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El cura de Salvatierra de los Barros no quiso huir y lo decapitaron

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Cuatro beatos mártires del siglo XX en España terminaron su pasión el martes 15 de septiembre de 1936: tres religiosos mercedarios —Mariano Alcalá, exmaestro general de la orden, Pedro Armengol y Antonio Lahoz,— asesinados en la provincia de Teruel y un sacerdote secular –Pascual Penadés– que lo fue en la de Valencia.

En Rumanía se conmemora el martirio de san Nicetas el Godo (370); en Japón e Italia, el del beato sacerdote jesuita Camillo Costanzo (1622); en Polonia y Alemania, del sacerdote Ladislao Miegon en Dachau (1942); en Italia, del beato sacerdote Giuseppe Puglisi (1993). En Rusia, la Iglesia ortodoxa ha glorificado a 19 mártires de este día: siete de 1918 (el obispo Varsonofy Lebedev, la abadesa Serafina Sulimova los laicos Nicolás Burlakov, Anatoly Barashkov, Miguel Trubnikov y Felipe Maryshev; más el sacerdote Juan Ivanov que fue ejecutado cuatro días después) y 12 de 1937: los obispos Germán Ryashentsev y Damasceno Tsédric; los sacerdotes Víctor Basov, Eutimio Goryachev, Esteban Ermolin, Juan Melnichenko, Vladimiro Morinsky, Pedro Novoselsky, Juan Smolichev, Teodoro Shatokhin, y Esteban Yaroshevich, más el laico y excomunista Pablo Elkin.

Pedro Gómez Asensio, asesinado por no huir

Dado que los mártires del día ya han sido biografiados, exploro aquí el caso del sacerdote ecónomo de la localidad pacense de Salvatierra de los Barros, de 50 años, asesinado en la noche del 26 de agosto de 1936. Según la documentación de la Causa general (legajo 1053, expediente 43), no se puede determinar quién lo mató porque el crimen se produjo en la calle A. Rodríguez en un tumulto de milicianos llegados de Burguillos del Cerro (el 7 de agosto los nacionales comandados por Barrón habían tomado Zafra y Almendralejo).

Según la información firmada por el alcalde y el secretario del ayuntamiento el 23 de octubre de 1940, no hubo destrucciones ni robos en el pueblo, ni resultó dañada ninguna persona aparte del sacerdote asesinado, ya que los milicianos que venían de Burguillos (no se dice que fueran de allí) «se personaron en esta, con idea expresa de cometer este crimen y otros más, que no llevaron a efectos, por darse a la huida de sus domicilios las personas predispuestas a ellos».

Otro punto interesante de la documentación, que puede verse en Wiki Martyres, es que cuando en 1941 se pregunta si hay enterramientos fuera del cementerio, inicialmente se responde que no, pero luego se reconoce que hay dos enterramientos con ocho cadáveres, de personas del bando republicano, entre las cuales se cuentan dos mujeres no naturales del pueblo (sin embargo, se dan sus nombres y profesiones, como para los demás, luego eran conocidos). Todos «cayeron en choque contra las fuerzas nacionales que se hallaban destacadas en aquel sector», afirma el 15 de julio de 1941 el alcalde Joaquín Rodríguez. Puesto que los enterramientos «reunen la debidas garantías de salubridad y seguridad» (según otra persona distinta -Vicente B.-, pero que firmaba como alcalde el 2 de junio anterior), el fiscal instructor de Badajoz, Gómez Degano, ordena no tomar ninguna medida (de haber sido víctimas de los revolucionarios, los habrían exhumado y llevado al cementerio sin duda), ni siquiera la de comunicar el dato al gobernador civil.

En proceso de beatificación. Le decapitaron y jugaron con su cabeza

Aunque solo pensé encontrar algo sobre este asesinato en la Causa general, el nombre de Pedro Gómez Asensio permite encontrar la fotografía del sacerdote y algo sobre su biografía, ya que está en proceso de beatificación, en una causa con otros 34 sacerdotes, religiosos y laicos de la diócesis de Mérida-Badajoz. Precisamente la información publicada por la archidiócesis da más detalles sobre lo sucedido: el sacerdote estaba entre las personas detenidas el 20 de julio, cuya puesta en libertad el 20 de agosto autorizaron el alcalde y el presidente del comité revolucionario antes de fugarse por la cercanía de los nacionales. Enterados los milicianos de Burguillos, fueron a Salvatierra, según este relato, con la pretensión de hacer prisioneros; pero los que habían sido presos debían imaginar que les esperaba algo peor, razón por la que se escondieron todos menos el cura. Su biografía especifica que antes de morir, gritaba: «¡Virgen del Carmen, perdóname!» y que sus asesinos jugaron con su cabeza, incluso le cortaron las piernas.

Lápida en recuerdo del padre Pedro Gómez.
Lápida en recuerdo del padre Pedro Gómez.

En la ermita del Cristo de las Misericordias, antigua casa rectoral (donde por tanto vivió don Pedro Gómez) hay desde 2012 una placa que -puesto que la anterior mencionaba que lo habían asesinado «los marxistas»- pide oraciones también por todas víctimas inocentes de «la intolerancia de cualquier signo».

Placa retirada por el Ayuntamiento de Salvatierra de los Barros.
Placa retirada por el Ayuntamiento de Salvatierra de los Barros.

La lápida anterior estaba en el lugar de la avenida de Extremadura (en la época llamada de don Ángel Rodríguez) donde había un pozo y se retiró por orden del Ayuntamiento. Por esta noticia sabemos también que los restos del sacerdote están bajo el altar mayor de la iglesia parroquial de su pueblo natal, Alconera. En esta placa la fecha del crimen era el 27, en la nueva la madrugada de ese día (en vez de la noche del anterior).

Puede leer la historia de los mártires en Holocausto católico (Amazon y Casa del Libro).

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