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21/05/2012 - Colaboraciones
Esopo habla al siglo XXI: Los pescadores y las piedras
Es rutina de la vida que a buenos tiempos siguen unos malos y a los malos tiempos le suceden otros buenos. Estemos siempre preparados para estos inesperados cambios
Jose Vaquero

Con esta fábula, Los pescadores y las piedras, Esopo nos advierte desde el pasado de los vaivenes de la vida, de que la alegría y la tristeza, ambas, forman parte de la experiencia del ser humano. Y que, al final, lo que cuenta es el resultado de nuestras obras y nuestra capacidad de hacerlas en conciencia.

 

 

 

Los pescadores y las piedras

 

“Tiraban unos pescadores de una red y como la sentían muy cargada,

bailaban y gritaban de contento, creyendo que habían hecho una buena

pesca. Arrastrada la red a la playa, en lugar de peces sólo encontraron

piedras y otros objetos, con lo que fue muy grande su contrariedad, no

tanto por la rabia de su chasco, como por haber esperado otra cosa.

 

Uno de los pescadores, el más viejo, dijo a sus compañeros:

 

-Basta de afligirse, muchachos, puesto que según parece

la alegría tiene por hermana la tristeza;

después de habernos alegrado tanto antes de tiempo,

era natural que tropezásemos con alguna contrariedad”.

 

 

 

Mi experimentado amigo Esopo: hoy recurres a la sabiduría de la vida, la que suele acompañar a las canas de la edad avanzada. Y nos enseñas, con el realismo de los hechos, el vaivén de los tiempos buenos y malos, malos y buenos. ¿Son tan inseparables la alegría y la tristeza? Creo que depende del nivel de estas actitudes, virtudes, sentimientos. Lo que sí resulta evidente a todas luces es la alternancia de buenos y malos momentos, el flujo entre días mejores y días peores, los días en los que todo sale a pedir de boca y aquellos en los que todo su tuerce.

 

La alegría y la tristeza son sentimientos más profundos, que van más allá de la risa estruendosa y el llanto clamoroso. Se basan más en la conformidad que la conciencia da a nuestro obrar, en la satisfacción de las cosas bien hechas, en el gozo del amor. Que el sentimiento superficial sea una alegría pasajera o un llanto momentáneo nos influye, pero al final queda la verdadera alegría, o la tristeza de haber obrado mal.

 

Es rutina de la vida que a buenos tiempos siguen unos malos y a los malos tiempos le suceden otros buenos. Estemos siempre preparados para estos inesperados cambios

 

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