“El anticristo se presenta como pacifista, ecologista y ecumenista”, recordó el cardenal Giacomo Biffi este martes, 27 de febrero, ante Benedicto XVI y la Curia Romana.
Biffi, arzobispo emérito de Bolonia, citando la obra Tres diálogos (1899) de Vladimir S. Soloviev, recordó “la advertencia profética de Soloviev”: El anticristo, en realidad, consiste en “reducir al cristianismo a una ideología”, en vez de ser un encuentro personal con Cristo salvador.
Haciendo referencia a lo que escribió el gran filósofo y poeta ruso, que vivió entre 1853 y 1900, el cardenal Biffi citó que “llegarán días en los que en la cristiandad se tratará de resolver el hecho salvífico en una mera serie de valores”.
Según información publicada por la agencia ZENIT, el también predicador de los ejercicios espirituales reseñó que el anticristo “convocará un Concilio ecuménico y buscará el consenso de todas las confesiones cristianas, concediendo algo a cada uno. Las masas le seguirán, a excepción de pequeños grupos de católicos, ortodoxos y protestantes”.
El eje, Jesucristo
Según la síntesis de su predicación, ofrecida por Radio Vaticano, el cardenal explicó que “la enseñanza que nos dejó el gran filósofo ruso es que el cristianismo no puede ser reducido a un conjunto de valores. En el centro de ser cristianos está, de hecho, el encuentro personal con Jesucristo”.
En su Relato sobre el anticristo Soloviev prevé que un pequeño grupo de católicos, ortodoxos, e hijos de la Reforma resistirán y le responderán al anticristo: “Tú nos das todo, menos lo que nos interesa, Jesucristo”
Para el cardenal Biffi esta narración es una advertencia. “Hoy, de hecho, corremos el riesgo de tener un cristianismo que pone entre paréntesis a Jesús con su Cruz y Resurrección”, lamentó.
El arzobispo explicó que, si los cristianos se “limitaran a hablar de valores compartibles serían mejor aceptados en los programas de televisión y en los grupos sociales. Pero de esta manera habrían renunciado a Jesús, a la realidad sobrecogedora de la Resurrección”.
El peligro de nuestros días
Para el purpurado italiano, este es “el peligro que los cristianos corren en nuestros días”: “El Hijo de Dios no puede ser reducido a una serie de buenos proyectos homologables con la mentalidad mundana dominante”.
Sin embargo, precisó Biffi, “esto no significa una condena de los valores, sino que éstos deben ser sometidos a un atento discernimiento. Hay valores absolutos, como el bien, la verdad, la belleza. Quien los percibe y los ama, ama también a Cristo, aunque no lo sepa, porque Él es la verdad, la belleza, la justicia”.
Al mismo tiempo, “hay valores relativos, como la solidaridad, el amor por la paz y el respeto por la naturaleza. Si estos se convierten en absolutos, desarraigando o incluso oponiéndose al anuncio del hecho de la salvación, entonces estos valores se convierten en instigación a la idolatría y en obstáculos en el camino de la salvación”, precisó el prelado en la capilla ‘Redemptoris Mater’ del Palacio Apostólico del Vaticano.
Al concluir, el cardenal Biffi afirmó que “si el cristiano para abrirse al mundo y dialogar con todos diluye el hecho salvífico, se cierra a la relación personal con Jesús y se pone de parte del anticristo”.
Afrontar el sufrimiento
Por otra parte, Giacomo Biffi señaló este miércoles, día 28, en sus meditaciones en los ejercicios espirituales de los que participan el Papa y la Curia Vaticana, que “el sufrimiento se debe afrontar con una confidente y apasionada búsqueda de Dios en la oración”.
El prelado, al recordar la importancia del Jueves Santo, precisó que “la Eucaristía es esencialmente una memoria capaz de rememorar dos milenios de historia de la humanidad, muchas veces perdida y descuidada, para colocar al Hijo del Creador entre las manos de sus criaturas.”
“Esta conciencia cristiana es lo opuesto al hombre de nuestro tiempo, el cual está condicionado por la sutil agonía de saber cuál es su sitio en el mundo variado de la Creación”, dijo Biffi.
Al referirse al Viernes Santo, el arzobispo emérito de Bologna subrayó “la humanidad de Jesús: lo sentimos cercano con la intrínseca debilidad de su oración, la repulsión del sufrimiento que sin embargo se convierte en un ofrecimiento al Padre. Y Cristo, a un paso de consumar su Pasión, se convierte en el primer sacerdote que intercede por la humanidad”.
“En la hora de la agonía Jesús para vencer la debilidad de la prueba reza todavía más intensamente”, agregó y anotó que esta acción “nos muestra como hay que afrontar el sufrimiento por parte de un cristiano: no con la rebelión estéril o al recurso a filosofías no resolutivas ni a través de un estoicismo valiente. El sufrimiento se debe afrontar con una confidente y apasionada búsqueda de Dios en la oración”.
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