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16/02/2009 - Cultura
De Laponia a China: la epopeya científica de los jesuitas astrónomos
En este Año de la Astronomía, vale la pena recordar la aportación jesuita a la ciencia de las estrellas.
El padre Schall, vestido de mandarín, pasó 47 años en China
El padre Secchi hizo la primera clasificación del espectro de las estrellas
Maximilian Hell trabajó en mediciones en la fría Laponia, invitado por el rey de Dinamarca en el siglo XVIII
Agustín Udías, S.J.

Naciones Unidas celebra el Año de la Astronomía. Se insiste todavía desde algunos sectores en la total oposición entre ciencia y religión, lo que debería negar que miembros de una orden religiosa hayan contribuido al progreso de la ciencia. Sin embargo, un considerable número de jesuitas lo han hecho. El interés de los jesuitas en las ciencias naturales y en concreto en la astronomía está vinculado a su trabajo en colegios y universidades y se remonta a los primeros años de la fundación de la Compañía de Jesús en 1540.

Los primeros jesuitas astrónomos

La figura clave en el origen del trabajo de los jesuitas en astronomía es Christopher Clavius, profesor de matemáticas en el Colegio Romano desde 1564. Autor de varios libros de matemáticas y astronomía, participó en la reforma del calendario, promovida por el papa Gregorio XIII y actualmente vigente. Clavius fue tenido en gran estima por Galileo que buscó su aprobación. En las seis ediciones de su texto de astronomía fue introduciendo las novedades que se producían en aquellos años claves para la astronomía de la mano de Copernico, Tycho Brahe, Kepler y Galileo y comentó finalmente que era necesario un cambio en la disposición de las órbitas de los planetas.

A Clavius se debe el énfasis puesto en el estudio de matemáticas y astronomía en los colegios de los jesuitas en toda Europa. Su sucesor Christopher Grienberger introdujo el montaje ecuatorial del telescopio y empezó un programa de catálogo de estrellas localizadas por telescopio.

Christopher Scheiner, profesor en la universidad de Ingolstadt publicó en 1630 su obra sobre el sol, siendo uno de los primeros en estudiar las manchas solares, tema sobre cuya prioridad mantuvo una controversia con Galileo. Johann Cysat en 1618 fue uno de los primeros en estudiar un cometa utilizando el telescopio y en observar en 1630 el tránsito de Mercurio por el disco solar.

En 1651 Giovani Battista Riccioli publicó su obra monumental de astronomía Almagestum Novum en la que publicó ayudado por Francesco Grimaldi uno de los primeros mapas de la Luna, cuya nomenclatura se mantiene hoy en parte. Los tránsitos de Venus por delante del disco solar en 1761 y 1769 fueron estudiados por Laurent Beraud en Lyon y Maximilian Hell en Laponia. Hell, director del observatorio de Viena, fue invitado a hacer estas observaciones por el rey de Dinamarca Christian VII. Sus observaciones, cuestionadas en el siglo XIX, fueron reivindicadas por Simon Newcomb, astrónomo del Observatorio Naval de Estados Unidos en 1883.

Astrónomos jesuitas en China, India y Siam

Los astrónomos jesuitas no permanecieron en Europa, sino que extendieron sus observaciones por Asia. Siguiendo los pasos deMateo Ricci en China, Adam Schall ocupó el puesto de director del Observatorio Imperial con el rango de mandarín de primera clase en 1644 y llevó a cabo la reforma del calendario chino. Entre sus sucesores destaca Ferdinand Verbiest, director entre 1669 y 1688, que escribió más de veinte libros de astronomía en chino y reformó el observatorio construyendo una serie de instrumentos que todavía se conservan en Pekín. Hasta 1773 el Observatorio Imperial chino fue dirigido por astrónomos jesuitas que realizaron una inmensa labor de transferencia a China de la astronomía europea.

Astrónomos jesuitas como Claude Boudier y Antón Gabelsberger trabajaron en el observatorio creado en Jaipur, India, por el Marajá Sawai Jai Singh. Una expedición de 14 astrónomos jesuitas franceses financiados por el rey Louis XIV viajaron a Indochina en 1686 a petición del rey de Siam Phra Narai. El asesinato del rey poco tiempo después frustró su trabajo posterior.

Astrónomos jesuitas modernos

En época moderna destaca Angelo Secchi, director del Observatorio del Colegio Romano entre 1849-1878. En 1864 Sechi estableció la primera clasificación del espectro de las estrellas sobre la que se basa la utilizada actualmente. Es conocido también por sus observaciones y trabajos sobre el sol. Johann Hagen, el primer jesuita director del Observatorio Vaticano, publicó un atlas de estrellas variables en seis volúmenes basado en sus propias observaciones.

Sus sucesores Johan Stein y Daniel O’Connell participaron en el proyecto internacional de la Carta del Cielo. En otros, observatorios creados por los jesuitas en esta época trabajaron en observaciones astronómicas destacando los trabajos sobre el sol de Jules Fényi en Hungría y Stephen Perry en Inglaterra. Perry lideró varias expediciones para hacer observaciones astronómicas en especial a las islas Kerguelen, Madagascar y Antillas.

Desde finales del siglo XIX los jesuitas crearon un número de observatorios astronómicos en Europa, África (Madagascar y Zimbawe), Asia (China, India, Filipinas) y en América del Norte (Washinton, California, Wisconsin) y del Sur (México, Argentina).

La prestigiosa sociedad cientifica Real Sociedad de Londres (Royal Society) tuvo cuatro jesuitas entre sus miembros Roger Boscovich (1765), Martin Poczobut (1771), Sechi (1856) y Perry (1874). Entre los miembros de la Real Sociedad Astronómica de Londres desde 1841 al presente se cuentan 31 jesuitas.

Jesuitas en la Luna

Una señal de la importancia de la labor de los jesuitas en astronomía es el número de cráteres de la Luna que llevan nombres de jesuitas. En el catálogo más importante hoy de los accidentes topográficos de la Luna compilado por la institución norteamericana National Air and Space Museum (NASM) aparecen 32 cráteres con nombres de jesuitas. Entre ellos destacan de los que ya hemos mencionado los de Boscovich, Clavius, Cysat, Fenyi, Grimaldi, Grienberger, Hagen, Hell, Riccioli, Ricci, Scheiner, y Sechi, A estos hay que añadir otros menos conocidos.

En el mapa de H.P. Wilkins y P. Moore (The Moon: a complete description of the surface of the Moon, 1961) aparecen además los nombres de dos jesuitas españoles Luis Rodés y Antonio Romañá, directores del Observatorio del Ebro. La presencia de tantos nombres de jesuitas, sobre todo antiguos, se debe a que la mayoría de los mapas de la Luna se basan en el mapa de Riccioli y Grimaldi (1651), el primero en que se dan nombres a los cráteres y en los que ellos pusieron nombres de astrónomos y entre ellos de jesuitas. De esta forma han quedado inmortalizados en la superficie de la Luna los astrónomos jesuitas.

(Agustín Udías, S.J., es catedrático emérito de Geofísica de la Universidad Complutense; 
una versión más breve de este artículo se publicó el domingo 15 de febrero en La Razón). 

   

 

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