Iglesia y democracia mundana

A propósito de unas propuestas de obispos alemanes que se habrían filtrado y llegado a El Vaticano. Y que, entre otras cosas, versarían sobre que el párroco y el obispo fueran elegidos por los fieles “democráticamente”. También que estos mismos fieles decidieran si aceptan o no el sacerdocio femenino. Y que la moral sexual católica diera por bueno cualquier comportamiento en lo sexual, salvo que se empleara violencia.

Si un profesor de matemáticas decidiera si es correcto o no que 2+3 suman 5, o que 2 al cuadrado son 4, poniéndolo a votación nos parecería esperpéntico. Pero un despropósito análogo es que el profesor de la Fe, que es la Iglesia (“Id, pues, enseñad a todas las gentes” (Mt 28, 19)) pusiera a votación qué es de Fe y que no.

Y si su propuesta es orillar los dos Mandamientos de materia sexual que prohíben los actos impuros y desear la mujer de otro, pondrían la opinión del hombre por encima de la Palabra de Dios, sobre lo que enseña el Espíritu Santo y que el Magisterio confirma:

Nos dice San Juan Pablo II en “Veritatis splendor” que en “las discusiones teológicas postconciliares” se han dado “algunas interpretaciones de la moral cristiana que no son compatibles con la “doctrina sana”” (nº 29) Y en los núms. 13 y 24 nos alerta de que “los mandamientos constituyen pues la condición básica para el amor al prójimo y al mismo tiempo su verificación” Y dice que el camino del amor a Dios y al prójimo ha de tener como base el cumplimiento de los Diez Mandamientos.

Una revelación privada reciente nos dice bellamente lo mismo: “Sed fieles a Mis Mandamientos; no os saltéis ni una tilde de ellos, porque en ellos está el Amor de Dios, y vuestra salvación es vivir según el Amor de Dios” ( www.elpastorsupremo.es, 7-1-2015, mensaje 7, p. 42).

Por otra parte, si creemos que en la Iglesia alienta el Espíritu Santo, que no la dejará perecer, poner al albur de la votación de los fieles quién sea párroco u obispo o si se implanta el sacerdocio femenino, es enmendar la plana al Espíritu Santo, que con el carisma de la jerarquía inspira a la Iglesia. No es rebelarse contra la Iglesia, sino contra Dios. Igualmente lo es no obedecer a la Santa Tradición o al Magisterio autorizado, vehículos, junto a la Sagrada Escritura, de la voz de Dios.

A nadie se le oculta la gravedad de estas propuestas. Sobre ello nos alerta la misma web citada antes en un mensaje reciente (2 junio 2019, mensaje 60, p. 607): “La Cruz en vuestros días llegará, estad preparados: la Cruz del cisma en la Iglesia Santa de Dios, el dolor y el sufrimiento de los hijos de Dios por la separación a la que os llevará esta grave ruptura dentro de la Iglesia. Estad preparados porque ya llega, ya estáis sufriendo los tiempos previos…”

Y en el mensaje 16, del 7 de octubre del 2015, p. 146: “Sufriréis la desunión en la familia de los hijos de Dios. Sufriréis la ignominia de mis amigos. Sufriréis la ruptura entre los hijos de Dios, pero Yo estoy con vosotros y el que sigue Mi Camino siempre andará a la luz de Mi Gracia.”

Quieran los obispos alemanes bajar del caballo airado y engañoso de la soberbia y desobediencia y volver al redil de los obedientes a Dios y a la Iglesia, antes de que sea demasiado tarde.

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