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‘Sin tetas no hay paraíso’: la versión española «suaviza» a las protagonistas

A poco de haber sido estrenada, la adaptación española de la telenovela colombiana Sin tetas no hay paraíso se ha convertido en la preferida de los miércoles por la noche. Más de cuatro millones de personas se han quedado enganchados a esta historia ambientada en el mundillo del narcotráfico.
 
En Colombia, la reacción del espectador fue la misma: espaldarazo total. Todo lo contrario con la crítica, al menos la de España, que la ha dejado por los suelos, ya sea por el título (es un país muy ‘open mind’, pero algunos todavía se sonrojan cuando ven en la tele tan explícitamente la palabra ‘teta’), la violencia en sus escenas o la trama en general.   
Pero nosotros vamos a lo que nos interesa: analizar en parte algunos puntos de la adaptación que ha sufrido este guión colombiano para ser bien recibido en su "nueva realidad" española.
 
La versión colombiana fue más fiel al libro de Gustavo Bolívar
 
¿Qué había en el libreto colombiano que no podría, según los productores, ser creíble para la realidad española? Después de someterlo a un cambio de look, el producto salió a la luz y algunas sorpresas fueron las que se encontraron.  
La historia está basada en el libro homónimo del escritor colombiano Gustavo Bolívar, quien lo escribió inspirado en la vida real de dos jovencitas de un pueblo de Colombia que se mantenían prostituyéndose entre narcotraficantes, la clientela más rentable. La adaptación televisiva colombiana fue más fiel al libro.
 
A la española, en cambio, se le pasó un poco la mano. Es verdad que la realidad española no es la misma que la de cualquiera de América Latina, pero también es verdad que solo en algunos aspectos.   
En la nueva Sin tetas no hay paraíso no se conformaron con cambiar la casita de ladrillo sin enyesar de la protagonista, Catalina, por una completamente acabada.
 
Ni tampoco con cambiar el barrio de chabolas por uno simplemente obrero como los que abundan en Madrid. El asunto fue mucho más allá que estas modificaciones comprensibles.  
En la serie colombiana, a la jovencita Catalina (María Adelaida Puerta) lo que la impulsa a prostituirse y adaptarse en cuerpo y alma a las exigencias de los narcos más pijos de su pueblo es la ambición. La ambición de querer tener todo lo que honestamente jamás podría alcanzar en poco tiempo, incluida la operación de pechos, la que considera una inversión.     

En la versión de Telecinco, en cambio, la joven Catalina (Amaia Salamanca) no es precisamente la chica espabilada que sabe a lo que va, todo lo contrario. La Catalina española es más bien una adolescente cándida que por amor llega a involucrarse en ese mundillo, al enamorarse del capo de la mafia.

 
Las protagonistas españolas: más inocentes y positivas 
Pero seguimos, porque las amigas de Catalina también marcan sus diferencias en ambas adaptaciones. Aquí son jóvenes tranquilas de instituto (salvo una de ellas) con distintas aspiraciones que se ven seducidas por el lujo y caen en la tentación de acceder a los caprichos de los narcotraficantes por ilusas. Las colombianas, por su parte, son más frías y calculadoras que la propia Catalina colombiana e incluso están inmersas en el negocio desde mucho antes que ella.

En la versión colombiana las chicas saben dónde se han metido y por qué

También cambiaron la personalidad de la madre de Catalina. Mientras que en la versión colombiana (Patricia Ercole) es ambiciosa y no le importa lo que su hija hace por conseguir dinero, este personaje en la versión española (Cuca Escribano) roza con la abnegación. Tiene principios y se preocupa por el futuro de sus hijos, es incorruptible, amorosa, vamos, casi sin defectos, la madre ideal.  
 
Además, el personaje del narcotraficante principal cambia, por supuesto. En la colombiana el narco (Fabio Restrepo) con el que Catalina se casa por puro interés es un hombre mucho mayor que ella y de maneras chabacanas. El de la península (Miguel Ángel Silvestre) es joven, guapo, refinado, admirado dentro de su círculo y con sentimientos nobles hacia la joven amada. La cuota de antipatía más bien la siembra el traficante colombiano, interpretada por John Jairo Morón.  
En fin, una serie de ajustes con personajes más escrupulizados, casi correctos. Donde ellos no buscan el mundillo aquel sino que este los busca a ellos, los seduce, los envuelve y los hace caer.
 
Es decir, que si se ven involucrados en algo malo es por desconocimiento, inocencia o amor, jamás conscientemente porque, si fuese conscientemente, entonces no estaríamos hablando de la realidad española sino de otra. ¿Una que tal vez encaje más con el otro lado del charco? 
 
Publicado por Brenda Castañeda originalmente en www.McOndo.es
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