Este fin de semana, los católicos tenemos una cita en el cine

Familia, Iglesia

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Ayer tuvimos la oportunidad de asistir en el Cerro de los Ángeles al preestreno de Sagrado Corazón. Su Reino no tendrá fin, la película que llega hoy, viernes 11 de septiembre, a los cines españoles de la mano de Bosco Films.

Y queremos comenzar este editorial con una recomendación muy sencilla: vayan a verla. Y, si pueden, vayan a verla este fin de semana.

Lo decimos, en primer lugar, porque merece la pena. Sagrado Corazón es una buena película. Una docuficción bien realizada, cuidada y capaz de acercarnos, desde la historia y desde testimonios contemporáneos, a una de las grandes espiritualidades de la Iglesia: la del Corazón de Jesús.

Pero hay además una segunda razón, mucho más práctica, sobre la que volveremos después: es importante que los católicos aprendamos también a respaldar con nuestra presencia aquellas iniciativas culturales que merecen la pena.

Un Corazón que sigue hablando al hombre de hoy

La película de Sabrina y Steven J. Gunnell nos lleva hasta Paray-le-Monial, donde entre 1673 y 1675 santa Margarita María Alacoque recibió las apariciones que darían un impulso decisivo a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Una espiritualidad que se extendería extraordinariamente durante los siglos posteriores —muy especialmente en el siglo XIX— y que ha marcado profundamente la vida espiritual de millones de católicos.

Pero uno de los mayores aciertos de la película consiste precisamente en no presentarla como una reliquia del pasado. Porque la espiritualidad del Corazón de Jesús está viva. Muy viva.

Y nos atreveríamos a decir que estamos asistiendo a una verdadera renovación de esta espiritualidad. Tal vez porque habla de algo de lo que nuestro tiempo está especialmente necesitado: de sabernos amados.

El Corazón de Jesús no es simplemente una devoción piadosa entre otras. Nos coloca ante el centro mismo del cristianismo: Dios ha amado al hombre hasta hacerse hombre; Cristo tiene un corazón humano; y ese Corazón herido y traspasado continúa diciéndole a cada persona que es amada personalmente por Dios.

En una sociedad paradójicamente hiperconectada y profundamente sola; en una cultura en la que tantas personas buscan desesperadamente identidad, reconocimiento y afecto, el mensaje del Corazón de Jesús posee una actualidad extraordinaria.

La película sabe mostrarlo. Recorre la historia, pero sobre todo nos presenta hombres y mujeres de nuestro tiempo para quienes el Sagrado Corazón no pertenece a un museo de espiritualidades antiguas, sino que constituye una realidad capaz de transformar la vida.

«No vienen simplemente a ver una película»

En el preestreno de ayer estaban presentes los propios directores, Sabrina y Steven J. Gunnell, matrimonio, padres de familia y fundadores de Krea Film-Makers. Y casi tan interesante como la película fue escucharles contar su historia.

Porque uno sale de allí con la sensación de que detrás de Sagrado Corazón hay mucho más que una operación cinematográfica.

Ellos mismos explicaron cómo el proyecto fue apareciendo de una manera que difícilmente habían podido planificar. La idea comenzó a tomar forma después de un encuentro providencial en 2023 en el santuario francés de Notre-Dame-du-Laus. Al profundizar en el Sagrado Corazón descubrieron además que se acercaba el jubileo de los 350 años de las apariciones de Paray-le-Monial. Una puerta fue abriendo otra.

Y lo que nació como una película relativamente pequeña se ha convertido en un fenómeno difícilmente explicable desde los parámetros habituales de la industria.

Sus previsiones iniciales eran extraordinariamente modestas. Pensaban en unas decenas de miles de espectadores. Sin embargo, solo en Francia la película ha superado ya el medio millón de entradas. Después llegaron Polonia, Italia, Estados Unidos y otros países. Lo que comenzó como una aventura cinematográfica de dimensiones modestas se ha convertido en un fenómeno internacional: la película ha superado ya el millón de espectadores en todo el mundo.

Para una producción de estas características, es algo verdaderamente extraordinario. Pero escuchando ayer a Sabrina y Steven comprendimos que ellos no hablan fundamentalmente de números.

Hablan de personas, de testimonios, de conversiones, de vidas tocadas. Hablan, en definitiva, de encuentros.

De hecho, esa fue una de las ideas que más nos impresionó de sus palabras y que queremos trasladar a quienes estén pensando si acercarse o no al cine este fin de semana: no se trata simplemente de ir a ver una película. Se trata de disponerse a un encuentro. A un encuentro con el Señor y con su Sagrado Corazón.

Ese es, en último término, el propósito de Sagrado Corazón.

Viernes, sábado y domingo: nuestra entrada también cuenta

Hay otra razón por la que publicamos precisamente hoy este editorial. En la industria cinematográfica, el primer fin de semana importa muchísimo.

Las salas y los distribuidores observan inmediatamente la respuesta del público. Una película que funciona conserva salas, horarios y semanas de exhibición. Una película que no alcanza determinados niveles de espectadores pierde sesiones rápidamente y puede desaparecer de la cartelera.

Por eso queremos hacer una petición muy concreta: los católicos españoles tenemos este viernes, sábado y domingo una pequeña responsabilidad.

