y el comprador compulsivo. Además, la dopamina suprime la serotonina en el cerebro,lo cual hace que el hombre sea impulsivo y agresivo. Eso contribuye a la susceptibilidad de un hombre a la adicción (Struthers, 2009).

A nivel subconsciente, la mente se da cuenta de lo bien que se siente el hombre y de cómo alivia su sufrimiento emocional profundo, por lo que decide volver a la pornografía una y otra vez para mantener el sufrimiento emocional a raya. (…)

Muchos hombres aseguran que cuando ven una imagen erótica, esta queda «grabada a fuego en sus cerebros». Una sustancia química es responsable de esto, la noreprinefina, a la que también se la conoce como el «químico instantáneo». La noreprinefina también es responsable de un aumento de la testosterona, la cual añade excitación sexual y agresividad. Además, envía un mensaje al sistema nervios autónomo para que el corazón palpite más rápido, la respiración sea superficial y algunos hombres incluso comienzan a sudar. Entonces un mensaje es enviado por la médula espinal a  los genitales para una excitación sexual, una erección. Con todas estas excitaciones y estimulaciones qur se han desarrollado aparece una tensión que solo se calma con un orgasmo, por lo que el hombre se masturba. Con el orgasmo el cerebro segrega unos químicos opiáceos, las endorfinas, que producen una sensación de euforia. Esto se correlaciona con los estados de euforia vistos en el uso de heroína y cocaína. Después del orgasmo el hombre experimenta una gran sensación de relajación (Hilton y Watts, 2011; Struthers, 2099)”.

  1. ¿Cómo nos afecta? Consecuencias.

4.1 La pornografía afecta a la persona en sí misma, en su individualidad.

a) Afecta a la unidad de la persona, dividiéndola, actuando desde el cuerpo. Afecta al sistema nervioso a nivel cerebral, y afecta a nuestra sexualidad; el sano y recto ejercicio de la sexualidad se ve distorsionado, y a menudo imposibilitado a causa de la sobrestimulación provocada por la pornografía. Según los expertos y los testimonios de afectados, lo propio del visionado de pornografía es que acabe en masturbación, también en citas y contactos sexuales, en orgías en grupo, etc., pero estas cosas son siempre más complicadas y comportan más riesgos. En cambio para conseguir el placer que proporciona la masturbación no hace falta nada porque uno siempre está consigo mismo; basta con un mínimo de reserva que siempre es fácil de encontrar en cualquier ambiente y lugar, lleva muy poco tiempo, no deja rastro, se evitan los testigos, es gratuito. ¿Cómo influye esto en nuestro cuerpo? Obligándole a necesitar estímulos cada vez mayores. Para alguien acostumbrado a la pornografía, la posibilidad de una relación sexual normal, sana, tiene muy pocos alicientes.

Si todo pecado divide, la pornografía lo hace especialmente. En el ser humano, teóricamente es muy fácil separar el cuerpo del alma, pero en la práctica, en la vida diaria no es así. El hombre es una unidad de cuerpo y alma que tiende a funcionar unificadamente, como la unidad que es. Esta unidad no se puede romper, ni se rompe, a no ser con la muerte (justamente en eso consiste la muerte física, en la separación de cuerpo y espíritu). En la vida ordinaria no hay manera de saber adónde acaba el cuerpo y empieza el alma porque cuerpo y alma forman una unidad (una unidad psicofísica) que en la práctica se experimenta como la vida afectiva.

Pues bien, de todas las experiencias que podemos vivir las personas, en ninguna se hace tan patente la unidad de la persona como en la relación sexual. En la sexualidad está implicada toda la persona, cuerpo y alma, inteligencia y voluntad, sensibilidad y valores espirituales. Esto lo podemos afirmar por experiencia, por las aportaciones de la psicología y por la fe. En el punto 2361, el Catecismo, haciendo suyo un texto de la Familiaris consortio dice lo siguiente: “La sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan uno a otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal”; por este motivo, en el punto anterior, 2360, ha afirmado que “en el matrimonio, la intimidad corporal de los esposos viene a ser un signo y una garantía de comunión espiritual” (del punto 2360 del CIC).

