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16/07/2012 - Colaboraciones
Esopo habla al siglo XXI: Los viandantes y el cuervo
Quien no puede cuidar de sí mismo, menos indicado está para aconsejar al prójimo
Jose Vaquero

Un nuevo salto en el tiempo nos trae esta fábula de Esopo, Los viandantes y el cuervo, para advertirnos de que, en los tiempos de crisis que atravesamos, quizás no sea la mejor opción fiarnos de aquellos que nos han llevado a ella y ahora nos ofrecen soluciones con sus propuestas.

 

 

 

Los viandantes y el cuervo

 

“Viajaban unas gentes para cierto asunto,

cuando encontraron a un cuervo que había perdido un ojo.

 

Volvieron hacia el cuervo sus miradas,

y uno de los viandantes aconsejó el regreso,

pues en su opinión hacerlo era lo que aconsejaba el presagio.

 

Pero otro de los caminantes tomó la palabra y dijo:

 

-¿Cómo podría este cuervo predecirnos el Futuro

si él mismo no ha podido prever,

para evitarlo, la pérdida de su ojo?”.

 

 

 

 

Mi buen amigo Esopo: Te muestras un tanto impío en tus palabras, según las creencias de la época; sin embargo, hay que hacer honor a la verdad: tu lógica es apabullante. ¿Por qué confiar en la previsión económica de quienes han previsto tan mal la situación financiera actual? Desconozco si en el Olimpo os han puesto al día de la evolución de la economía y las finanzas, con términos como prima de riesgo, crédito-rescate, deuda pública y soberana, agencias de calificación de riesgos, y otros similares.

 

Con lo sencilla que resultaba la economía para vosotros: las leyes que gobiernan la casa, el equilibrio entre los gastos y los ingresos de la familia (siervos y mecenas incluidos). Parece que en este campo hemos progresado poco: cada vez es más complicado conocer la situación real, cada vez podemos gastar menos y cada vez pagamos más impuestos. ¿Qué se ha desequilibrado en esta balanza? ¿Por dónde se nos están escapando los dracmas, didracmas y tetradracmas de nuestro siglo?

 

Tal vez, en lugar de buscar una economía humana, sencilla, basada en el bien de la persona, estamos demasiado preocupados por la economía del poder, los privilegios y las influencias.

 

Quien no puede cuidar de sí mismo, menos indicado está para aconsejar al prójimo

 

 

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