- Reconocer la primacía de Dios
- Asumir que formamos forma parte de la fraternidad humana.
- Construir la dimensión comunitaria y relacional.
- Afirmar que ningún poder humano puede absolutizarse. La política queda relativizada, no sacralizada.
- Vivir de tal modo que Dios no sea negado por nuestra conducta. Esto integra todas las dimensiones.
- Dios no puede ser negado, cancelado de la vida pública. La santidad del nombre de Dios se ha de manifestar y ser reconocida o como mínimo respetada.
- Aceptar que el hombre es santificado cuando la vida se deja configurar por la verdad de Dios, que se expresa en todos por la ley natural.
- Un principio decisivo para la vida social cristiana: sin verdad moral no hay justicia duradera.
- Proponer que la justicia y la armonía divina se manifiesten en la historia humana que el orden de la ley de Dios impregne la vida en la Tierra, asumiendo la ley natural.
- El Reino de Dios es, ante todo, la soberanía de Dios acogida libremente por el hombre.
- Esta soberanía tiene consecuencias reales en la historia, pero no se identifica con ninguna forma concreta de organización social.
- El Reino transforma el mundo sin confundirse con él. La fe cristiana nunca ha identificado el Reino de Dios con ninguna realización política. (Caritas in veritate, n. 56).
- No imponer el bien por la fuerza, sino orientar la libertad hacia la verdad.
- La extensión del Reino se manifiesta en tres ejes prácticos: Economía de la Suficiencia, Política del Perdón y reconciliación, Ética de Servicio.
- «El bien común presupone el respeto de la persona humana en cuanto tal.» (Compendio DSE, n. 164).
- «Venga a nosotros tu Reino» es, también, una petición de transformación y cambio.
- La libertad humana alcanza su plenitud cuando se alinea con la voluntad de Dios al acoger una verdad que libera.
- La transformación de la “tierra” no se produce mediante ingeniería social, sino mediante hombres y mujeres que viven según la verdad de Dios, del bien, actúan y transforman.
- la persona humana es el fundamento, el sujeto y el fin de la vida social. (Compendio DSE, n. 105)
- «El desarrollo auténtico debe ser integral, es decir, promover a todo hombre y a todo el hombre.»
(Caritas in veritate, n. 18) - Una entidad de orden superior no debe interferir en la vida interna de una entidad de orden inferior.» (Compendio DSE, n. 186). Bajo la lógica del bienestar el estado hoy es invasivo imperativo y macrocefálico
- «El Estado no puede garantizar por sí solo el desarrollo humano.» (Caritas in veritate, n. 11)
- Así, “en la tierra como en el cielo» no es un deseo de escape, sino de acción.
- Al pedir que se haga «en la tierra», se reclama su presencia y acción en el espacio público, la economía y la convivencia.
- La finalidad de la oración es la de que las almas vayan al cielo, pero además que determinados aspectos de la vida del «cielo» (orden, paz, plenitud) inspiren la realidad material.
- La extensión del Reino significa reducir la brecha entre lo que «debería ser» (justicia ideal) y lo que «es» (corrupción, pobreza).
- El pan pedido es real, cotidiano y necesario. La oración no ignora la corporeidad ni las necesidades básicas
- Formar en una economía de la sobriedad. El destino universal de los bienes es un principio fundamental.» (Compendio DSE, n. 171)
- El pan que da dignidad al marginado, al descartado.
- La urgencia de la justicia social.
- El perdón en último término es una confesión radical de dependencia de la gracia. Solo quien se sabe perdonado gratuitamente puede perdonar.
- Una cultura de reconciliación que tiene efectos sociales reales: rompe la espiral de la venganza y del resentimiento. Activa un círculo ético de reciprocidad y reconciliación.
- Primero se es justo para poder ser misericordioso La justicia es inseparable de la caridad. (Caritas in veritate, n. 6) «La caridad supera la justicia, pero nunca la excluye.» (Compendio DSE, n. 207)
- El mal no es solo una estructura externa ni un sistema impersonal. Tiene su raíz en el corazón humano.
- El mal es personal, pero puede transformarse, de hecho, lo hace en estructuras de pecado: organizaciones, instituciones, leyes, cuya finalidad es provocar y extender el mal. Las estructuras de pecado tienen su raíz en el pecado personal. (Compendio DSE, n. 119)
- La tentación fundamental es la autosuficiencia: creer que el bien puede realizarse prescindiendo de Dios.
- «Líbranos del mal»: La protección final. El «mal» aquí se entiende como la fragmentación, la desvinculación absoluta o el alejamiento del propósito original.
- El Padre Nuestro puede considerarse, con razón, una fuente profunda de la doctrina social cristiana, como fundamento antropológico y espiritual de todo programa político.
- El Padre Nuestro transforma el mundo reordenando al hombre desde Dios.
- El Padre Nuestro no sustituye la política, pero la juzga.
No impone estructuras, pero forma conciencias.
No promete utopías, pero hace posible la justicia y la liberación.
CONTACTO






