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31/05/2006 - Cultura
Cómo los jesuitas inundaron Europa de científicos
Jesuitas como Cristóforo Clavio, Scheiner, Kirchner, Boscovich, fueron geniales científicos y maestros de varias generaciones de hombres de ciencia.
Rudjer Joseph Boscovich, genial y polifacético jesuita y hombre de ciencia
Atanasius Kirchner, lo mismo estudiaba microbios que jeroglíficos egipcios
Scheiner describió el funcionamiento de la retina... y de las manchas solares
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Francesc Gómez Morales

La expansión de la cultura y la educación a amplios sectores de la sociedad no fue un logro de la Revolución Francesa ni de la Ilustración. En los siglos XVI y XVII surgen institutos religiosos especialmente consagrados a la enseñanza: elemental y universitaria, religiosa y profana, nada les es ajeno. La enseñanza para todos fue una iniciativa de la Iglesia.

En esta época florecen la Congregación del Oratorio (1613), la Congregación de las Escuelas Pías, los escolapios, fundada por San José de Calasanz (1600), las Escuelas Cristianas de San Juan Bautista de la Salle, los lasallistas, (finales del XVII) y, por encima de todas ellas, la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola en 1540.

Ignacio y sus amigos

Es especialmente significativo el nacimiento de la Compañía de Jesús. La nueva Orden se origina en base a un grupo de compañeros universitarios de Ignacio, formados todos en la Universidad de París. Atienden a las nuevas vocaciones en residencias universitarias cercanas a los centros docentes: París, Padua, Coimbra, Lovaina, Colonia, Valencia entre los años 1540 y 1544.

No tardaron en impartirse clases en esos centros y, a petición del pueblo de Gandía, Ignacio y Francisco de Borja acceden a abrir el colegio de esa ciudad a todos los alumnos, fueran jesuitas o no. En sólo tres años este centro obtuvo privilegios análogos a universidades como Salamanca y París, que contaban ya con más de tres siglos de existencia. A finales de siglo los jesuitas ya contaban con 245 colegios y su General, Claudio Acquaviva, tuvo que denegar otras 150 peticiones.

Descartes: ilustre exalumno orgulloso de su colegio

Uno de los colegios de los jesuitas que se hizo más famoso en el mundo entero fue el de La Flèche, en Francia. En un solo año alcanzó el millar de alumnos, entre los que se encontraba un joven débil y enfermizo que estudiaría allí entre 1604 y 1612. Los padres jesuitas eran muy comprensivos con René Descartes y, entre otras licencias, le permitían dormir siempre una hora más que a sus compañeros. El mismo Descartes afirma: “estudié en La Flèche, que conceptúo uno de los más aventajados centros de enseñanza que tiene hoy Europa”.

Tuvo como compañero de estudios al que sería un prestigioso físico y matemático: Mersenne. Por las aulas de los centros de los jesuitas fueron pasando alumnos que figurarían en un lugar destacado de la historia de la ciencia: los matemáticos Ceva, Montuela y Bragelogne; los astrónomos Cassini, Lalande, y Wendelin; los físicos Torricelli, Bossut, Réamur y Mut; el biólogo Spallanzani y los naturalistas Leclerc Bufón, Monet de Lamarck, Gratiolet, Pitto de Tournefort, Cavanilles…

El Maestro de Matemáticas de la Europa Católica

La formación matemática de Descartes era extraordinaria y constituyó la plataforma adecuada desde la que realizar sus relevantes aportaciones a esta disciplina. En su formación tuvo especial relevancia el libro de Algebra elaborado por el P. Cristoforo Clavio, profesor del Colegio Romano (futura Universidad Gregoriana). Esta institución académica fue concebida por San Ignacio como el modelo de todos los demás colegios y por ello acudieron a él los religiosos más eximios de la Compañía. Entre ellos se encontraba Clavio.

Clavio era bávaro de nacimiento y enseñó en el Colegio Romano durante casi 45 años. El Papa Sixto V dijo de él que si los jesuitas no tuvieran otros méritos, al menos el de haber producido un Clavio les sería suficiente. Todo un elogio. Algunos historiadores no dudan en considerarlo el maestro más influyente del Renacimiento. Sus cualidades pedagógicas le permitieron escribir unos manuales de Aritmética, Geometría, Álgebra y Astronomía que se utilizarían por todo el orbe católico.

Fue el primero en utilizar dos expresiones matemáticas que hoy nos parecen elementales: el punto para separar la parte decimal de la entera y el paréntesis para agrupar operaciones. Además, Clavio tuvo un concurso especialísimo en la confección del calendario gregoriano y fue maestro de figuras tan ilustres como el jesuita Mateo Ricci, reverenciado en China, cuyas autoridades comunistas han celebrado sus aniversarios con grandes fastos.

Con maestros así es más fácil

Pero el prestigio que alcanzó el Colegio Romano no es debido únicamente a Clavio. Hay otros profesores muy destacados.

El padre Christóforo Scheiner descubrió las manchas solares antes que Galileo (en enero de 1612; Galileo las descubrió en marzo; aunuqe es verdad que -sin saberlo ellos- se les había adelantado el astrónomo y pastor luterano David Fabricius en junio de 1611). Además fabricó el primer telescopio terrestre y realizó estudios sobre el ojo publicando "Oculus", obra en que describe correctamente que es en la retina donde se percibe la luz.

El padre Atanasius Kirchner (o Kircher), cuyo afán investigador le empujó a deslizarse por el interior del cráter del Vesubio, es el creador de la Geología Moderna. Polifacético descubridor, investigador del mundo oriental y de la medicina, fue el primero en defender que las enfermedades eran causadas por microorganismos.

Rudjer Joseph Boscovich, jesuita, físico, astrónomo, matemático, filósofo, diplomático y poeta, cuyo trabajo influyó en personajes de la talla de Laplace, Gauss, Euler y Jacobi, es considerado el precursor de la teoría atómica e incluso esbozó algunas ideas de la teoría de la relatividad.

Sobre los jesuitas se ha escrito muchísimo y han estado durante siglos en el punto de mira. Algunos no dudan en atribuirles algunos de los males endémicos de nuestra sociedad. Pero los hechos hablan por sí mismos y muestran la importancia que han tenido muchos de estos religiosos, como mínimo en el desarrollo de la ciencia experimental.
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