El pasado sábado 17 de enero asistí al evento “El despertar”, organizado por It’s time to think, un movimiento cultural formado por jóvenes que organiza actividades para jóvenes. Seis mil personas nos dimos cita en el palacio de Vistalegre, la inmensa mayoría muy jóvenes, tanto, que casi todos podrían ser mis hijos.
Llegué con mi mujer unos veinte minutos antes de que abrieran las puertas del palacio, y me estuve fijando en la gente que ya se congregaba en los alrededores. Como digo, la mayoría podrían ser mis hijos, aunque también pude ver algunos que, como mi mujer y yo, éramos la excepción. Gente frisando los cincuenta, algunos incluso más mayores. Pero, como dijeron los organizadores al empezar el acto, todos jóvenes de espíritu.
No sabíamos muy bien qué íbamos a presenciar, aunque sí conocíamos quiénes iban a participar en el evento. Personalidades de la talla de Juan Manuel de Prada, Ana Iris Simón, Jano García, Fabrice Hadjadj, Jacques Philippe, por nombrar algunos y sin menospreciar al resto, me sirvieron de gancho para acudir esa lluviosa tarde a Vistalegre.
Abrieron las puertas a las cuatro de la tarde, y enseguida ocupamos nuestros asientos. Durante la hora que quedaba hasta el comienzo del espectáculo, me dediqué a observar a la gente que iba entrando. No podría hacer un estudio sociológico de los asistentes, pues soy lego en la materia, pero podría decir, por lo que vi y por las conversaciones que pude escuchar, que, además de gente muy joven, muchos de los asistentes parecían tener serias inquietudes religiosas (aunque no todos, como se pudo ver después, a tenor de las preguntas lanzadas a los ponentes desde las gradas).
todo -o casi todo- cabe en It’s time to think, siempre que haya una inquietud por pensar y por aportar ideas -y ponerlas en práctica- que puedan mejorar la sociedad en la que vivimos.
Tanto cuando esperaba a que abrieran las puertas como ya dentro del palacio, pude escuchar a varios de los jóvenes hablar de Dios y de religión. Y de ello, pero no sólo y no especialmente, se habló después durante el evento. Los organizadores, los responsables de It’s time to think, dicen que en el movimiento cuentan con personas de derechas, de izquierdas y hasta de extremo centro, religiosas, ateas y medio pensionistas. Vamos, que todo -o casi todo- cabe en It’s time to think, siempre que haya una inquietud por pensar y por aportar ideas -y ponerlas en práctica- que puedan mejorar la sociedad en la que vivimos.
Una de las cosas que me llamó la atención fue la puntualidad de los organizadores, algo digno de admiración dada la dificultad que debe de tener manejar a un auditorio tan grande y tan joven. Sin embargo, los tiempos que se marcaron al comenzar el show se fueron cumpliendo a rajatabla. Personalmente agradecí el detalle. Es algo, la puntualidad, que en España suele brillar por su ausencia, y algo que yo, que en eso parezco más inglés, valoro especialmente.
Tras una suerte de calentamiento de voces, que a mí me sobró (el presentador se dedicó a movilizar las voces del público, si así se puede expresar, mediante cánticos diversos), se dio paso a presentar el formato del evento, y a continuación se pidió a la parroquia que silenciara y guardara el móvil, otro detalle a agradecer. Que nos pidan guardar el teléfono, en una época en la que nos lo llevamos hasta al cuarto de baño, es, como digo, de agradecer.
Jacques Philippe
En primer lugar, salió al escenario el que, para mí, era una de las grandes atracciones de la tarde, el monje y teólogo Jacques Philippe, mundialmente conocido por obras como La libertad interior o La paz interior. El monje francés iba acompañado de una traductora con cuyo nombre no me quedé, y lo lamento, pues su trabajo de traducción fue ejemplar. Durante diez minutos, el autor de Tiempo para Dios nos habló del silencio y de la importancia y los beneficios del mismo. Chapeau para la organización.
En un tiempo en el que el ruido y la agitación dominan todos los ambientes en los que nos movemos -no se libran ni siquiera las iglesias-, hablar de silencio, y encargárselo a una persona tan acostumbrada a palpar los beneficios que éste aporta al alma, me parece una manera perfecta de comenzar con un acto como el de aquella tarde. Toda la desgracia de los hombres proviene de no saber permanecer en reposo en una habitación, dijo Philippe, citando a Blaise Pascal. Si queremos cambiar nuestro entorno, todo empieza por aprender a escuchar, y para aprender a escuchar es imprescindible aprender a estar en silencio.
Jano García, Ana Iris Simón y Juan Soto Ivars
A continuación salieron al escenario Jano García, Ana Iris Simón y Juan Soto Ivars. Me alargaría demasiado si me detuviera a detallar todo lo que cada uno de ellos expuso. Esta primera terna habló de la fragmentación que sufre la sociedad actual. Una fragmentación que rompe lazos, rompe comunidades, y da lugar a un individualismo que convierte a las personas en una suerte de mónadas que se mueven a favor de la corriente, se dejan llevar sin oponer ningún tipo de resistencia y se convierten así en individuos altamente vulnerables y manipulables.
