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18/01/2012 - Sociedad
La obsesión por la cirugía estética, síntoma de una sociedad enferma
Se realizan cerca de medio millón de intervenciones al año en España. “La gente que se somete a estas prácticas poco seguras esperan mejorar su apariencia, sí, pero la realidad puede ser una deformación física”, advierte un experto del Departamento de Salud de Nueva York.
Las prótesis PIP han desatado la alarma, pero hay más peligros
Un ejemplo de una obsesión enfermiza: Sarah Burge inyectando botox a su hija de 16 años
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Víctor Ruiz

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de lanzar la alerta sobre el riesgo de rotura o fuga que corren las pacientes con implantes mamarios de la compañía francesa Poly Implant Prothse (PIP). Se necesita “más información” sobre los riesgos asociados, su comparación con otras del mercado, su distribución, uso y vigilancia, advertía la OMS este lunes, 16 de enero.

 

“Entre los problemas que pueden generar estos implantes mamarios están las roturas y las fugas (de su relleno de silicona). Mientras las tasas de roturas de las prótesis PIP parecen ser mayores de lo esperado en Francia, las tasas registradas en otros países varían”, advierten desde esta organización

 

Desde hace ya varias semanas, este asunto ha vuelto a poner sobre el tapete la obsesión generalizada por la estética y, en demasiados casos, los riesgos asociados a este tipo de intervenciones. Todo ello no deja de ser el reflejo de una sociedad enferma.

 

El caso de la ‘Barbie humana’

 

Un ejemplo de hasta qué punto esto es así lo tenemos en el caso de la llamada ‘Barbie humana’, Sarah Burge, una mujer estadounidense que ha montado un auténtico show a través de su obsesión por la cirugía estética, una afición que, según ella, le ha costado millones de dólares.

 

Lo peor de todo es que, en su inconsciencia, ha arrastrado con ella a sus hijas. A una de ellas, con 15 años y “unas ligeras arrugas”, le permitió ponerse botox, e incluso llegó a inyectárselo ella misma; a la pequeña, le regaló un cheque para un aumento de pecho por su séptimo cumpleaños y en Navidad, otro más para una liposucción. Inversión de futuro, dice.

 

Y no es el único caso, otra madre norteamericana de una niña de 8 años le pinchó recientemente botox ante las cámaras de televisión. Esa estupidez le costó la custodia de la menor y ahora está pendiente de juicio.

 

Otra variable de esa insana pasión por el botox fue el intento de Sharon Stone de poner toxina botulínica en los pies de su hijo porque le olían mal. Tenía 8 años y pudieron evitarlo.

 

España, a rebufo de la fiebre

 

España tampoco anda lejos de esa obsesión por la cirugía estética entre los menores, y se calcula que un 10% de las operaciones de estética que se realizan son en menores. Muchos tienen una patología que solucionar, pero otros lo hacen porque no están a gusto consigo mismos.

 

“En España, las cirugías estéticas están prohibidas en menores de 18 años, salvo en situaciones excepcionales, que se pueden hacer a los 16 siempre con consentimiento de los padres”, indica el doctor José María Serra Renom, Catedrático de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora.

 

“Una vez vino una chica de 16 años para que le pusiese una prótesis, a pesar de que prácticamente no tenía glándula mamaria, y le recomendamos que esperase a cumplir 18. A las dos semanas regresó con su abuela para convencerme y un mes más tarde, con sus padres, dispuestos a firmar la autorización ya que literalmente no les dejaba vivir y hacía una vida muy irregular”, explicaba hace unos días el doctor Julio Millán, jefe del servicio de Cirugía Estética de la Clínica Ruber de Madrid.

 

“Las madres no son culpables, salvo alguna excepción. Hay que comprender que soportan una gran presión con hijas que desarrollan comportamientos límite para la convivencia”, concluía.

 

Casi medio millón de intervenciones al año

 

Si hablamos de cifras globales de intervenciones de cirugía estética en España, no deja de sorprender que se practiquen entre 350.000 y 400.000 al año, según el ex presidente de la Sociedad Española de Cirugía plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), Antonio Porcuna.

 

La cifra podría alcanzar el medio millón, tal como apunta el reputado miembro de la Sociedad Internacional de cirugía plástica estética Javier de Benito. Y es que al 62,3% de los ciudadanos de entre 20 y 55 años, potenciales clientes de las clínicas especializadas en la materia, le preocupa el aspecto físico.

 

Un estudio de la SECPRE con datos de 2009 cifraba la cantidad de intervenciones anuales de cirugía estética en España entre 105.000 y 143.000. Aunque se trata de estudios diferentes, el auge de esta moda estética queda reflejado en el importante aumento de operaciones que se detecta en poco más de dos años.

 

Los datos de la SECPRE indican que, de forma global, el 87,7% de las intervenciones corresponde a mujeres, mientras los hombres que deciden recurrir a la cirugía estética ya son el 12,3%.

 

Además, como se puede observar en la siguiente tabla, reproducida a partir de los datos de 2009 de la SECPRE, el mayor porcentaje de intervenciones de cirugía estética sobre el total de su género corresponde tanto en hombres como en mujeres a las de cirugía facial.

 

Lógicamente, las de pecho se dan prácticamente solo en mujeres, mientras las liposucciones abundan entre ambos sexos, aunque en mayor porcentaje sobre el total de su propio género en el caso de los hombres.

 

Porcentaje de operaciones de estética realizadas

entre hombres y mujeres respecto al total de su género

Intervención

Mujeres

Hombres

Cirugía facial

41,1%

57,2%

Cirugía del Pecho

31,1%

1,9%

Liposucciones

19,8%

25,9%

Cirugía corporal

5,6%

8,7%

Otras cirugías

2.4%

6,4%

 

En cualquier caso, la obcecación por este tipo de intervenciones llega hasta el extremo de que, a juicio de ‘The Times’, las llamadas inyecciones cosméticas, sobre todo aquellas que prometen un rejuvenecimiento rápido, serán las protagonistas del próximo desastre médico estético.

 

 

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3 Comentarios:
http://lipocerogoya.com/
Se hace muy ligera la opción quirurgica, no se quieren saber riesgos, el consentimiento informado ¿se lo lee alguien?
selma
se debe tomar en cuenta el trastorno dismorfico corporal, una obsesion por el cuerpo= una enfermedad mental
Tati Quieta
Una obsesión como cualquier otra. Además, de las más caras.
3 Comentarios








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