El 13 de mayo pasado volvió a convertirse en una fecha clave para el Santuario de Fátima, donde miles de fieles conmemoraron las apariciones de 1917 en Cova da Iria. A pesar de varios días de lluvia y cielos grises, alrededor de 180.000 peregrinos se reunieron en la explanada del santuario para la celebración central. La noche anterior, en la tradicional procesión de las velas, participaron cerca de 250.000 personas, creando un mar de luz que iluminó todo el recinto.
Durante la Misa Internacional, el Patriarca de Lisboa, Rui Valério, invitó a los presentes a ir más allá de la devoción exterior: “No basta con admirar Fátima; es necesario vivir Fátima. No basta con encender una vela; es necesario convertirse en luz”. El prelado animó a los fieles a llevar esperanza, reconciliación y paz allí donde haya división o sufrimiento, recordando que la fe implica un compromiso activo con el mundo.
Ya en la misa del domingo, sorprendió ver a mujeres laicas dando la comunión, a pesar de que había un número considerable de sacerdotes. La Iglesia siempre ha entendido que la distribución ordinaria de la Eucaristía corresponde a quienes han recibido el sacramento del orden. Recurrir a ministros extraordinarios —hombres o mujeres— puede percibirse ciertamente como innecesario.
Un aniversario marcado por la memoria
Este año se cumplieron 45 años del atentado contra Juan Pablo II, quien siempre atribuyó su supervivencia a la protección de la Virgen de Fátima. Como gesto simbólico, se utilizó en la misa el cáliz que el propio pontífice regaló al santuario.
También se celebraron los nueve años de la canonización de los pastorcitos Francisco y Jacinta Marto, cuyo ejemplo fue destacado por Valério: “Cuando Dios encuentra un corazón dispuesto, una pequeña llama puede iluminar el mundo entero”.
Voces de fe y esperanza
Durante la adoración eucarística, la hermana Inês Vasconcelos, de las Siervas de Nuestra Señora de Fátima, invitó a unir el sufrimiento personal al de Cristo, siguiendo el testimonio de los pastorcitos. Recordó las palabras de Sor Lucía: “Espero en la protección del Inmaculado Corazón de María, que siempre será mi refugio y mi guía”.
La vigilia: luz, flores y oración
La noche del 12 de mayo, el santuario se llenó de velas y flores en una vigilia multitudinaria. El Patriarca recordó el núcleo del mensaje de la Virgen: oración, penitencia, conversión y confianza en Dios. Concelebraron más de 20 obispos, 200 sacerdotes y decenas de diáconos.
La imagen de la Virgen recorrió la explanada sobre una plataforma adornada con mil flores, entre hortensias, tulipanes, claveles, orquídeas y peonías, un trabajo que requirió unas diez horas de preparación.
Desde Roma, el Papa León XIV mencionó la celebración durante la audiencia general, destacando que los peregrinos reunidos en Fátima representan “la necesidad de consuelo, unidad y esperanza” del mundo actual.