¿Se ve la obra de Leviatán? Leviatán destroza toda esta visión de la sexualidad haciendo que el propio cuerpo se vea imposibilitado para funcionar sexualmente como debería y rompiendo al hombre en su unidad más íntima.

b) Afecta a la visión global que la persona tiene de sí misma.

Toda persona necesita tener un buen concepto de sí misma. Esta es la base de la relación con los demás, del respeto, del amor, de la amistad. Todo el mundo de relaciones en las cuales la persona construye su vida comienza por el amor a sí mismo. De hecho el gran mandamiento del amor se apoya aquí: en el amor a sí mismo rectamente entendido.

En mi opinión, una de las grandes dificultades, quizá la mayor, para poder escapar de las garras de este leviatán está en que quien está atrapado por él ha forjado de sí mismo una imagen tan negativa que piensa que ya no puede salir. Uno se ve a sí mismo caído tan bajo que le parece que no hay ninguna posibilidad de volver a vivir con la dignidad que ha perdido. ¿Por qué ocurre esto? Porque la visión es de suciedad. Los pecados de lujuria ensucian el alma[2] y por muy poquita voz que le quede a la conciencia, siempre quedará suficiente para informar de que el alma está embarrada. Así es muy difícil valorarse o amarse. La adicción a la pornografía es una adicción que puede pasar fácilmente desapercibida, lo cual aumenta las posibilidades de doble vida, pero con ello aumenta también la mala imagen de uno ante sí mismo.

Aquí es donde la Iglesia tiene su gran papel. Los últimos papas, pero especialmente el actual, no se han cansado de insistir y proclamar a tiempo y a destiempo el mensaje de la misericordia. No hay nada que la misericordia de Dios no pueda arreglar. Al amor de Dios le da lo mismo la lujuria que la avaricia o la soberbia; no hay ninguna barrera para sanear y limpiar el corazón. Solo hay algo que le puede detener: la resistencia de quien se niega a acogerlo.

4.2 Afecta a la persona en su comprensión de los demás y en sus relaciones.

La pornografía ofrece una falsa visión de la persona humana. Lleva a entender a esta solo como un objeto de consumo. El alcohólico consume alcohol, el drogodependiente consume drogas, el ludópata consume dinero, el pornoadicto consume escenas sexuales, es decir, imágenes de personas. Consumir imágenes de personas es un modo de consumir personas. Esta es la primera gran mentira de la pornografía: que hace creer que los actos sexuales son objeto de consumo, y no lo son. Creer que los actos sexuales son objeto de consumo equivale a entender a las personas como lo mismo, como cosas consumibles. ¿Qué es una persona para un vendedor de pornografía o para un pornoadicto? Un consumible sexual. Del mismo modo que la pereza se alimenta de comodidad, o la avaricia de dinero, la lujuria se alimenta de la sexualidad de las personas, pero ocurre que como el sexo no es una cosa que tenemos, sino un dato de identidad personal, quien consume sexualidad, lo sepa o no consume personas, necesita de personas que se presten a vender una sexualidad por otra parte irreal, ficticia, engañosa.

El que ha caído en las redes de la pornografía, cuando ve a una persona, no le brota la admiración y el respeto que merece la dignidad única y altísima de cualquier persona, sino que la ve como un posible objeto de consumo. Aquí hay que hacerse varias preguntas que son muy incómodas:¿cuánta pornografía se han tragado todos los depredadores sexuales?, ¿cuántas horas han dedicado a ver pornografía los miembros de las manadas?, ¿cuánta los los obsesos, los violadores?, ¿los violadores y posteriores asesinos?

Para quien ha caído presa de este problema, la persona deja de ser lo que es: un ser, el único ser de este mundo, capaz de amar y digno de ser amado por sí mismo. Después vendrán una serie bien larga de consecuencias negativas, pero la fuente está aquí: en el modelado mental que la pornografía produce, es decir, en la forma de ver a las personas. La pornografía imposibilita el amor, anula el amor en su raíz. El amor nace de la consideración del otro como un bien en sí mismo, que en el caso del enamoramiento, además de ser un bien en sí mismo es un bien potencial para el que se enamora. Si en vez de verlo así, nos miramos unos a otros como objetos de satisfacción; o lo que es peor aún, nos usamos para proyectar sobre los demás todas las aberraciones que hemos archivado con el visionado de escenas pornográficas, no hay forma humana de que el otro sea visto como alguien digno de ser amado, sino de ser utilizado de la peor manera posible, ofendiendo su dignidad.