La autora de Feria nos habló sobre todo de la importancia de recuperar los lazos comunitarios, y de hacer frente al sistema burocrático que nos obliga a pedir permiso para todo, incluso para plantar un árbol, como había hecho su abuelo (sin pedir permiso a nadie).
Jano García apeló a los valores cristianos que deben, según él, vertebrar la sociedad española, pues son los que dan sentido a la misma. Las raíces de España, y de Occidente, son cristianas, y sin ellas tanto España como Occidente dejan de ser lo que son.
Soto Ivars insistió en la necesidad de reforzar los vínculos, por encima de ideologías y otras zarandajas que sólo sirven para separarnos. Penséis lo que penséis, quereos mucho, vino a decir Soto parafraseando a un familiar suyo.
Juan Manuel de Prada, Fabrice Hadjadj y Antonini de Jiménez
Los siguientes en comparecer fueron Juan Manuel de Prada, Fabrice Hadjadj y Antonini de Jiménez, que hablaron de precariedad, una precariedad provocada en gran parte por los excesos del capitalismo. Una precariedad que impide, o al menos dificulta en gran manera, hacer planes de futuro.
Para combatirla, de Prada señaló la importancia de generar una resistencia antropológica, para lo cual, remarcó, es fundamental organizarse. Si las instituciones están podridas, dijo, habrá que crear nuevas instituciones.
Hadjadj puso en el centro del debate los trabajos de mierda que muchas personas se ven obligadas a aceptar para poder sobrevivir. La precariedad a la que esta sociedad nos somete nos obliga a aceptar lo inaceptable, y contra ellos debemos rebelarnos.
En esa rebelión insistió mucho, a su manera, Antonini de Jiménez, levantando de sus asientos a los miles de jóvenes allí congregados con sus arengas y sus bramidos. No aspiréis a ser funcionarios, aspirad a ser empresarios, fue una de las ideas que trató de transmitir. Insistió mucho en la importancia de ser libres.
René ZZ, Izanami Martínez y Pedro Herrero
Los últimos en salir al escenario fueron René ZZ, Izanami Martínez y Pedro Herrero, para hablar de la falta de sentido de la que adolece la sociedad actual, y sobre cómo ponerle remedio.
Los dos primeros, católico y evangélica respectivamente, nos hablaron sin tapujos de Dios y de la necesidad de dejarle actuar en nuestras vidas, haciendo hincapié en los beneficios que a ellos les había reportado dejarle entrar en las suyas. Pedro Herrero, ateo según él mismo se autodefinió, se centró en la familia y en el hogar que ésta crea, como institución básica a la que acudir y donde todo cobra sentido. Estoy seguro de que tanto a la mujer como a los hijos de Pedro se les caería la baba oyéndole hablar sobre ellos.
José Ballesteros
Finamente, con todo ya aderezado y cocinado, hubo una intervención que puso la guinda al pastel. Fue un poco más larga que las demás (cada ponente había tenido diez minutos para exponer sus ideas, además de un tiempo corto para responder preguntas del público y de los presentadores)
Básicamente, de lo que se trataba, y ese era el sentido de un evento que había durado casi cuatro horas, era de despertar conciencias y de ponerse en marcha para crear un mundo mejor del que tenemos.
El encargado de llevarla a cabo fue José Ballesteros, que trató de explicar, con unas fantásticas dotes de comunicación y oratoria, cómo poner en marcha todo aquello que habíamos escuchado a lo largo de la tarde. Básicamente, de lo que se trataba, y ese era el sentido de un evento que había durado casi cuatro horas, era de despertar conciencias y de ponerse en marcha para crear un mundo mejor del que tenemos. Levantarse del sofá para dar la vuelta a un mundo fragmentado, precario y carente de sentido, y a cambio generar un mundo donde los lazos humanos, apoyados en la trascendencia, barran de golpe esa precariedad que nos limita y dé paso a una prosperidad, económica, pero sobre todo humana, que permita vivir una vida más digna y más plena.
Es imposible, tendría que extenderme durante páginas y más páginas, contar todo lo que vivimos aquella tarde, todo lo que dijo cada uno de los ponentes, a cada cual mejor. Cada uno de los temas allí tratados, cada intervención de cada ponente, daría para escribir un puñado de artículos.
pedir, como lo hizo Soto Ivars, que nos fijemos más en lo que nos une que en lo que nos separa, que dejemos a un lado las ideologías, que no son sino corruptoras de almas, y que nos queramos más.
Sirva este resumen para dar a conocer, a quien no lo conozca, al movimiento cultural que organizó el evento, It’s time to think, y que organiza muchas más actividades que tratan de darle un nuevo aire a una sociedad que, de algún modo, va a la deriva. Sirva también para señalar que no todo está perdido, que hay jóvenes que se mueven, y que se mueven bien, para cambiar la sociedad. Sirva, además, para pedir, como lo hizo Soto Ivars, que nos fijemos más en lo que nos une que en lo que nos separa, que dejemos a un lado las ideologías, que no son sino corruptoras de almas, y que nos queramos más. Ese es el mejor camino, y probablemente el más rápido, quizá el único, de alcanzar el sueño de un mundo mejor.
No todo está perdido, hay jóvenes que se mueven, y que se mueven bien, para cambiar la sociedad. Compartir en X









