Un nuevo estudio demuestra que los deportistas transexuales tienen ventaja en el deporte femenino

(Tony Perkins/Daily Signal) Una de las primeras cosas que Joe Biden prometió hacer como presidente es abolir el deporte femenino. El ex vicepresidente de Obama insiste en que “la igualdad de los transexuales es la cuestión de los derechos civiles de nuestro tiempo”. Es lo justo, argumenta Biden. ¿Pero lo es? Una nueva investigación publicada en el British Journal of Sports Medicine dice que no.

Ha sido uno de los debates más acalorados del último año: se ha dado en los rings de boxeo, en los comités olímpicos e incluso en las pistas de atletismo de los institutos. ¿Debería permitirse a los niños biológicos competir contra las niñas en nombre de la inclusión? Personas de todo el espectro político se han puesto de acuerdo: no deberían.

Y en una improbable coalición, vemos cómo algunos destacados activistas LGBT se han unido a a los conservadores para luchar por el derecho a mantener la competición en igualdad de condiciones.

Han surgido grupos como Save Women’s Sports, que trabajan en los parlamentos de cada estado de Estados Unidos para mantener separados los dos géneros. “Creemos firmemente que todo el mundo debería tener la oportunidad de competir, pero la verdadera paridad deportiva para las mujeres exige que se proteja el deporte femenino para las mujeres biológicas“.

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Resulta que la ciencia les da la razón. En un estudio que incluso la NBC se sintió obligada a cubrir, el Dr. Timothy Roberts descubrió que los hombres que se someten a una transición femenina siguen teniendo una ventaja biológica competitiva.

Roberts hizo estos descubrimientos estudiando a hombres y mujeres de las Fuerzas Aéreas que estaban en proceso de transición. Tras varios meses de tratamiento hormonal y de otro tipo, los hombres en transición seguían siendo capaces de hacer más flexiones y correr más rápido que sus homólogas femeninas.

Obviamente, señaló Roberts, estar en el ejército no es exactamente lo mismo que estar en las Olimpiadas, pero “es una situación comparable, en la que tienes a alguien haciendo todo lo posible para mantener o mejorar sus capacidades“.

Los hombres y las mujeres tenemos -como mínimo- 6.500 diferencias genéticas entre nosotros. Y esto influye en cada célula de nuestro cuerpo, en nuestros sistemas orgánicos, en cómo se manifiestan las enfermedades, en cómo las diagnosticamos e incluso en cómo las tratamos en algunos casos”, añadió.

 

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