4.3 Afecta a la comprensión de las cosas.

Acerca de las cosas se pueden hacer diferentes valoraciones. En mi opinión la valoración más acertada es la que hace depender el valor de las cosas del bien de las personas. Las cosas están en función de las personas y según entendamos a la persona humana así entenderemos las cosas. Dado que la pornografía distorsiona el valor de las personas, queda distorsionado el valor de las cosas: del tiempo, del dinero, del trabajo, de las diversiones, de la tecnología, etc. Todo acaba teniendo un solo sentido: ponerlo al servicio de ver más y más pornografía. No hace falta explicar las consecuencias de estas torpezas: dificultades económicas, pérdida de trabajo, aburrimiento, reducción de las relaciones sociales, etc.

4.4 Afecta especialmente al matrimonio.

Si con algo no se puede jugar en el matrimonio es con la sexualidad porque jugar con el sexo es jugar con las personas. La sexualidad no es un accidente sino un dato sustancial, por eso es un dato de identidad; dado que la persona es sagrada, la sexualidad también lo es. Dentro de un matrimonio la sexualidad constituye el ámbito más sublime y el más expuesto. Se calcula que la pornografía es causa de más de la mitad de rupturas matrimoniales. El dato que más se repite procede de Estados Unidos y está calculado en el 56 % de los divorcios. Cuando una esposa se entera de que su esposo está viendo pornografía su reacción es de sentirse traicionada, de manera muy parecida a cuando hay una infidelidad real.

  1. ¿Qué podemos hacer?

Dos cosas: prevenir y curar.

Antes hay que comentar algunas condiciones previas imprescindibles.

a) La primera condición previa para prevenir y curar es que quien tenga que prevenir y curar esté prevenido y curado, o al menos estar en disposición de lucha. Solo así puede tener autoridad y fuerza moral para enfrentarse a Leviatán. Cuando quien tiene que curar, resulta que está desprevenido o enfermo sin hacer nada para salir de su situación, estamos ante un guía ciego, “y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo” (Mt 15, 14). No pasa nada por caer en lo que sea, pero la disposición tiene que ser de lucha contra las caídas y las causas de las caídas. No vale decir que somos adultos. La división entre mayores y menores de edad servirá para otras cosas, pero para esto no. No existe la mayoría de edad para hacer daño, para pecar o no pecar; la adultez si acaso modifica en algo la responsabilidad moral, es para aumentarla.

b) La segunda condición es querer prevenir y querer curar.

c) La tercera es ponerse a ello, a prevenir y a curar, desde un amor muy grande. Solo lo que se hace desde el verdadero amor cura. No hay que ser expertos en nada, aunque cuanto más recursos se tengan mejor y no hay que tener miedo de cometer errores. Lo que es imprescindible es amar, amar mucho, que consiste en hacer el mayor bien posible en todo momento.

5.1 Prevenir en la infancia.

No hay otro camino que la educación pero entendida no como si fuera una parcela de la vida del niño, porque el niño no vive su vida (no debería vivirla) en compartimentos, sino de manera unificada.

¿Qué tiene que hacer un niño en su vida? Respuesta: Aprender a vivir.

¿Cómo se aprende a vivir? Para responder a esta pregunta las respuestas son variadas porque aquí entran las opiniones humanas. Podemos decir que a través de la vida de familia, lo cual es cierto; podemos decir que entre la familia y la escuela, funcionando coordinadamente, lo cual también es cierto; podemos (debemos) ampliar más la zona de influencia e incorporar a la Parroquia… Ya vamos mal. Para las personas de fe, la Parroquia debe ser anterior al Colegio. Para un niño cristiano ir al Colegio le debe motivar mucho, pero ir a la la parroquia le debe motivar más. La Parroquia no puede ser un lugar de servicios religiosos, una agencia, un mercado, sino una familia, una gran familia de familias.

