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  Viernes, 3 de septiembre de 2010
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12/02/2007 - La firma
Fabricando mileuristas
Profesores de universidad me confiesan que estudiantes de diversas carreras se sacan el título sin leerse ni un sólo libro.
El presente estudiantil incluye incertidumbre ante el futuro laboral
Àlex Seglers

Decía Álvaro D’Ors que «la Universidad de hoy es de promoción social y no de selección profesional.» Cuanto se quiera pensar o decir sobre la crisis de la Universidad debe partir de este principio.

Existen también factores estructurales y datos objetivos sobre la enseñanza superior. Según el ARWU (Academic Ranking of World Universities) y el THES (The Times Higher Education Supplement), ninguna de nuestras Universidades figura entre las cien mejores del mundo.

Aunque el objetivo debe ser la apuesta por la enseñanza selectiva, en general el sistema se basa en la promoción social. Sin embargo, sucede que esta promoción social a través del empleo cualificado y bien retribuido es, en muchísimos casos, ilusoria.

El otro día me encontré a una recién licenciada. Después de saludarnos charlamos un rato y me dijo que, en el fondo, se consideraba afortunada: había encontrado un trabajo más o menos relacionado con sus estudios, y del sueldo no podía quejarse: cobraba casi 800 euros brutos al mes. Es decir, que no llega a la condición de “mileurista”.

Vaya –le comenté–, estás como yo durante los años que me dediqué al Doctorado, la redacción de la Tesis, investigar en Italia, Canadá y Francia, publicar varios libros y suplir a mi maestro en las tareas docentes, aunque mi sueldo por entonces no llegaba a los 700 euros brutos.

Esta es la realidad imperante para la mayoría de universitarios. Tanto para los que optan por la investigación y la docencia como para los que terminan su licenciatura. De nada sirve que gobiernen unos u otros. La sensación que experimenta el alumnado sigue siendo la misma que experimenté yo cuando fui estudiante. Becas y salarios insuficientes, hipotecas que lastran proyectos emancipatorios e incertidumbre ante el porvenir.

Priorizar la supuesta promoción social extiende la idea de la “titulitis”. Se piensa que con un título todo está resuelto. Parece como si, por el mero hecho de matricularse, el título sea un derecho adquirido para cuya obtención no hay que esforzarse.

Esta perniciosa inercia, y el exceso de Universidades de proximidad, han generado una mentalidad a veces colegial, en el sentido de que para muchos alumnos el paso a los estudios universitarios no entraña un salto cualitativo respecto a sus etapas anteriores. No todos asisten a las clases con la suficiente regularidad; las asignaturas por créditos y las prisas por “sacárselos de encima” hacen que acaben matriculándose en más materias de las que objetivamente pueden digerir.

El sistema –pero también el entorno familiar y social– no promueve las inquietudes necesarias para desarrollar un sentido crítico: las lecturas se ciñen a los apuntes, con lo que el vacío intelectual y la profundización calmada en el saber son preocupantes. Algunos colegas me han llegado a confesar que estudiantes de diversas licenciaturas han obtenido el título sin leer siquiera un libro.

Lo diagnosticado hace años por D’Ors se ha cumplido. Pero la esperanza continúa: la Universidad de la promoción social no es óbice para que siga habiendo alumnos conscientes de que su futuro profesional está en juego durante sus decisivos años universitarios… ¡aunque de momento sea como eternos “mileuristas”!

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