De una polilla a una pizza “Poperoni”: las cosas más curiosas que ya llevan el nombre de León XIV

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Hay una forma más doméstica, casi entrañable, de medir el impacto de un Papa: observar en qué rincones inesperados comienza a aparecer su nombre.

En el caso de León XIV, ese rastro ya se extiende desde una remota montaña de Creta hasta una pizzería de Chicago, pasando por helados peruanos, bocadillos de ternera y galletas con imagen pontificia.

La curiosidad más reciente llega del mundo de la ciencia. Una nueva especie de polilla descubierta en las Montañas Blancas de Creta ha sido bautizada como Pyralis papaleonei, en honor al Papa León XIV. El insecto, endémico de esa zona de Grecia, mide apenas unos dos centímetros de envergadura y destaca por sus alas anteriores púrpuras, con una mancha dorada-anaranjada y estrechas bandas blancas. El nombre científico procede de Papa Leone, “Papa León”, y sus descubridores han querido vincular el hallazgo con la sensibilidad del pontífice hacia la protección de la creación y los hábitats naturales.

La imagen tiene algo de parábola involuntaria: una criatura pequeña, casi invisible para el gran público, recibe el nombre de un Papa que ha insistido en mirar la realidad desde abajo, desde los márgenes, desde lo que suele pasar desapercibido.

No es la primera vez que una especie animal se dedica a una figura pública, pero sí resulta llamativo que el primer gran “homenaje biológico” a León XIV sea una polilla púrpura escondida en las montañas cretenses.

Mucho menos discreto ha sido el entusiasmo gastronómico de Chicago, ciudad natal de Robert Francis Prevost. Allí, la pizzería Aurelio’s, vinculada a los recuerdos familiares y locales del Papa, creó una pizza especial llamada “Poperoni”, un juego de palabras entre Pope y pepperoni. La cadena, famosa por su pizza de masa fina al estilo de Chicago, llegó incluso a entregar una pizza personal al pontífice en el Vaticano, un gesto entre la broma, el orgullo local y la nostalgia culinaria.

La fiebre papal en Chicago no terminó en la pizza. Portillo’s, una de las cadenas más emblemáticas de la ciudad, rebautizó temporalmente su famoso bocadillo de ternera italiana como “The Leo”. La propuesta no era nueva en ingredientes —ternera sazonada, salsa y pimientos dulces o picantes—, pero sí en intención: celebrar al primer Papa estadounidense con uno de los sabores más reconocibles de su tierra. La operación tenía algo de catequesis urbana: si Roma tiene sus basílicas, Chicago tiene su Italian beef.

En Perú, donde León XIV dejó una huella profunda como obispo de Chiclayo, el homenaje ha tomado forma de dulce popular. Allí apareció la “Papaleta”, una paleta helada (helado de palo) inspirada en el Papa y elaborada por una pastelería local. Según informaciones recogidas por medios peruanos y vaticanos, estas paletas no solo se presentaron como recuerdo simpático del antiguo obispo de Chiclayo, sino que su venta se vinculó también a iniciativas solidarias y eclesiales.

La escena resulta especialmente significativa: en Chicago se le celebra con pizza y carne; en Chiclayo, con una paleta helada. Dos geografías distintas, dos memorias afectivas, una misma biografía. León XIV no aparece solo como figura institucional, sino como alguien que pertenece a lugares concretos, a barrios, a mesas, a sabores y recuerdos compartidos.

También las pastelerías se han sumado al fenómeno. En Evanston, cerca de Chicago, Bennison’s Bakery comenzó a vender galletas decoradas con la imagen del Papa, dentro de esa mezcla tan estadounidense de celebración pública, orgullo local y cultura pop. Según medios locales, las primeras unidades se vendieron con rapidez, convertidas en pequeños souvenirs comestibles de un acontecimiento histórico.

Todos estos homenajes podrían parecer anécdotas menores. Y lo son, en cierto sentido. Pero las anécdotas revelan algo: muestran cómo un pontificado entra en la imaginación popular antes incluso de quedar fijado en los libros de historia. Los sellos, monedas y medallas pertenecen al lenguaje oficial.

Una polilla, una pizza, un bocadillo o una paleta hablan otro idioma: el de la apropiación cotidiana, el de la alegría espontánea, el de quienes celebran a un Papa no desde los protocolos, sino desde la vida ordinaria.

Quizá por eso estas curiosidades tienen encanto. Porque recuerdan que la Iglesia, además de concilios, documentos y solemnidades, también despierta afectos sencillos. A veces, el nombre de un Papa queda inscrito en una encíclica. Otras, en una montaña de Creta, en una masa de pepperoni o en una paleta helada vendida al sol de Chiclayo.

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