Supongamos que estas cosas las tenemos claras. ¿Y ahora con qué criterios prevenimos? En mi opinión, y dicho muy en general, padecemos un déficit de planteamiento en educación porque la enfocamos como si fuera una más entre las cosas que tenemos que hacer, una actividad humana más. Y no lo es. La educación, como el matrimonio, por ejemplo, son realidades esencialmente espirituales. Tienen una enorme carga humana, pero no por ser humanas dejan de ser espirituales; al contrario, precisamente porque son humanas, son espirituales. Los problemas educativos, igual que los matrimoniales, son esencialmente espirituales. ¿Qué significa esto? Que a problemas espirituales, soluciones espirituales. A mí me parece que damos mucho valor a cuestiones “técnicas”, pedagógicas o psicológicas, pero nos olvidamos de la parte más importante.

El día 26 de enero celebrábamos en la Iglesia, por primera vez en sus dos mil años de historia, el Domingo de la Palabra de Dios, recién instituido, un hecho llamado a tener una relevancia muy grande.

Desde la luz que nos proyecta este hecho vamos a enfocar nuestro tema porque tenemos una enciclopedia extraordinaria, donde aprender a vivir, la enciclopedia de la sabiduría, y la tenemos muy arrinconada. ¿Qué enciclopedia es esa? La Sagrada Escritura. La enciclopedia de la sabiduría es la Palabra de Dios. Y en ella encontramos esta cita: “Toda Escritura es inspirada por Dios es también útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena” (2 Tim 3, 15-17).

a) El santo temor de Dios

En la Sagrada Escritura tenemos enseñanzas muy valiosas para educar. He aquí dos citas: “Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor” (Salmo 34, 12). “Hijo mío, si se hace sabio tu corazón, también mi corazón se alegrará (…) No tengas envidia del pecador, vive siempre en el temor del Señor, pues así tendrás porvenir y no se frustrará tu esperanza” (Prov 23, 15; 17-18).

Esta recomendación de la Palabra de Dios para adquirir la sabiduría de Dios, vivir en el temor de Dios, es una constante que en la Sagrada Escritura se repite una y otra vez porque la relación entre la sabiduría y el temor de Dios es estrechísima. Hasta en cuatro ocasiones distintas dice la Biblia que“el principio de la sabiduría es el temor del Señor” (Salmo 111, 10; Prov 1, 7; 9, 10; Eclo 1, 14) y no solo el principio sino que se iguala con ella: “Toda sabiduría es temor del Señor” (Eclo 19, 20). En qué consiste: en el cuidado reverencial en no ofender a Dios. Para el tema que nos ocupa esto es importantísimo. Es verdad que lo fundamental respecto de Dios está en el amor, no en el temor, pero el amor es una meta muy alta cuyo primer escalón está en el temor a ofender; si no se sube este escalón el amor se transforma en una quimera vacía de contenido.

Digo que este cuidado reverencial de no ofender a Dios por nada del mundo, para el tema que nos ocupa esto es importantísimo, primero porque a muchos les evitará caer en la seducción de la pornografía. Ver pornografía ofende a Dios. Punto. Dice la Palabra de Dios que “el temor del Señor es un paraíso de bendición, protege más que cualquier otro escudo” (Eclo 40, 27).

Pero hay más. Hemos visto la insistencia de la Palabra de Dios en decir que “el principio de la sabiduría es el temor del Señor”, pero no solo es principio y “raíz” (Eclo 1, 20), también es la cumbre. Con diversas expresiones lo dice el libro del Eclesiástico: “El temor del Señor está por encima de todo” (Eclo 25, 11), “plenitud de la sabiduría es temer al Señor” (Eclo 1, 16), “corona de la sabiduría es el temor del Señor; ella hace florecer la paz y la buena salud” (v. 18).

En segundo lugar, para que cuando uno caiga, sepa que ha caído. Quizá caiga mucho, pero debe saberse caído porque solamente el que se sabe caído, está en condiciones de levantarse.

b) Las soluciones humanas

Después de eso podemos ver qué decimos a los niños, qué hacemos con los teléfonos móviles, con las compañías de nuestros hijos, etc., pero insisto en que hay que empezar por el principio y el principio de la sabiduría ya lo hemos dicho, es el temor del Señor.

¿Qué decimos a los niños?

