A muchos niños la palabra Cuaresma les suena a “reglas”: no carne, menos dulces, “toca sacrificio”. Pero si se queda ahí, se vuelve una lista pesada e insoportable. La buena noticia es que la Cuaresma tiene un sentido precioso y muy humano que los más pequeños con capaces entender super bien:
es un entrenamiento del corazón para amar mejor.
1) Empecemos por la gran idea: no es “cumplir”, es amar más a Jesús
Puedes decirles algo así: “La Cuaresma es un camino para volver a Dios con más cariño. No se trata solo de portarnos bien, sino de dejar que lo que hacemos por fuera cambie lo que somos por dentro.”
Por eso, aunque haya prácticas concretas, la meta es más profunda: que el sacrificio exterior toque el corazón. Y aquí cabe una frase muy directa para toda la familia:
“Si ayunas pero no perdonas, si te abstienes pero no amas… te quedaste en la superficie.”
2) ¿Qué es el ayuno? (y cómo explicarlo)
El ayuno no es una “dieta espiritual” ni una forma de presumir fuerza de voluntad. Es un acto de libertad: aprendemos que no todo lo que queremos, lo necesitamos.
También es una forma de educar el deseo, de ordenar lo que sentimos para que Dios sea lo primero.
En lo práctico, la Iglesia propone un mínimo muy concreto:
-
Una comida fuerte al día.
-
Dos comidas pequeñas que juntas no igualen la fuerte.
-
Evitar comer entre comidas.
Se vive especialmente en Miércoles de Ceniza y Viernes Santo, y obliga normalmente a personas de 18 a 59 años (quien no puede por salud u otra situación seria no está obligado).
Para los niños, lo clave es adaptar el mensaje: “Tú no tienes que hacer lo mismo que mamá o papá. Tu ayuno puede ser algo pequeño y real.” Por ejemplo: no repetir postre, elegir agua en vez de refresco, o renunciar a una golosina y ofrecerlo con una intención.
Y aquí una frase que les puede ayudar a entender: “Ayunar es dejar espacio.” Espacio para rezar, para pensar en otros, para agradecer. Como dice el Evangelio: “No solo de pan vive el hombre”.
3) ¿Qué es la abstinencia? (más que “no carne”)
La abstinencia tampoco es despreciar la carne ni creer que ciertos alimentos son “malos”. Es renunciar a algo legítimo por amor y recordar el sacrificio de Cristo, especialmente cuando la Iglesia nos invita a hacerlo.
En lo práctico, la Iglesia nos invita a:
-
No comer carne.
-
Elegir pescado u otra comida más sencilla.
Se vive los viernes de Cuaresma y obliga desde los 14 años (con excepciones si hay motivos de salud o situaciones graves).
Con los hijos, funciona decir: “Hoy comemos sencillo para acordarnos de Jesús y para aprender a agradecer.”
La abstinencia forma un corazón agradecido: enseña que mucho de lo que tenemos es regalo.
4) La clave familiar: convertir sacrificio en amor concreto
Para que no se quede en “comida sí/comida no”, unan las prácticas a acciones visibles:
-
Perdón: pedir perdón en casa, hablar con respeto.
-
Oración breve: “Jesús, te lo ofrezco por…” antes de comer.
-
Caridad: lo que se ahorra, aunque sea simbólico, se comparte (un gesto con alguien cercano).
Al final, puedes resumirles a tus hijos el sentido de la Cuaresma con tres frases simples:
-
El amor se demuestra.
-
El cuerpo también participa en la fe.
-
El sacrificio educa el alma.
Eso es la Cuaresma: no una carga sin razón, sino un entrenamiento para amar mejor, y todavía es más guay…en familia.










