En Taiwan tuvieron claro hace ya unas décadas cómo actuar con relación a reciclar lo reciclable. Según The Economist, la isla recicla el 52% de los materiales desechados por los hogares y los comercios, así como el 77% de los residuos industriales, muy por delante de los niveles de reciclaje de EE.UU. (26% y 44%), y mueve el equivalente de 2.200 millones de euros anuales por ese concepto.
En los años 90, el país asiático no podía lidiar con su enorme volumen de desperdicios, por lo que el gobierno levantó 24 plantas incineradoras para hacer frente al problema de ese momento y creó un sistema por el que los fabricantes se hacían responsables de los desechos que generaran sus productos: o bien pagaban una tasa, o gestionaban directamente la basura resultante.
En la actualidad, los hogares pagan una tasa por sus desperdicios, siempre que no sean reciclables. Si hace 20 años se tiraban 1,15 kilos per cápita, ahora son 85,0 gramos. Y el que quiera deshacerse de sus desechos a su manera se arriesga a fuertes multas.
El reportaje de la publicación británica describe algunas de las posibilidades del reciclaje en Taiwan: desde sillas confeccionadas a partir de botellas y envoltorio plásticos, latas de aluminio y suelas de zapatos, hasta mamparas hechas de plástico mezclado con vainas de maíz, y tazas de café que antes fueron pantallas de móviles.