La llamada educación sexual, explicando las cosas tal cual son, por parte de sus padres, padre y madre, pero especialmente por parte del padre varón. Nunca han servido excusas, ni dejar esta tarea a otros, pero quizá en algún momento cabía pensar que quizá otros lo podían hacer mejor por estar mejor preparados: colegio, sacerdotes, monitores, catequistas, etc.

Yo nunca he compartido esa postura, pero entiendo que hubiera quien lo pensara así. Hoy en cambio no sirve, o educas tú a tus hijos o es muy probable que otro te los pudra.

¿Qué hacemos con los móviles? Yo no lo sé, pero lo mejor que podemos hacer es no tenerlos. El inconveniente es conocido: lo tienen todos. ¿Cómo hay que resolverlo? Actuando en grupo. Padres amigos que se ponen de acuerdo para que sus hijos no tengan móviles. Me llama la atención la fortaleza que demostraban en el colegio los hijos de los miembros de una secta, hace cuarenta años, cómo se significaban quedándose ellos solitos en medio de todo el resto de católicos, sin ceder un punto en sus planteamientos.

5.2 Curar.

En este campo los medios son los mismos: espirituales y humanos. Entre los espirituales los primeros son los sacramentos, después la Palabra de Dios cuyo papel es muy importante porque la Palabra de Dios es sanadora, “todo lo sana” (Sab 16, 12). No hay nada que la Palabra de Dios no pueda sanar.

La vida de piedad: ayuno, oración, pertenencia a diversos grupos de la Iglesia, etc.

Y luego están las ayudas especializadas. En el anexo II de este documento se exponen algunas indicaciones concretas que ofrecen los expertos, como son una alimentación sana, horas suficientes de sueño o el ejercicio físico, entre otras. Quien haya caído en adicción necesita manos expertas: terapeutas (psicólogos y psiquiatras), grupos de terapia para salir de la adicción y compañía. No se puede vencer una adicción solitaria viviendo en soledad.

¿Qué hacemos si nos encontramos con ese problema y no tenemos un grupo? Lo montamos nosotros. Eso hay que comentarlo en la Parroquia, en el grupo de amigos, si hay otros afectados, en cualquier asociación o movimiento al que pertenezcamos, y actuar. En estos temas conviene no confundir la discreción con el secreto. El secreto es para la confesión y para las confidencias que lo requieran, pero fuera de ahí, el secreto puede ser un arma del enemigo. En ese anexo II que citaba antes, se dice que la primera victoria para vencer a Leviatán está en romper su silencio, en desenmascararlo, hacer que le dé la luz.

Para terminar, la pregunta definitiva: ¿Una persona que ha estado bien atrapada por Leviatán, en quien el dragón ha dejado heridas profundas, puede recuperar la normalidad? Respuesta: se puede. Después de cientos, o miles de horas de intoxicación visual, ¿esto tiene arreglo? Respuesta: lo tiene.

Yo no sabría decir si se pueden descontaminar unos ojos envenenados sin acudir a la gracia de Dios, tal vez sí, supongo que no, pero no lo sé; pero sí sé que la gracia es una ayuda poderosa para salir de toda situación complicada, sea la que sea, y es imprescindible cuando hay pecado por medio, porque al pecado no se le vence con la fuerza humana, sino solo con la gracia (aunque de ordinario la gracia necesita de las fuerzas humanas para actuar), pero, insisto, lo que vence y destruye el pecado es la gracia, no la fuerza de voluntad ni las estrategias psicológicas.

Una de las oraciones colecta que la Iglesia utiliza en la liturgia tanto en tiempo de Cuaresma como en el de Pascua afirma expresamente que los que han perdido la inocencia pueden recuperarla. Dice así:

“Oh Dios que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido; atrae hacia ti el corazón de tus fieles, para que siempre vivan a la luz de tu verdad los que han sido librados de las tinieblas del error”.

ANEXO I. EL CONSUMO DE PORNOGRAFÍA. ALGUNOS DATOS TOMADOS DE INTERNET.

I. Tomados de “El porno en cifras” www.soho.co

60.000 millones de dólares factura la industria pornográfica mundial según la revista Forbes.

