Noelia: in memoriam

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La vida de Noelia no fue nada fácil. Conocemos algunas pinceladas, pero no todo lo que llegó a sufrir. Parece que estuvo marcada por la inestabilidad familiar. Con los padres divorciados, a los 13 años los Servicios Sociales retiraron la custodia a sus padres y se hicieron cargo de ella. Desde entonces pasó por distintos centros bajo el sistema de protección de menores. En algunos de estos centros parece ser que fue víctima de tres agresiones sexuales que le dejaron un profundo trauma. Y, si fue así, fallaron las atenciones psicológicas y el acompañamiento institucional.

A partir de los 18 años incurrió en conductas autolíticas y en varios intentos de suicidio hasta que, finalmente, se lanzó desde un quinto piso para poner fin a su vida. No murió, pero quedó parapléjica y en silla de ruedas.

El sistema sanitario se movilizó para salvarla. Fue ingresada en el Hospital Joan XXIII y en el Instituto Guttmann. Médicos, fisioterapeutas y enfermeros consiguieron lo que parecía un milagro: Noelia aprendió a adaptarse, logró ponerse de pie, volvió a caminar con andador, muletas y férulas. Podía subir escaleras y recuperó una autonomía sorprendente para las actividades de su vida diaria.

El sistema la salvó de la muerte que ella misma había buscado y demostró unas capacidades sorprendentes para recuperarla. Más tarde, ese mismo sistema la mató.

En todo este recorrido vital de Noelia, de lo que menos se ha hablado ha sido de los fallos del sistema sanitario y judicial, incapaces de acompañarla en el dolor de sus trastornos mentales, de ofrecerle una adecuada atención psiquiátrica o cuidados paliativos…, pero sí se la acompañó en su petición de eutanasia. Parece que, humanamente, no fue atendida como debía y solo se defienden diciendo que siguieron todos los protocolos previstos. Protocolos que, en la mayoría de los casos, no sirven para nada.

Tengo guardados un montón de artículos sobre Noelia. Solo comentarios de diarios y revistas de Cataluña y alguno de fuera. Esta cifra podría multiplicarse hasta el infinito si reuniera todo lo que se ha escrito sobre ella.

El texto que más me ha llamado la atención ha sido uno de la doctora Elena M. Postigo publicado en su cuenta de X. Es licenciada en Filosofía y doctora en Bioética. Reproduciré su escrito más adelante.

Es una llamada a mirar la vida desde una perspectiva que vaya a favor de la persona y no en contra de ella. Hay que recordar que la eutanasia ha generado mucha literatura desde que se propuso su legalización, pero en ningún caso ha habido argumentos sólidos para su implantación.

Se aprobó aprovechando el caos de la pandemia y el estado de alarma, mediante una votación acelerada y por decreto, sin debate público ni diálogo con las profesiones sanitarias y en contra del criterio del Comité de Bioética que asesora al Gobierno. Los argumentos esgrimidos por sus defensores no tienen bases sólidas sobre las que sustentarse. Solo apelan a aspectos emocionales que se desmontan con razonamientos médicos.

Y no solo están en contra de ella los “carcas de derechas”, sino también los “progres de izquierdas”. Conviene recordar las críticas del socialista Eligio Hernández, que fue Fiscal General del Estado y miembro del Consejo de Estado, quien nos recordó:

“No hay nada más progresista que defender la vida, que no puede ser sacrificada ni por la propia voluntad humana, por muy libre que esta se manifieste. El objetivo de una sociedad progresista y humanista debe ser la preservación y dignificación de la vida”.

O las tesis del Partido Comunista portugués, que afirma:

“El derecho a matar o suicidarse no es señal de progreso, sino un paso hacia la regresión civilizatoria. Antes que una muerte digna, debe garantizarse una vida digna.”

Y recuerda lo que dijo Albert Camus: “La eutanasia se ha convertido en una manera rutinaria de tratar la ansiedad, la depresión y el dolor en pacientes graves o terminales, descuidando el desarrollo de los cuidados paliativos.”

Sobre los cuidados paliativos, conviene recordar la entrevista de Jordi Évole al doctor Marcos Gómez, que todavía puede verse en VLC en este enlace: 04393531-1ea0-468f-aa0b-fb66b7dd5204.m4v

La eutanasia es uno de los fallos del sistema de protección de la vida que hoy impera en el mundo entero. En el caso de Noelia, los estamentos oficiales han recurrido a expresiones de la ley para justificar su actuación: “pronóstico limitado de vida, fragilidad progresiva, incapacidad para valerse por sí misma, enfermedad grave e incurable, sufrimiento grave, crónico e imposibilitante, disminución de la capacidad de expresión y relación”.

Noelia padecía una paraplejia, pero esta no es una condición limitante por sí misma, ya que muchas personas viven una vida plena en estas circunstancias. Que Noelia, de 25 años, tenía toda la vida por delante, que había mejorado físicamente y que era capaz de expresarse con mucha fuerza, quedó claro en la entrevista —que pudo ver toda España en un programa de televisión anunciado a bombo y platillo durante una semana— en la que ella misma apareció ante las cámaras explicando su historia: una chica que había sufrido mucho y que no había encontrado suficientes manos amigas.

