A finales de verano, además de la decoración otoñal, empiezan a aparecer una serie de playlists con todas las cosas que se supone que tenemos que hacer en otoño: paseos entre hojas, excursiones, tardes de mantita y libros, recetas con calabaza, planes en familia… Hay listas para todos los gustos.
Pero yo quiero dejarte aquí una playlist diferente, que podemos ir preparando en estos últimos días de verano. Una playlist para el alma.
- Bendición de mochilas.
Tener fe, aprender, enseñar e inculcar en nuestros hijos la fe en los sacramentales, sin superstición, sino con auténtica devoción a esos signos sagrados instituidos por la Iglesia que disponen a recibir la gracia y santifican determinadas circunstancias de la vida.
- Organizar una romería familiar para empezar bien el curso.
Ir a la casa de nuestra Madre, a un santuario mariano, para encomendarle los nuevos meses, con todos los retos que tenemos por delante.
- Ilusionarnos con una excursión al mes.
Proponernos reservar un sábado al mes y abstenernos de compromisos, partidos de fútbol o quedadas en el centro comercial. Dedicar ese sábado a volver a algún rincón de la naturaleza. Ella no solo nos está esperando en verano. Y siempre que la buscas, reconoces cuánto la echabas de menos. La belleza nos da paz, nos hace trascender. Es la necesaria ración de proteínas para el alma.
- Hacer una lista de posibles nuevos amigos.
Los grandes amigos de nuestra vida puede que estén lejos y que el verano sea el tiempo que tenemos para verlos. Pero el final del verano es un buen momento para ilusionarnos, tengas la edad que tengas, con soñar con hacer amigos nuevos. Una amistad de entrega, de pensar en qué puedo dar, en cómo puedo acompañar, sin buscar nada a cambio.
- Elegir tu lista de libros para este otoño.
Piensa en ese libro que se te resistió en el pasado, en la vida de algún santo, en un clásico. Pero siempre libros que estén en sintonía con nuestra fe. En esa lista te puedo asegurar que hay muchos y muy buenos.
- Dar trascendencia a cada asignatura nueva del curso.
Pídele a un santo que sea patrón de las matemáticas, de la lengua, de aquello que estás estudiando, y elige un motivo. La conversión de alguna persona cercana, que se solucione una preocupación, un esfuerzo de esa asignatura, de ese trabajo, de esa organización de la casa… Ofrécelo a Dios Padre unido a los méritos de la Pasión del Señor. Avanzarás académicamente, laboralmente, mientras revolucionas la eternidad.
- Ser el superhéroe silencioso de tu barrio.
Entra en el supermercado habitual pidiéndole a la Virgen que derrame su protección sobre la frutera, que San José bendiga al carnicero, encomendando al ángel de la guarda de la cajera más antipática. Podemos simplemente hacer la compra o salvar almas al mismo tiempo.
Y así, poco a poco, podemos convertir el curso en una gran ocasión para vivir la fe. No hace falta esperar a tener un momento perfecto para rezar, ni una actividad extraordinaria para ofrecer algo a Dios. La mochila, el libro, el trabajo, la compra, una excursión o una conversación pueden convertirse también en pequeñas ocasiones de amor.
Calabazas, mantas, libros, tazas calientes. Sí a todo. Pero nunca hagas solo eso. Hazlo siempre con Ella, con la Virgen.
Y, por cierto, el 8 de septiembre celebramos la Natividad de nuestra Madre, y el 12, su Santo Nombre. ¿Ya has pensado su regalo? ¿Ya has pensado cómo lo vamos a celebrar? Ese desayuno que vas a poner para que toda la familia se dé cuenta de que hoy celebramos a nuestra Madre.
Porque quizá esta sea la playlist de otoño que más necesitamos: no llenar los días de cosas, sino llenar de Dios las cosas que ya hacemos.
¿Y si nuestra playlist de otoño no estuviera en Spotify? Siete ideas para empezar el curso con fe y convertir lo cotidiano en ocasión de encuentro con Dios. Compartir en X