El 50 % de los clientes de hotel ve al menos una película porno en el hotel.

La web de porno gratuito más grande del mundo recibió más de 33.500 millones de visitas en 2018.

800 millones de personas entran cada mes en los portales de pornografía más visitados del mundo.

El 20 % de los hombres admite ver pornografía en el trabajo.

El 35 % de las descargas de internet es de material pornográfico (fotos o vídeos).

25 millones de portales en internet dedicados a la pornografía.

2500 millones de correos pornográficos son enviados cada día en el mundo (el 8 % del total).

75 millones de personas buscan la palabra sexo en internet a diario.

El 61 % de los hombres y el 38 % de las mujeres reconoce que se masturba habitualmente mientras ve pornografía según el departamento de Sociología de la Universidad de Chicago.

II. De la revista Forbes de México

En todo el mundo se realizaron un total de 28.500 millones de visitas a Pornhub y un registro de 4,052,543 videos pornográficos cargados, suficientes horas para que una sola persona pueda ver continuamente pornografía sin interrupciones durante 68 años.

En 2017, en todo el mundo se realizaron un total de 28,500 millones de visitas a Pornhub y un registro de 4.052.543 videos pornográficos cargados, suficientes horas para que una sola persona pueda ver continuamente pornografía sin interrupciones durante 68 años.

Según PornHub, esto se traduce en aproximadamente 50.000 búsquedas por minuto y 800 búsquedas por segundo. “También es la misma cantidad de hamburguesas que McDonalds vende cada segundo, que no tiene nada que ver con nosotros, pero de alguna manera hace que los números sean más fáciles de digerir”, señala la empresa.

Según las cifras que el sitio comparte, Estados Unidos es el mayor consumidor de pornografía en el mundo, y cada estadounidense gastó un promedio de 10 minutos y 33 segundos en el portal por visita.

“Nuestros usuarios y socios de contenido subieron más de 4 millones de videos en 2017, incluidos 810.000 videos amateurs. Eso es más videos que la cantidad de personas que visitan la Gran Muralla de China cada año. En total, se cargaron 595.482 horas de video”, detalló la empresa.

III. Del diario “El Mostrador” de Chile

La cifras se dispararon: aumentaron un 350% las mujeres que vieron pornografía en el 2017.

IV. De www.ethic.es

Según informes del colosal motor Online MBA, el 12% de los sitios web (más de veinticuatro millones y medio) son pornográficos. Sorpresa: uno de cada tres espectadores de porno es mujer. Más: 2.500 millones de los correos electrónicos que se escriben a diario son pornográficos.

Otra investigación, la de la Universidad de Navarra, asegura que solo en Estados Unidos (los grandes consumidores de casi todo, también de pornografía) los usuarios pagan de media sesenta dólares mensuales por contenidos sexuales explícitos.

V. De la agencia Europa Press

Datos publicados por Europa Press con fecha 10 de junio de 2019. Al menos uno de cada cuatro varones se inició en el consumo de pornografía antes de los trece años. Esta es una de las conclusiones principales del estudio ‘Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales’, presentado este lunes en Madrid y elaborado por la Red Jóvenes e Inclusión Social y la Universitat de Illes Baleares.

El estudio se basa en una muestra de 2.500 encuestas a jóvenes entre 16 y 29 años en Andalucía, Aragón, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Cataluña, Galicia e Islas Baleares. Según una de sus conclusiones, la mayor parte de hombres empezaron a mirar pornografía con menos de 16 años, mientras que en las mujeres fue entre los 16 y 18 años.

VI. Del diario El Mundo. Viernes 4 de octubre de 2019.

Más de 6.000 pedófilos, impunes en España por la falta de policías y recursos.

Pese a conocer hasta la dirección IP de quienes comparten pornografía infantil (un delito penado con hasta 9 años de cárcel) la mayoría de los casos no son investigados por carencia de personal y medios y no llegan ni a formar parte de las estadísticas oficiales.

¿A cuántos pedófilos compartiendo pornografía infantil tienen controlados las autoridades españolas? 6346 en solo dos semanas. Un dato que corresponde a las direcciones IPs de pedófilos que aparecen en los programas policiales desarrollados por el Gobierno de Estados Unidos, y a los que tienen acceso las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.