“No estoy postrada en una cama, como han dicho. Yo me levanto, me ducho y me maquillo sola.”

Los síntomas del TLP en una persona joven no son para toda la vida. Con los años y una atención adecuada pueden desaparecer. Noelia nos hizo ver la gravedad del hecho: no estábamos ante una eutanasia, sino ante un suicidio asistido, ante una muerte anunciada y certificada judicialmente.

El asunto se convirtió en un rifirrafe entre el estamento oficial, que quería aplicar la ley sí o sí, y quienes defendían el no a la eutanasia. ¿En España ya no existe la pena de muerte? Parece ser que, en algunos casos, todavía existe. Mientras no haya una ley de cuidados paliativos, reivindicada desde hace años, no atenderemos como es debido a las personas con deficiencias mentales.

Los cuidados paliativos son un trabajo interdisciplinar para respetar los ritmos naturales de la vida y de la muerte, para que la persona no tenga dolor, descanse bien, no padezca los síntomas que le hacen sufrir con motivo de una enfermedad irreversible e incurable y se respete su dignidad.

En 2014 hubo en España una convocatoria nacional y sentimental contra la eutanasia de un perro, presuntamente infectado de ébola, por parte del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Se movilizaron 24 ciudades en la calle por “la falta de humanidad hacia un perro”. Con respecto a la vida humana, desde el principio hasta el final, muchos miramos hacia otro lado y callamos.

Este es el comentario en la red X de Elena Postigo Solana (Segovia, 1968), licenciada en Filosofía y doctora en Bioética por la Università del Sacro Cuore de Milán y Roma. Actualmente, es profesora adjunta de Filosofía y Bioética en la Universidad Francisco de Vitoria y directora académica de la Cátedra Internacional de Bioética Jérôme Lejeune. En Roma es Research Scholar de la UNESCO y miembro correspondiente de la Pontificia Academia pro Vita.

“Ayer me pidieron que dijera algo sobre el caso de Noelia desde la bioética. Confieso que su historia me ha conmovido profundamente. La de una chica, hija de padres divorciados con dificultades, de la que se hizo cargo Asuntos Sociales y fue internada en un centro de menores. Allí sufrió una violación grupal y no recibió la atención psicológica ni el acompañamiento humano que necesitaba. En un intento de suicidio fallido, queda en silla de ruedas y profundiza en su dolor.

Su historia deja al descubierto las grietas más profundas de nuestro sistema: una víctima de un abandono institucional que la dejó completamente sola frente al dolor. Ahora, su petición de ayuda para morir se presenta como un acto de libertad, cuando en realidad expresa la desesperanza de quien nunca fue acogida ni tratada como merecía.

No estamos ante un caso de eutanasia, sino de suicidio asistido.

Noelia no padece una enfermedad terminal, sino una depresión profunda derivada de un trauma no curado. Aun así, la ley permite abrir esta puerta sin distinguir entre un sufrimiento físico irreversible y un sufrimiento psicológico que puede tratarse y aliviarse. Es un fallo gravísimo que marca un precedente: una norma que hoy se aplica a quienes podrían recuperar la vida si recibieran la ayuda, la terapia y el acompañamiento adecuados.

La vida de Noelia es valiosa, aunque ella no lo perciba ni lo vea. La dignidad humana no depende del sufrimiento ni de la autonomía entendida como autosuficiencia. Nace del valor único de cada persona, de la necesidad de vínculos, cuidado y amor. Sin embargo, la ley, en lugar de ofrecer compasión real, acaba legitimando la renuncia a la vida de quienes más necesitan apoyo y esperanza.

Noelia no necesita que el Estado le ofrezca la muerte, necesita que alguien le devuelva el sentido, la ayuda y la posibilidad de curarse. En mi opinión, lo que está ocurriendo con ella no es un gesto de libertad, sino el reflejo de un profundo fracaso colectivo. Cuando la vida duele, lo verdaderamente humano es cuidar, acompañar y sostener, no matar.

Me duele una sociedad que solo sabe ofrecer esta salida a una chica de 25 años, adulta y consciente, pero con heridas todavía abiertas y profundas. Siento una enorme compasión por Noelia, una compasión que debería traducirse en presencia, acompañamiento y cuidado, no en la autorización para morir. Que el Estado contemple el suicidio asistido para una persona tan joven me parece un error gravísimo y, sobre todo, una derrota moral. Sí, la ley de eutanasia lo permite y Estrasburgo ampara su decisión. Pero no todo lo que es legal es necesariamente ético ni verdaderamente humano.

Estas palabras no servirán de nada.

Todo mi afecto para Noelia y su familia en estos momentos tan duros.”

No es una opinión cualquiera ni un comentario espontáneo como tantos que han surgido estos días. Es la reflexión de una persona defensora de la dignidad de la naturaleza humana y que conoce las deficiencias de nuestro ordenamiento para atender adecuadamente a las personas en situaciones terminales.

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