La Fundación DeClausura ha lanzado la campaña “Que no pasen tanto frío, en tus manos está”, con un objetivo concreto: recaudar 100.000 euros en enero para ayudar a 80 comunidades a afrontar el gasto de calefacción.
Monasterios “como una nevera”
Quien haya visitado una clausura en pleno enero lo entiende enseguida: el frío se queda. Refectorios, salas de trabajo, capillas, celdas o espacios de estudio pueden mantenerse durante meses a temperaturas muy bajas. En no pocas ocasiones, las comunidades contemplativas optan por encender la calefacción lo mínimo para reducir costes, aun sabiendo que el sacrificio puede pasar factura.
El convento es como una nevera”, resumen gráficamente algunas comunidades.
Y no es una exageración. A los problemas estructurales del edificio se suman, con frecuencia, sistemas de calefacción precarios o inexistentes: estufas de propano o butano, depósitos de gasóleo que hay que rellenar varias veces al año, estufas de pellets o, todavía hoy, leña. Solo unas pocas comunidades, sobre todo en ciudades, cuentan con gas natural canalizado.
Aislamiento deficiente y facturas inevitables
El desafío no es solo “poner la calefacción”. Muchos cenobios padecen deficiencias de aislamiento: ventanas antiguas de un solo cristal, humedad persistente y muros de piedra vista que “roban” el calor. Además, no todas las habitaciones cuentan con radiadores, salvo a veces las destinadas a hermanas mayores o enfermas.
En este contexto, el gasto energético se suma a otros costes fijos difíciles de recortar: mantenimiento del edificio, reparaciones, Seguridad Social, alimentación o maquinaria. Y, para agravar la situación, las comunidades monásticas no pueden acogerse al mercado regulado de luz o gas reservado a hogares o pequeñas empresas con baja potencia, lo que limita sus opciones para abaratar la factura.
El frío enferma
“Pasar frío” no es solo incomodidad. La Fundación DeClausura advierte del impacto directo en la salud: enfermedades respiratorias (gripes, catarros, bronquitis, pulmonías) y también problemas óseos, articulares y de piel (artritis, osteoporosis, sabañones).
La campaña no pretende —porque a veces es imposible— eliminar por completo el frío en edificios tan complejos. Busca aliviarlo: ayudar a que puedan caldear un poco más las estancias esenciales y atravesar los meses más duros con menos riesgo y más dignidad.
Una iniciativa que ya dio fruto
Esta es la segunda edición de la campaña. En 2025, DeClausura logró 68.500 euros y pudo ayudar a 64 comunidades, con una aportación media de 1.070 euros por comunidad.
En 2026, el reto crece: más comunidades, más necesidades y un objetivo más ambicioso. Según Alfa y Omega, la campaña permanece activa hasta el 31 de marzo, aunque el llamamiento principal se centra en lograr la recaudación durante el mes de enero.
Sostener la vida contemplativa no es un gesto romántico: es cuidar un corazón orante que late, a menudo en silencio, por todos. En España —según recoge Vida Nueva Digital citando datos de memoria de actividades— hay 690 monasterios, y al menos uno de cada diez tendría dificultades para pagar la calefacción.
La solidaridad aquí tiene una forma muy concreta: ayudar a pagar calor. Y ese calor se traduce en salud, descanso, y en la posibilidad de vivir con normalidad una vocación que sostiene a muchos sin hacer ruido.
Cómo colaborar
La Fundación invita a colaborar con un donativo a través de los canales habilitados en su web dentro de la campaña “Que no pasen tanto frío, en tus manos está”.
A veces, la caridad no necesita grandes discursos: necesita una mano tendida… y, en enero, también una calefacción que se pueda encender un poco más.