 

ANEXO II. SEIS PASOS PARA QUE UN CRISTIANO DEJE LA PORNOGRAFÍA

Pablo J. Ginés. Religión en Libertad, 16 de febrero de 2020

“Hay una parroquia donde ya me llaman la chica del porno”, se ríe Cristina Cons. Ella es alegre y animosa, pero el tema daña a muchas personas. Cristina es orientadora familiar y experta en formación afectiva juvenil. La historia de su conversión hace unos años la contamos aquí en ReL. Este fin de semana ha acudido al Encuentro Europeo de LifeTeen  2020 en Montserrat. Ante catequistas especializados en adolescentes de 10 países, que usan el método catequético de LifeTeen, presente ya en 140 parroquias españolas, Cristina ha explicado que sólo recientemente ha entendido a nivel emocional la gravedad de la pornografía, no sólo entre los adolescentes, sino entre los catequistas de adolescentes, adultos jóvenes y no tan jóvenes dañados por ella.

“Yo siempre supe que la industria dañaba a la persona, que generaba adicción y que no era bueno para la persona”, explica. Pero fue recientemente cuando una persona amiga le dijo llorando que llevaba años de adicción al porno. “Soy católica, quiero ese amor bueno que propones en tus charlas, Cristina, pero no puedo dejarlo“, le dijo. “Ver a esa persona llorando me dejó rota. ¿Cuán grande es ese problema? Y esa misma semana me llegó más gente con ese problema. ¿Cuánta gente sufre por esto a escondidas en la Iglesia?”

Cristina Cons detecta también en ambientes cristianos la necesidad de ayuda para salir de un mal como la pornografía, cada vez más epidémico.

Cristina piensa en un ejemplo bíblico: “La hemorroísa era una mujer impura por sus flujos de carne, y ni se debía atrever a contar su problema, apenas se debía atrever a tocar a Jesús”, reflexiona.

LAS 4 PUERTAS DE ENTRADA AL PORNO

“También en la Iglesia hay gente, incluso catequistas de Lifeteen, que pueden estar atrapados en la pornografía. Hice una encuesta online sobre el tema, respondió mucha gente y vi que es muy común. La gente entra en el porno por 4 causas: por curiosidad, por ser invitados por amigos, o bien acceden sin querer, o bien circulaba ya en su entorno familiar. Esta gente ya se siente bastante mal. No hay que machacarles”, señala esta orientadora familiar.

Para Cristina, lo principal no es solo reconocer el problema, sino hablarlo. Ese poder hablar forma parte de la solución y la mejoría.

“San Ignacio de Loyola dice que ante la tentación el demonio te dirá ‘no se lo cuentes a nadie’. Pero hay que contarlo: sanarse es posible, Dios quiere actuar, pero el primer paso es dar luz. Si no enciendes la luz no podrás ver la basura para sacarla”, insiste.

En su encuesta, Cristina Cons planteó a la gente: ¿qué sientes con el porno? Las respuestas son elocuentes. “Lo mancha todo, me dicen: el porno mancha al sexo, la imagen de la mujer, causa una herida, da sensación de mentira y falsedad, cosifica a las personas, deja vacío… La palabra ‘herida’ se usa mucho. Y la gente cristiana enfrenta esa batalla en soledad”, lamenta.

La magnitud del problema de la pornografía. Datos ofrecidos por Dale una Vuelta / StopPorn StartSex, una app para salir de esta adicción.

¿Y las razones para salir de la pornografía? Según su encuesta, “los cristianos quieren dejarlo por Dios, por sentirse libres, por vivir una mejor vida de familia, para llegar mejor al matrimonio, para mirar mejor a las mujeres“.

HAY QUE DAR MEJOR FORMACIÓN AFECTIVA Y SEXUAL EN PARROQUIAS

¿Qué te habría ayudado a no engancharte?, planteaba la encuesta. Todos responden: “Me habría ayudado haber recibido mejor educación afectivo sexual”. Por lo que Cristina exhorta: “Trae alguien a tu parroquia o colegio, es una vergüenza que haya parroquias que no tengan formación afectivo sexual en su itinerario; con el problema que tenemos en esta sociedad, es tonto que no usemos herramientas de formación afectivo sexual ya. Hay recursos como los de Desarrollo y Persona, los de Teen Star, orientadoras como yo misma, hay varios recursos. Y eso ahorrará muchas heridas a los chavales”.

