Somorrostro, una silenciosa obra social de la Iglesia

“El Somorrostro era un mundo aparte, una barrera total (…). Los niños nos seguían. Casi todo el mundo iba sucio y rasgado. Nosotras creíamos que íbamos normalitas: zapatos, medias, bien peinadas (…). Alguien nos preguntó qué habíamos ido a hacer allí. Respondimos que sólo queríamos saber si en el barrio existía alguna escuela donde ir todos aquellos niños que nos rodeaban.

La respuesta fue impactante: ‘No señoritos, de eso solo hay en Barcelona’. Y alguien todavía remató: ‘De hecho, aquí no baja ni la policía’”. Con estas palabras Pilar Bonfill y Carme Catà rescatan del recuerdo para la periodista Laura de Andrés las primeras incursiones en el Somorrostro de un grupo de jóvenes veinteañeros laicos encabezado por Xavier Vallory, alma mater del grupo, impulsores de la importante obra social a la que posteriormente los Capuchinos dieron cobertura oficial, llevada a cabo en las barracas más miserables de la Barcelona franquista entre 1948 y 1966, cuando fueron asoladas. El Somorrostro era un mundo aparte, una barrera total”

Unos recuerdos plasmados en Diaris del Somorrostro, donde la autora ofrece una visión inédita del barrio a partir de los diarios personales de Guillem Masana y Montserrat Serra, dos de los catequistas implicados.

Especializada en la primera posguerra de Catalunya, Laura de Andrés (Barcelona, 1978) no es la primera vez que visita el Somorrostro en sus libros. Ya lo hizo con Barraques. La vida dels invisibles (2011) donde entre documentos oficiales y periodísticos daba voz a antiguos barraquistas. Una obra en la línea de documentales como Barraques. La ciutat oblidada, del Sense ficció deTV3, emitido en 2010. En estos diaris, pero, De Andrés se centra en esta labor desinteresada: “Eran católicos, comprometidos con la Iglesia, gente de buena familia que un buen día decidieron que era necesario ayudar a aquella pobre gente con urgencia. No sabían cómo hacerlo, simplemente eran conscientes de que era necesario hacerlo”, explica la autora.

Especializada en la primera posguerra de Catalunya, Laura de Andrés (Barcelona, 1978) no es la primera vez que visita el Somorrostro en sus libros

Así se inicia una andadura que comienza con la primera escuela, las gestiones con la parroquia de Sant Fèlix Africà –a la que pertenecía el Somorrostro–, la llegada del padre Isidor de Meriquiz, fraile capuchino que hincado de rodillas evitó la entrada de las excavadoras en las barracas tras la revuelta de 1951… Una elogiosa labor, mezcla social y religiosa, que fue la clave se su éxito y que en el contexto del drama en el Mediterráneo cobra total actualidad.

Diaris del Somorrostro. Editorial mediterrània. 120 páginas. 17 euros

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