Finaliza el año y el nuevo se asoma ya en la puerta de la esquina. Cada 31 de diciembre, el corazón humano parece detenerse un instante entre el pasado que se va y el futuro que comienza.
Es ocasión para hacer un balance sobre el tiempo que culmina: los logros alcanzados, las metas cumplidas, lo que está por mejorar, los aprendizajes que la vida nos ha regalado.
Pero qué mejor manera de iniciar este nuevo año que dando gracias a Dios por todos los momentos vividos, sean buenos o no tan buenos, porque cada uno de ellos nos ha permitido crecer bajo la mirada amorosa del Señor.
Por ello, te propongo vivir una Hora Santa la noche del 31 de diciembre, de 11:30 p.m. a 12:30 a.m., idealmente ante Jesús Sacramentado, para cerrar el año que termina y ofrecer con fe el que comienza. Es un encuentro íntimo con Dios en la Eucaristía para disponerse a caminar con esperanza hacia el año nuevo.
Para quienes no puedan asistir ante el Santísimo pueden reunirse en familia frente al pesebre. Al iniciar un nuevo ciclo, lo esencial es abrir el corazón a la gracia, permitir que la Palabra de Dios ilumine nuestra historia y dejar que su amor guíe nuestros pasos.
A continuación, compartimos algunas oraciones para el año que concluye y el que inicia-
Oración de Acción de Gracias para el Año que termina
Gracias Señor por todo cuanto me diste en el año que termina.
Gracias por los días de sol y los nublados tristes, por las tardes tranquilas y las noches oscuras.
Gracias por lo que nos prestaste y luego nos pediste.
Gracias Señor por la sonrisa amable y por la mano amiga, por el amor y todo lo hermoso, por todo lo dulce, por las flores y las estrellas, por la existencia de los niños y de las personas buenas.
Gracias por la soledad y por el trabajo, por las inquietudes y las dificultades, por las lágrimas, por todo lo que nos acercó a Ti.
Gracias por habernos conservado la vida, por habernos dado techo, abrigo y sustento. Amén.
¿Qué traerá el año que comienza?
¡Lo que Tú quieras, Señor!
Te pido Fe para mirarte en todo. Esperanza para no desfallecer.
Caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad. Dame desprendimiento y un olvido total de mí mismo.
Dame, Señor, lo que Tú sabes me conviene y yo no sé pedir.
¡Que pueda yo amarte cada vez más y hacerte amar por los que me rodean!
¡Que sea yo grande en lo pequeño!
¡Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas, el pie dispuesto!
Derrama, Señor, tus gracias sobre todos los que quiero.
Mi amor abarca el mundo y aunque yo soy muy pequeño, sé que todo lo colmas con tu bondad inmensa. Amén.





