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28/02/2005 - Libros
Esquilo, Sófocles, Eurípides: obras completas
La libertad, desconocida en una cultura regida por el destino, transforma la tragedia en drama.
David Amado Fernández

 

En la tragedia griega se sitúa el origen del teatro tal como se concibe en Occidente. A partir del Romanticismo se intentó recuperarlo con la idea de volver a generar una obra que uniera lo trágico con el pueblo y le diera un nuevo sentido religioso. Ahí quedan los estudios de Hegel, Nietzsche, Hörlderling o Wagner. Porque fue precisamente en el ámbito alemán donde se vio con mayor profundidad la necesidad de recuperar un teatro que, al mismo tiempo, implicara a todo el pueblo y le diera una cierta unidad. Ello significaba una concepción en la que la tragedia no era sólo un arte ni una parte de la literatura sino el lugar de manifestación de la vida de la polis. Los grandes autores de la antigüedad (Esquilo, Sófocles y Eurípides), escriben todos en el siglo V antes de Cristo. La misma época en que Aristóteles realiza la primera reflexión sobre la tragedia en su Poética. Bajo la influencia de la sofística y con el auge de la democracia y el progresivo deterioro de los gobiernos aristocráticos, la tragedia realiza la función de una nueva legitimación social. El mito, heredado del pasado y situado en un tiempo ahistórico, es actualizado porque toda sociedad precisa de una legitimación continua. De ahí la creciente implicación de la autoridad pública en las funciones teatrales. Para Schlegel, Schelling, Wagner, Nietzsche e incluso Hans Johst, la tragedia griega lograba la síntesis social de los habitantes de la polis. Legitimada sobre el tesoro de la mitología era a la vez servicio divino y autoexposición política del estado. De ahí que, en el siglo XIX, fuera especialmente estudiada por estos autores que intentaban generar una nueva mitología que fuera capaz de sacar al arte de la privatización a que lo había conducido la modernidad.

 

Ediciones Cátedra nos ofrece un maravilloso volumen que recoge la obra completa de los tres autores griegos. Además de la obra teatral se ha añadido “El cíclope”, drama satírico de Eurípides. La traducción ha sido realizada por grandes conocedores del mundo griego y recuperada de ediciones anteriores para ofrecerla en este volumen único. Además, las introducciones y los anexos (mapas, índice onómatostico, cronología y notas), enriquecen notablemente el volumen. Ni que decir tiene que es de casi obligatoria presencia en todas las bibliotecas escolares, a pesar de que la actual legislación educativa haya relegado al abandono la cultura clásica. Igualmente hará las delicias de los amantes de la antigüedad que, en un solo volumen, pueden tener reunido un gran legado.

 

La mitología clásica ha tenido una gran influencia en la cultura europea posterior, y recuperó su presencia sobre todo a partir de la ilustración. De alguna forma corrió pareja a la secularización porque la idea sostenida en la tragedia (el destino ciego que acaba derrotando a los héroes), podía ser puesta como antítesis al cristianismo. No son pocos los paralelismos que se han establecido, algunos ya en tiempos de san Agustín (María contrapuesta a Medea o Prometeo en relación a Jesucristo). La tragedia suplía la falta de justicia remitiendo a un mundo oscuro de divinidades que no estaban para salvar al hombre sino que se relacionaban en el mundo de los mortales y eran también sujeto de pasiones, deseos, crímenes y veleidades. El cristianismo no permite esa concepción del mundo, ni de la vida social, porque la justicia (judaísmo) y la misericordia (cristianismo), establecen un nuevo nexo de relaciones y tienen una capacidad para generar la vida comunitaria que no necesitan recurrir al sin sentido de los hechos para explicarlos. El héroe trágico no mueve a la admiración sino a la compasión. Contemplando las desgracias de los personajes míticos el ateniense contemporáneo debía sentir el consuelo de ver que sus dificultades ya existían en el pasado, pero no le era ofrecida ninguna salvación. La tragedia era esclava de su propia finitud. El genio de los autores tuvo que pagar siempre ese precio. Pero, a pesar de la distancia de los años, no podemos dejar de admirarnos del poder de convicción y la capacidad de comprensión de aquellos autores. Al leerlos ahora de nuevo nos damos cuenta también de la profunda sanación que supuso para Occidente, y de ahí para el mundo entero, la aparición del cristianismo.

 

La consulta sosegada de este magnífico volumen, publicado dentro de la cuidada Biblioteca Aurea, da buena cuenta de ello. El teatro es una de las cimas, con la música, de las artes. Su poder de seducción para el poder político es que siempre puede delimitar los personajes y el desenlace. La libertad, desconocida en una cultura regida por el destino, transforma la tragedia en drama.

 

ESQUILO – SÓFOCLES – EURÍPIDES

Obras Completas

Coordinación Emilio Crespo

Traducción de J. Alsina, J. Vara Donado, J. A. López Férez y J. M. Labiano

Ed. Cátedra

Col. Biblioteca Aurea

1563 páginas

 

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