29/04/2009 - Castellano
La gripe porcina, la ministra de cuota y el FC Barcelona
Josep Miró i Ardèvol
Tenemos realmente mala suerte con los ministros (y ministras). Mejor dicho, no se trata de nada que tenga que ver con la baraka sino con el señor que decide, es decir el presidente del Gobierno, que tiene criterios francamente raros a la hora de nombrar personas para aquellos cargos.
Lo demostró claramente con Bermejo y también con Bernat Soria, que no ha tenido ni tan siquiera tiempo de saber a qué se dedicó. La decisión de sustituir a Solbes por Elena Salgado ha dejado alucinado al mundo económico, tanto al profesional como al académico; y con un rictus extraño en la boca, a los inversores internacionales. Lo del microministerio de no se sabe qué igualdad, y su regenta, la ministra Aído, no requiere mayores comentarios. Y, ahora, explota la gripe porcina con trasmisión a humanos y tenemos como responsable de Sanidad a Trinidad Jiménez, cuya virtud más destacada es la de ser una disciplinada miembra (Aído, dijo) del partido y pertenecer, eso sí, al lobby abortista.
Los ministros no han de ser especialistas o expertos, en eso estamos todos de acuerdo, pero ello no significa que sea bueno que procedan del polo opuesto, es decir de la más supina de las ignorancias. Han de ser personas que tengan fundamentos básicos, criterios y que sepan rodearse de buenos equipos. Sin criterio propio siempre estará al albur del último papel que le entregue el sujeto de mayor confianza política, y carecerá del discernimiento necesario para evaluarlo correctamente.
Asimismo, dependerá de cuál sea la agenda del momento el que el perfil de un ministro pueda ser más o menos adecuado. La oportunidad en política es una necesidad y esto rige también para los nombramientos. Lo de Elena Salgado, por ejemplo, aplicado en el 2005, no hubiera tenido la terrible carga negativa que ahora posee, puesto que ahora todo el mundo económico da por descontado que está ahí para facilitar lo que quiere Zapatero, es decir, un endeudamiento brutal. Y esa presunción es pésima para nuestra economía.
Asimismo, dependerá de cuál sea la agenda del momento el que el perfil de un ministro pueda ser más o menos adecuado. La oportunidad en política es una necesidad y esto rige también para los nombramientos. Lo de Elena Salgado, por ejemplo, aplicado en el 2005, no hubiera tenido la terrible carga negativa que ahora posee, puesto que ahora todo el mundo económico da por descontado que está ahí para facilitar lo que quiere Zapatero, es decir, un endeudamiento brutal. Y esa presunción es pésima para nuestra economía.
La gripe porcina, Dios quiera que sea un fenómeno de proporciones reducidas y en todo caso sin malignidad. Esto es necesario por el bien de todos, y especialmente para aquellos países que tienen una organización sanitaria más débil. Además, hay que decirlo, lo que está sucediendo hasta ahora no es motivo para que cunda ninguna alarma. Lo que pueda suceder en un futuro, futuro es, y tanto se puede anticipar un pronóstico bueno como malo. Pero, situados en el presente, hay que decir que si bien esta gripe se transmite con facilidad no parece por el momento que tenga una morbilidad muy acusada. Recemos.
Dicho esto, hay que añadir que no me tranquiliza que en estos momentos sea precisamente Trinidad Jiménez quien esté como última responsable de la sanidad española. Ya sé, aparece en las fotos, que tiene un ad latere que vela por ella, al igual que sucede con Carmen Chacón y el JEMAD que anda siempre pegado a ella, pero éste invento de ministra de cuota y ángel de la guarda no es lo mejor para inspirar confianza en condiciones que pueden resultar complicadas. Y eso es precisamente lo que necesita la política española, confianza. Con un presidente carente ya de toda credibilidad, y sin capacidad para inspirarla, solo hace falta que en economía con la recesión, y ahora en sanidad, con un riesgo potencial que preocupa a la gente, tengamos al frente una persona tan poco sólida (en este campo) como Trinidad. La sensación es extraña, el nuevo Gobierno a penas ha empezado y ya tiene ministros quemados. Peor imposible.
Dicho esto, hay que añadir que no me tranquiliza que en estos momentos sea precisamente Trinidad Jiménez quien esté como última responsable de la sanidad española. Ya sé, aparece en las fotos, que tiene un ad latere que vela por ella, al igual que sucede con Carmen Chacón y el JEMAD que anda siempre pegado a ella, pero éste invento de ministra de cuota y ángel de la guarda no es lo mejor para inspirar confianza en condiciones que pueden resultar complicadas. Y eso es precisamente lo que necesita la política española, confianza. Con un presidente carente ya de toda credibilidad, y sin capacidad para inspirarla, solo hace falta que en economía con la recesión, y ahora en sanidad, con un riesgo potencial que preocupa a la gente, tengamos al frente una persona tan poco sólida (en este campo) como Trinidad. La sensación es extraña, el nuevo Gobierno a penas ha empezado y ya tiene ministros quemados. Peor imposible.
Todo lo que toca Zapatero lo rompe. Nombra ministra de Economía y a los pocos días debe comerse el marrón de la peor cifra de paro en décadas, nombra a una nueva persona en Sanidad y surge una nueva gripe. Apoyó al Barça y empató en Valencia
Presidente por favor, otras cosas no las cambiará, pero ésta si es posible. Deje de apoyar al FC Barcelona porque perderemos la Champions.
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