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Desengañados

Todos pasamos por este apuro. Quien más, quien menos sabe qué es sentirse descorazonado ante las miserias que los demás le provocan, algunas conscientemente, sí, pero la mayor parte involuntarias y fruto del propio devenir de la vida y su desarrollo y desplegadura en la realidad de todo ser humano. ¿Qué hacer, ante un desengaño? En todo caso, dependerá de la idiosincrasia de cada suceso en particular, pues nada hay que sea, en este tema, generalizable, como no sea las virtudes que se necesitarán para afrontarlo; esas son básicamente las que se encuentran recogidas en las sabias Bienaventuranzas que Jesús proclamó ante sus discípulos queridos. Debemos vivir amando a Dios y su voluntad sobre todas las cosas, “como si todo dependiera de ti, sabiendo que todo depende de Dios” (san Ignacio de Loyola).

Tomemos por ejemplo una decepción en el trabajo. ¿Quién ha sido el sujeto desencadenante? ¿Posee alguna responsable ascendencia o sabio predicamento sobre la víctima? ¿Ha sido provocada, o quizás más bien aquello que podríamos llamar rutinaria? ¿Tiene alguna relación con el trabajo mismo o es choque de caracteres? ¿Hay en ambas partes voluntad de perdón y resarcimiento?

Ya vemos. La vida es dura, y debemos afrontarla como se nos presenta, lejos de adoptar una actitud escamoteadora de cualquier contradicción –por miedo, comodonería o temeridad-, puesto que hacerlo complicará aún más las cosas y hasta puede llegar a eternizarlas y enquistarlas tanto en el entorno laboral como en la vida personal de ambos sujetos implicados, su espíritu y su físico.

“¡Adelante, a toda vela!” es una expresión que puede enraizar consciente o inconscientemente en la personalidad de quien de verdad está dispuesto a ir al grano de la propia existencia y afrontar los acontecimientos como voluntad del Dios Padre de todos que nos quiere el máximo bien y nos ha dado ejemplo de llegar a dar su vida por nosotros. ¿Lo haremos nosotros?, ¿…o al menos, nos uniremos a su Cruz para redimir nuestro pecado y el del mundo? ¿Estamos dispuestos a superar el escollo y salir de él fortalecidos en nuestro reconocimiento y nuestro ánimo? Una sonrisa suele ayudar a hacerlo, además de colaborar a salvaguardar la salud emocional e incluso física de quien no busca su propia voluntad, sino la de Dios Creador. El Maestro que sabe bien –desde su perspectiva de eternidad- cómo son en realidad las cosas y cómo deben ser. Así seremos endiosados. ¡Y a vivir!

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