Vuestros pastores cambian de argumentos porque cambian como el viento, pues los protestantes no os basáis en una Verdad universal. Los católicos, en cambio, hemos “edificado sobre roca”, como pide Jesús (cfr. Mt 7,24-27; Lc 6,46-49). Esa roca es el mismo Jesús, que dejó como representante entre nosotros al Papa, el Pontífice (“puente”) entre el Cielo y la Tierra. Eso nos libra de todo chantaje humano a la sana doctrina dada por Jesús a Pedro y los doce Apóstoles, y de las trumpas y trampas del interés del momento. Por eso tu trumpeta, reprobado Trump, no suena para nosotros si no es para avisarnos del arrecife que puede hacer naufragar (si te escucháramos) la barca de nuestra Iglesia, sociedad de “santos” (cfr. Rm 15,14-16) entre la Humanidad caída.
Todos lo sabemos. Una roca es inamovible, incluso para las todopoderosas excavadoras que trabajan para poder construir… sobre roca, pues la roca es garantía de fortaleza y resistencia para el edificio (imagen de la Iglesia: 1 P 2,4-5). Por ello los católicos hablamos de un Dios (el Dios único y verdadero), que no se expande por la guerra, sino que vivifica con el Espíritu cuanto toca y hasta sin tocar: impulsa, si es preciso, como viento impetuoso, pero usualmente como suave brisa que acaricia el alma de quien Le busca o Le reclama (cfr. Gn 3,8; 1 R 19,11-13). Por eso los protestantes justificáis la guerra cuando se trata de expansión, mientras que los católicos hablamos del “Dios de la paz” (Is 9,6; Mt 5,9; Rm 12,18-21 ed altri): Él es Quien inspira nuevas conversiones entre los pueblos de la Tierra. Un mismo Dios sobre el papel, pero sentido distinto en el espíritu (y nuestro Espíritu es la Verdad: cfr. Jn 14,17).
Por eso, queridos hermanos estadounidenses protestantes, os suplico que luchéis cuanto podáis por acoger a ese Dios de paz, y tendréis paz en vuestras almas (y viviendo la paz Le encontraréis y Lo testimoniaréis); no la paz de saberse apoyados unos a otros (como ocurre con muchos de vosotros) por el falso humanismo pregonado por la masonería y otras sectas que tenéis tan escampadas en vuestro país e intentáis escampar fuera, sino por la hermandad en Cristo Jesús, cimentada en el Santo Padre, el Papa que nos ha dado Jesús y que vosotros rechazáis, aunque gobierna la familia humana de cuantos se saben hijos de un mismo Padre, Dios (Mt 23,8-9).
Me parece una buena idea, como expresión de cuanto decimos, la que está cristalizando en el aún nuevo movimiento de La Corriente, nacido por una iniciativa de sectores inspirados por el humanismo cristiano catalanes que aspiran a consolidar políticas de vida y no de muerte como las que estamos viendo y sufriendo en los últimos tiempos, tanto, que parecen justificar hasta el insulto público y el hostigamiento despiadado.
Tomad nota. Si todos somos hermanos (como decimos) todo descrédito gratuito no tiene cabida, y debe ser sustituido por el darnos la mano en lugar de promover el asedio y el descrédito, el deshonor y la degradación. Cataluña, origen del movimiento El Corrent, es para vosotros periferia, pero no ignoremos que está siendo usada por sectores globalistas que intentan usarla como laboratorio de ideas y procesos desde donde escampar (como réplica de vuestro país) ideas pseudohumanistas y pseudotodo por todo el orbe. ¿No podrías tomar, querido hermano Trump, ejemplo y nota?
Todos lo sabemos. Otros momentos de la Historia han sido testigos de que una considerada periferia ha logrado remover los cimientos que parecían sólidos, para pasar a voltear completamente los sentimientos más enraizados de las sociedades en cuestión. Esas realidades pueden darnos una idea de hasta qué punto un leve cambio (pero determinante) originado en el sentimiento puede impulsar una transformación radical que nos enriquezca a todos.
Así pues, Trump y cía, a vosotros que tanto habláis e investigáis sobre desarrollo personal, os llamo a cambiar vuestros sentimientos para cambiar vuestras vidas y las nuestras, sabedores de que cambiándonos podremos cambiar juntos el mundo, sobre todo si buscáis la complicidad de las sociedades que pretendéis, no por interés (como digo), sino por el amor cimentado en el Amor. Bueno será que sepamos todos abrazar el Espíritu que se nos ha dado (1 Co 2,10-15), para promover ese cambio de perspectiva y de esencia.
Para ello −puesto que como prueban las neurociencias y la buena geopolítica educativa, cambiando el lenguaje podemos cambiar el mundo− será bueno que cambiéis vuestra retórica demagógica que imponéis a golpe de eslogan (tan escampados ya por tantos países) por el lenguaje propio de hermanos, que es el amor. Hermanos, además, hijos de un mismo Padre que es quien nos da la vida y nos la sostiene mediante nuestra colaboración (Mt 23,8-9).
Convéncete. Tu trumpeta, capirote Trump, puede ser (si tú así lo quieres) solo un grito de rabia o un toque de avanzada. En buena parte, de ti depende, dado el predicamento que aún tienes en tu país y en el mundo, y en especial tu poder. Te animo, pues, a abandonar la estrategia del diablo (que es la división) y a cambiarla por el lenguaje del Dios Uno y Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, Familia que da su sangre vivificante a la familia humana.
Nunca he sido fan tuyo, aun si te veía como mal menor; pero ahora, con tus vapuleos al Papa y tus juegos pseudorreligiosos y los pseudotodo que cada vez más sufrimos todos, te has pasado, y ya ves que tus bases −tras tu capirotazo− se tambalean. Es la consecuencia de dejarse arrastrar por el ego, que siempre (antes o después) deriva en destrucción propia y ajena. Por eso te convendría cimentar sobre roca (Mt 7,24-27; Lc 6,46-49).
Antes de perder el equilibrio de que tan maestro te precias, rectifica (ya que no tienes agallas de pedir perdón) y quizás por ahí, si bien tu pecado necesitará la purga, quizás Dios se apiade de tu alma y te acoja tras un buen paso por el Purgatorio, que es donde los pecadores debemos purgar todo aquello que nos ensucia el alma y nos impide (por nuestra propia culpa) gozar de la Luz clara del Cielo, que nos augura el abrazo definitivo del Padre. Pero atiende: si no cambias, nada cambiará para Ti, y podrás ganarte el Infierno. Ese Infierno que tú (en vida) habrás escampado en tu alma… con un mal proporcional a tu poder en la Tierra, poder que habrás ya perdido (lejos del Cielo) para siempre.
Geopolítica educativa (XXI) – La trumpeta de Trump (2)
Twitter: @jordimariada
Ahora, con tus vapuleos al Papa y tus juegos pseudorreligiosos y los pseudotodo que cada vez más sufrimos todos, te has pasado, y ya ves que tus bases −tras tu capirotazo− se tambalean. Compartir en X