¿Cuál es la base química de la adicción a la pornografía? “El porno activa el sistema de recompensa en el cerebro: genera dos sustancias, dopamina y oxitocina, que en cantidades muy rápidas provoca adicción. Le puede pasar a cualquiera, pero si eres adolescente, tu autoestima es baja, eres de pocas habilidades sociales y tienes problemas en casa, es más fácil ser adicto. La OMS en últimos años detecta más niveles de gravedad. Además, la pornografía tiene la particularidad de que te impulsa a intentar repetir lo que has visto, o al menos a desearlo”.

6 PASOS PARA QUE UN CRISTIANO PUEDA SALIR DE LA ADICCIÓN

¿Cómo salir de la pornografía ayudándose en la fe? Cristina propone seis pasos que ayudarán a un cristiano a salir de esta esclavitud.

1- Entender que la santidad es gracia, depender de Dios

“Los cristianos queremos ser santos, y la santidad no es ser virtuoso, sino dejarse transformar por Dios. No hay que tener vergüenza de la miseria propia. La santidad implica descubrir que Dios es más grande que tu pecado y miseria. No puede ser que con el pecado tú digas ‘¡pues ya no rezo, ya no seré catequista, no soy suficientemente bueno!’ No, porque Dios es poderoso y busca a los heridos y pecadores. Por eso, sin desanimarse, hay que confiar en Dios, en la confesión y en la oración”.

2- Escribe una carta a la pornografía despidiéndote de ella

Cristina propone este ejercicio radical: escribe a la pornografía una carta y explícale por qué la dejas. “Verbalizarlo te ayudará. Y guárdate la carta en una caja, hasta que la superes ya del todo. En la carta indica las razones por las que lo quieres dejar. A partir de este momento ya puedes ir a buscar alguien que te acompañe en tu esfuerzo por dejarlo, para que no luches solo. Pero, atención, ¡sólo has de escribir la carta cuando has decidido que de verdad quieres dejarlo, no por inercia!”

3- No te centres en dejar el pecado, sino en mejorar toda tu vida

La lucha contra la pornografía implica un cambio de vida total para ganar equilibrio y libertad. Eso incluye hacer deporte, comer sano y dormir 8 horas. “Esas son las 3 cosas básicas y todo está relacionado en la persona. También has de reforzar el tener amigos, salir con ellos en persona. Hacer cosas que nos gusten: llenar tu vida de luz, con servicio a los demás”.

4- Prepárate para las crisis y tentaciones: prepara cosas para hacer en tentación

“Yo recomiendo tener una caja, física, y en ella guardas tu carta de despedida, y en momentos duros la relees para recordar de qué te quieres librar y por qué. Además, has de tener una lista de alternativas preparada para cuando tienes una tentación: llamar a un amigo y hablar, tener un cubo de rubik para distraerte, salir a pasear, cocinar, cosas que ocupan tu tiempo. Reza el Rosario. Aprende algo nuevo. Mejor evitar estar solo en tu cuarto. Por eso, ponerte a leer no ayuda, no es distracción suficiente, sigues estando solo y vulnerable. Mejor es salir, hacer cosas, pasear”.

5- ¡Usa aplicaciones de móvil que te ayudarán!

“Está Victory, la aplicación de LifeTeen contra la pornografía. Está en inglés, pero se entiende. Te refuerza positivamente si lo haces bien. Si vas mal, lanza una oración y la gente ora por ti, te da alternativas, te anima a confesarte. Y da lecturas inspiradoras que te ayudan y recuerdan por qué dejarlo.

La agenda de Victory: un instrumento del programa de LifeTeen para recobrar el control de la propia vida y elevar sus objetivos.

Además, hay programas como La Pureza es Posible, un programa con un mensaje diario que te anima. Para informarte sobre el porno y sus daños recomiendo StopPorn StartSex. Son, creo, las 3 aplicaciones más recomendables”.

6- Si recaes: sin vergüenza, confía en Dios y sigue en la lucha

 

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