El padre Ariel Passeti acusa al popular predicador de tibieza y cobardía tras asegurar que no derogaría las leyes del aborto si llegara a la presidencia de Argentina
«Cuando no se protege al más débil ya no es neutralidad, es abandono», advierte el sacerdote argentino desde la Doctrina Social de la Iglesia
El debate reabre una cuestión central para millones de cristianos: si se puede mantener una fe auténtica mientras se renuncia públicamente a defender la vida inocente
Durante décadas, Dante Gebel se ha convertido en uno de los rostros más conocidos del protestantismo evangélico en el mundo hispano. Nacido en Argentina y formado inicialmente junto al mediático pastor Héctor Giménez, alcanzó una enorme popularidad en los años noventa y principios de los dos mil gracias a multitudinarios eventos religiosos dirigidos especialmente a jóvenes.
Llenó estadios como River Plate, Vélez o Boca Juniors, mezclando predicación, espectáculo, música, humor y grandes producciones audiovisuales. Con el paso de los años trasladó su actividad a Estados Unidos, donde fundó River Church en California, una megaiglesia convertida también en potente plataforma mediática dirigida al público hispano.
Más recientemente, su nombre comenzó incluso a sonar como posible candidato presidencial en Argentina de cara a las elecciones de 2027. Y precisamente esa creciente dimensión política ha sido la que ha desencadenado la actual polémica.
En unas declaraciones recientes, Gebel aseguró que, aunque mantiene sus «convicciones cristianas», si algún día llegara a la presidencia no impulsaría la derogación de leyes como el aborto o el matrimonio homosexual.
«No estaría ni en contra ni a favor del aborto», afirmó.
Aunque aseguró conservar intactas sus convicciones religiosas, añadió que jamás entendería el poder ejecutivo como un instrumento para intervenir sobre las decisiones del legislativo.
Con ello, Gebel pretendía probablemente proyectar una imagen moderada y transversal ante una eventual carrera política. Pero sus palabras han terminado generando exactamente el efecto contrario: abrir una profunda discusión sobre la coherencia entre la fe cristiana y la acción pública.
Porque el problema señalado por muchos creyentes no es únicamente político, sino espiritual.
Cristo fue extraordinariamente claro: «No se puede servir a dos señores».
Y precisamente esa parece ser la gran contradicción que el padre Ariel Passeti ha querido denunciar en su contundente respuesta.
«Una convicción que no actúa no es convicción»
Lejos de suavizar el debate, el sacerdote argentino respondió frontalmente a las declaraciones de Gebel.
«¿Para qué decir esas convicciones cristianas si después no se traducen en decisiones concretas en favor de la vida?», preguntó.
Y añadió una frase que se ha convertido en el núcleo de toda la polémica:
«Una convicción que no actúa no es convicción, es comodidad».
La acusación es devastadora porque apunta directamente al corazón del problema contemporáneo: una fe reducida a sentimiento privado, incapaz de asumir consecuencias públicas cuando aparece el riesgo de perder prestigio, votos o aceptación social.
Para el padre Ariel Passeti, no existe verdadera coherencia cristiana cuando alguien afirma creer en la dignidad de toda vida humana y, al mismo tiempo, renuncia explícitamente a proteger jurídicamente al más indefenso.
«Cuando no se protege al más débil ya no es neutralidad»
El sacerdote insistió además en que el aborto no puede abordarse como una cuestión secundaria o neutral desde el punto de vista moral.
«Puede ser que una ley no resuelva los problemas de la humanidad, pero sí protege la vida del inocente».
Y después lanzó la frase más contundente de toda su intervención:
«Cuando no se protege al más débil ya no es neutralidad, es abandono».
Ahí desaparece cualquier intento de refugiarse en una supuesta imparcialidad política. Porque la neutralidad frente a la eliminación de vidas inocentes termina convirtiéndose inevitablemente en complicidad pasiva.
La Doctrina Social de la Iglesia siempre ha defendido que la política no puede desligarse completamente de la verdad moral ni del bien común. Y entre todos los bienes que una sociedad debe custodiar, ninguno resulta más básico que el derecho a la vida.
Por eso Passeti rechaza frontalmente la idea de un gobernante cristiano que decida ocultar sus convicciones para resultar aceptable al clima cultural dominante.
«El gobernante cristiano no está para esconder la fe, sino para ordenar la vida social según la verdad, según el bien común, según la justicia», afirmó.
La tibieza que denuncia el Evangelio
La respuesta del sacerdote argentino no se limita a una crítica política. Tiene un trasfondo profundamente evangélico.
Porque el problema de fondo no sería simplemente una estrategia electoral equivocada, sino la tentación de agradar simultáneamente al mundo y a Dios.
Passeti recordó unas palabras especialmente incómodas de Cristo:
«Porque eres tibio y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca».
La tibieza aparece así como el gran riesgo de ciertos líderes religiosos contemporáneos: conservar el lenguaje cristiano mientras se vacía progresivamente de consecuencias reales.
No es casualidad que el sacerdote haya insistido tanto en la coherencia.
«La gente busca personas que digan y defiendan lo que creen. Que sean coherentes».
Porque en un tiempo marcado por el relativismo y el cálculo permanente, muchos creyentes no esperan políticos perfectos, pero sí hombres capaces de asumir el precio de sus convicciones.
«Que no paguen un cargo político con la vida de los más indefensos»
La frase final de Passeti resume toda la gravedad moral de la cuestión.
«Que no paguen un cargo político con la vida de los más indefensos. Que se la jueguen».
Ahí aparece claramente la acusación implícita de cobardía.
Porque para el sacerdote argentino, el verdadero problema no es perder unas elecciones por defender la vida, sino sacrificar la defensa de la vida para intentar ganar unas elecciones.
Y precisamente ahí es donde las palabras de Gebel han generado tanta decepción entre numerosos cristianos.
Durante décadas, el pastor protestante construyó una imagen de predicador valiente, capaz de hablar a estadios enteros y movilizar a miles de jóvenes con un lenguaje directo y emocional. Pero ahora, cuando la posibilidad del poder político aparece en el horizonte, muchos perciben un repliegue hacia posiciones deliberadamente ambiguas.
La cuestión ya no es únicamente qué piensa Dante Gebel sobre el aborto.
La verdadera pregunta es si un cristiano puede seguir proclamando el Evangelio mientras acepta callar públicamente cuando está en juego la vida de los más indefensos.




