fbpx

Empujan a dimitir a una profesora lesbiana por no comulgar con la identidad de género

La radicalidad de la ideología de género no admite debate. Por mucho que se disfrace de teoría científica, la realidad es que, a parte de inconsistente, se trata de una ideología totalitarista que quiere imponerse sin la menor reflexión. La reciente dimisión de una profesora universitaria por no comulgar con la identidad de género es el último ejemplo de ello.

Kathleen Stock, de 49 años, es una profesora lesbiana con una consistente carrera académica que se ha visto forzada a dimitir hace seis meses por, según explica ella en una reciente entrevista en el diario La Vanguardia, no estar de acuerdo con la ideología de género.

Stock nació en Escocia y vive en Brighton y convive con otra mujer con la que crían una hija de un año y dos hijos adolescentes de su primer matrimonio. Se declara de izquierda no progresista, y agnóstica y ha dimitido como profesora de Filosofía en la Universidad de Sussex.

“Creo que al desmentir la biología sus postulados, se refugian en la retórica emocional”, considera la académica sobre sus detractores y aspira a mantener debates desapasionados en los que nadie juegue a ofenderse y nadie amenace a nadie. Su postura es clara: “Soy mujer, y lo sería aunque me injertase un pene”.

Stock es víctima de el totalitarismo de las teorías de género, de cuyos adeptos denuncia «ataques y desprecios». «¿De parte de quién?», pregunta Víctor-M. Amela, el entrevistador: «De mi tribu: colegas, profesores universitarios, filósofos del mundo a los que consideraba compañeros…».

La académica afirma que le ha resultado insoportable oír «que soy tránsfoba, intolerante, ofensiva, peligrosa para mis estudiantes, y que me vaya a mi casa y me calle». Ella considera que querían calarla «por pánico a mis argumentos, el debate. Pedían que me despidiesen»

«Han atacado la puerta de mi despacho, he sufrido en mis clases y charlas protestas de grupos enmascarados con bengalas, y carteles insultantes, y amenazas físicas…», explica y apunta que la policía le aconsejó «que me protegiese».

Stock denuncia que la universidad «Debería ser espacio de debate intelectual. Pero están imponiéndose banderías emocionales en toda la sociedad». Se define «de izquierdas no progresista», por lo que considera que se la ha atacado y explica: «La izquierda progre amista con el capitalismo y abona el individualismo liberal, incluida la teoría de identidad de género».

«¿Qué propone dicha teoría?», le pregunta el periodista, «Que el género es subjetivo y tú decides si eres mujer u hombre. ¡Esto es aberrante!», responde. «Que cada uno decida qué le gusta, ¿no?», insiste Amela. «Claro que sí, pero por tus apetencias no vas a dejar de ser un hombre o una mujer», conjetura Stock, que añade: «Tu sexo lo determinan tus cromosomas. Tu sexo es una realidad biológica. Todas tus células son de hombre o son de mujer».

El periodista se muestra completamente alineado con las ideologías: «Si me hormono y me opero, seré mujer», afirma, la entrevistada rebate: «Serás hombre con morfología de mujer». «Si transiciono, merezco protección», insiste, «Claro, mereces ser protegido de discriminación laboral o legal. Ni temo ni odio a las personas trans: ¡las abrazo! Pero los transactivistas repudian mis reflexiones»

«Los espacios públicos solo para mujeres, como unos baños, deben protegerse y no admitir en ellos a un hombre que se haya autoasignado el género femenino», prosigue Stock, «¿Esto está sucediendo?», pregunta un ingenuo Amela: «Sí, y criticarlo me convierte en tránsfoba, para un activista trans. Y critico que un hombre autoasignado mujer ingrese en una residencia o cárcel de mujeres».

Stock argumenta lo obvio, que la identidad de género roba derechos a las mujeres: «Si en un equipo de fútbol de mujeres se acepta a un hombre autoasignado mujer: ¿se protege o desprotege a las mujeres?».

«Veo machismo en borrar la distinción hombre-mujer: es decir, que el sexo es solo un maquillaje. Eso atenta contra la humanidad. ¡Pregunte a sus lectoras mujeres!», afirma. A la preguna «¿Qué es una mujer?», responde: «Una hembra que llega a la edad adulta. Yo soy mujer, y aunque me injertase un pene y me hormonase yo seguiría siendo yo».

«Aumenta el número de jóvenes que transicionan», afirma Amela, «Claro, han oído que cambiar de sexo es sencillo y sano. Y cuando yo cuestiono esto, ya sé que incurro en un gran tabú», responde la profesora. Amela se muestra condescendiente con la entrevistada, «¿Es solo por lo que los jóvenes oyen? Algo más habrá, profesora…», «Es verdad que la mayoría son autistas», responde. El periodista la increpa: «Pero ¿cómo se atreve a decir esto?». La académica concluye: «Hay bastantes estudios publicados, léalos. O hay casos de fetichismo. O de atracción hacia su sexo. O quieren escapar de su feminidad (no ser mujer-objeto) o masculinidad (no ser macho-tóxico)…».

Stock cierra afirmando: «No, yo soy única y soy mujer, tú eres único y eres hombre. Esto es así, ningún capricho capitalista doblegará a la biología».

Print Friendly, PDF & Email
¿Te ha gustado el artículo? Ayúdanos con 0,50€ para seguir haciendo noticias como esta
' Donar 0,50€

No se han encontrado resultados.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

Menú