Si queremos que exista cine de inspiración cristiana, tenemos que verlo. Si queremos películas que hablen de Dios, tenemos que comprar una entrada. Si queremos que productores, distribuidores y exhibidores comprueben que existe un público interesado en estas historias, ese público tiene que aparecer cuando cuenta.

No basta con lamentarnos de la cultura que tenemos. También tenemos que sostener la cultura que queremos. Cada entrada es, en cierto modo, un voto.

Los mercados culturales funcionan así. Las plataformas cuentan nuestros clics. Las editoriales cuentan los libros vendidos. Los medios cuentan lectores y suscriptores. Y los cines cuentan espectadores.

Por eso, ir a ver Sagrado Corazón este fin de semana tiene un doble valor. Primero, porque estamos convencidos de que quien vaya encontrará una película interesante, bella y espiritualmente sugerente. Y segundo, porque contribuirá a que pueda permanecer más tiempo en cartelera y llegar a muchas otras personas que quizá todavía ni siquiera saben que existe.

Bosco Films: ocupar nuestro lugar en la cultura

Y aquí queremos hacer un reconocimiento muy especial a Bosco Films, responsable de traer Sagrado Corazón a las salas españolas.

Detrás de Bosco Films está Lucía González-Barandiarán, su fundadora y CEO, que desde 2017 viene realizando una labor extraordinariamente valiosa para la presencia de los católicos en el mundo de la cultura.

Bosco Films nació con una intuición sencilla pero enormemente importante: buscar películas de calidad que dejen huella, que defiendan la dignidad humana, que planteen las grandes preguntas y que abran una ventana a la trascendencia.

Desde entonces ha contribuido a llevar a las salas españolas —y posteriormente a otros países— un cine que hace no demasiados años encontraba enormes dificultades para acceder a los circuitos comerciales. Producciones como Vivo, Libres y muchas otras han demostrado que existe un público para un cine que se atreve a hablar del alma, de la fe, de la vocación, de la Eucaristía, de la vida contemplativa o de los santos.

Lucía González-Barandiarán ha repetido en diversas ocasiones una idea que compartimos plenamente: el espectador tiene mucho más poder del que cree. Y es verdad.

Durante demasiado tiempo los católicos hemos pensado la presencia pública casi exclusivamente en términos políticos, educativos, sociales o asistenciales. Todo ello es imprescindible. Pero existe otro territorio decisivo en la formación de una sociedad: la cultura.

Las películas cuentan historias. Y las historias configuran la imaginación. Nos dicen qué vidas son admirables, qué amores merecen la pena, qué sacrificios tienen sentido, qué es la felicidad y, en último término, qué significa ser hombre.

Por eso es tan importante que existan iniciativas como Bosco Films.

Y por eso debemos reconocer la valentía, la profesionalidad y la perseverancia de Lucía González-Barandiarán y de todo su equipo. No se trata simplemente de «distribuir cine católico». Se trata de trabajar profesionalmente dentro de una industria tremendamente competitiva para conseguir que determinadas historias tengan la oportunidad de encontrarse con el gran público.

Eso también es presencia pública. Eso también es evangelización de la cultura. Y eso merece nuestro reconocimiento y nuestro apoyo.

Una presencia católica cada vez más viva

Hay algo esperanzador detrás de fenómenos como Sagrado Corazón.

Durante décadas pareció instalarse entre muchos católicos una cierta resignación: la cultura contemporánea avanzaba en una dirección y nosotros parecíamos condenados a contemplarla desde fuera, quejándonos de aquello que producía. Creemos que esa etapa está terminando.

Cada vez encontramos más productores, escritores, cineastas, músicos, empresarios, profesores, comunicadores y jóvenes creadores que han comprendido que los católicos no estamos llamados a abandonar la plaza pública, sino a habitarla.

No para construir un gueto cultural. No para hacer productos mediocres a los que haya que perdonar su falta de calidad porque son «católicos». Precisamente al contrario.

Estamos llamados a buscar la excelencia y a producir belleza. A contar buenas historias. A entrar con profesionalidad en el debate cultural. A mostrar, con obras y no solamente con discursos, que la mirada cristiana sobre el hombre sigue teniendo una inmensa capacidad para generar cultura.

Sagrado Corazón forma parte de ese movimiento.

Sabrina y Steven Gunnell han puesto su talento cinematográfico al servicio de una historia en la que creen profundamente. Krea Film-Makers asumió el riesgo de producirla. Bosco Films ha asumido el desafío de llevarla ahora a los cines españoles.

Ahora nos toca a nosotros.

Porque también el espectador forma parte de la cadena.

Por eso nuestra invitación para este fin de semana es muy concreta: busquen el cine más cercano, reserven una entrada y vayan a ver Sagrado Corazón.

Vayan con su marido o con su mujer. Con sus hijos, si tienen edad para verla. Con sus amigos. Inviten incluso a alguien que quizá esté más alejado de la fe.

Y vayan sabiendo que no se acercan únicamente a una sala para pasar noventa y cinco minutos delante de una pantalla.

Como nos recordaban ayer Sabrina y Steven Gunnell, quizá se estén disponiendo para algo mucho más importante:

un encuentro.

Un encuentro con Aquel que, hace 350 años, quiso mostrar a santa Margarita María su Corazón.

El mismo Corazón que sigue abierto. El mismo Corazón que sigue amando. Y el mismo Corazón que sigue buscando hoy el corazón del hombre.

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