El autor de La opción benedictina, que sacudió los cimientos del pensamiento cristiano contemporáneo, vuelve a la carga con una propuesta aún más radical, pero muy arraigada en la tradición: «Vivir en el asombro».
En una reciente entrevista concedida, gracias Ediciones Encuentro, a Forum Libertas en la Fundación Educatio Servanda, Rod Dreher desgranó las claves de su nuevo libro, Living in Wonder (Vivir en el asombro), un manifiesto contra el materialismo que asfixia el alma moderna y una invitación a redescubrir que el mundo es un escenario donde lo divino y lo terrenal se entrelazan constantemente. Nuestra colaboradora, Carla Restoy fue la encargada de guiar la conversación con Rod.
El «desencanto» y la trampa del control
Para Rod Dreher, el gran mal de nuestra época es el desencanto. Utilizando el concepto del sociólogo Max Weber, el autor explica cómo el hombre moderno ha decidido vivir «como si el materialismo lo explicara todo». No es solo que hayamos dejado de creer en Dios, sino que hemos perdido la capacidad de percibir Su presencia en lo cotidiano.
No me refiero a un asombro de película de Disney», aclara Dreher con su característico tono directo. «Me refiero a la idea de que Dios está en todas partes y llena todas las cosas. Ángeles, santos, e incluso demonios, están presentes. Esto suena loco para la mente moderna, pero es la realidad que la Iglesia ha custodiado por siglos».
¿Por qué nos da miedo este mundo «encantado»? Según Dreher, la respuesta es el control. Preferimos un mundo predecible, aunque esté lleno de dolor, a uno donde la intervención de Dios rompa nuestros esquemas. Citando el pasaje del endemoniado de Gerasa, recuerda cómo los habitantes del pueblo, al ver al hombre curado, le pidieron a Jesús que se fuera. Preferían su caos controlado a la libertad imprevisible del milagro.
La gran estafa de la autonomía
Dreher vincula esta crisis espiritual con una raíz antropológica profunda. Apoyándose en el filósofo Yuval Noah Harari —a quien cita para señalar su diagnóstico, no para compartir su visión—, explica que hace 500 años el hombre occidental hizo un pacto fáustico, cambió el sentido por el poder.
Al decidir que la materia no tiene un significado intrínseco dado por el Creador, el ser humano se arrogó el derecho de manipularla a su antojo. «Hoy tenemos personas que creen que pueden controlar sus cuerpos hasta el punto de cambiar su sexo», afirma Dreher. Es la culminación de una mentalidad de autonomía absoluta donde el «yo» es la autoridad suprema.
Frente a este nuevo gnosticismo que rechaza la carne o la redefine, Dreher reivindica la mentalidad sacramental propia del catolicismo y la ortodoxia. «Sabemos que el mundo del espíritu y el mundo de la materia interactúan. No necesitamos explicarlo científicamente para que sea real».
Formar la mirada, no solo el intelecto
Uno de los puntos más luminosos de la conversación fue su visión sobre la educación. Para el escritor, educar no es simplemente volcar información en una cabeza, sino «formar el alma del estudiante para que sepa mirar hacia el rincón correcto del cielo cuando pase un cometa».
En un mundo anestesiado por las pantallas —a las que llama «máquinas de desencanto»—, la educación debe ser un entrenamiento en la atención y el silencio. Dreher advierte que el bombardeo digital fragmenta nuestra conciencia, impidiéndonos la quietud necesaria para percibir lo espiritual.
Rod Dreher no llegó a la fe a través de un silogismo perfecto, sino a través del impacto de la belleza. Recordó su visita a la Catedral de Chartres a los 17 años: «Nada en mi vida me había preparado para ese asombro. Entré siendo un adolescente arrogante y salí sabiendo que Dios existía y que me buscaba».
A sus 59 años, y tras haber pasado por crisis personales y familiares dolorosas, Dreher es tajante: la esperanza cristiana no es optimismo superficial.
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El optimismo es creer que las cosas irán bien por inercia humana.
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La esperanza es la certeza de que, incluso en el sufrimiento, si estamos unidos a la voluntad de Dios, habrá redención.
Su consejo final para los jóvenes buscadores de la verdad es desafiar el «marco de referencia» occidental. «Hemos sido condicionados para ser cerrados a lo metafísico», concluye. «Abran los ojos. Dios no está lejos en el cielo; está tan cerca como la persona que tienes al lado. Prepárate para agarrar la cola del cometa cuando Dios se manifieste y no lo dejes ir».
El mundo sigue siendo un lugar sagrado, solo necesitamos volver a aprender a mirar.
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