Las vacaciones parecen prometer cada año algo más que descanso. Imaginamos los mejores atardeceres, conversaciones inolvidables, tiempo para nosotros mismos y la posibilidad de regresar renovados a la rutina. Sin embargo, la experiencia demuestra que muchas veces el verano no cumple del todo aquello que esperábamos de él.
¿Por qué ocurre esto? ¿Sabemos realmente disfrutar? ¿Es lo mismo entretenerse que gozar? ¿Puede una vida llena de experiencias seguir dejando un cierto vacío interior?
Estas son algunas de las cuestiones que abordará el próximo Tardeo Newman, que se celebrará el 12 de junio de 2026, de 19:00 a 22:00 horas, en la Universidad Francisco de Vitoria. Bajo el título «¿Se puede aprender a disfrutar?», el encuentro reunirá a quienes deseen reflexionar sobre el ocio, el descanso y la búsqueda de la felicidad en un ambiente distendido y cercano.
Con motivo de esta cita, hablamos con Francisco Javier Rubio Hipola, profesor de la Universidad Francisco de Vitoria, sobre el sentido de las vacaciones, la diferencia entre vivir y mostrar la vida, y la búsqueda de aquello que verdaderamente puede llenar el corazón humano.
Cada verano depositamos muchas expectativas en las vacaciones. ¿Por qué esperamos tanto de ellas y por qué tantas veces terminan dejándonos insatisfechos?
El problema precisamente está formulado en la pregunta, en la palabra expectativa.
Cuando uno expone en el futuro un cierto bien, sobre todo en relación con las dificultades que uno interpreta en el presente, el problema es que las vacaciones no son la salvación de nadie, no son la redención, no son lo que da sentido a nuestra vida o lo que da sentido a nuestro quehacer laboral en ningún caso.
Entonces evidentemente son un bien necesario y es un bien que nos ayuda a ordenar la vida y es un bien que nos ayuda a desconectar, que nos ayuda a resituar las cosas en el lugar que les es oportuno, pero no son el bien con mayúscula, no es la salvación, no es la redención.
Yo creo que el problema es ese, cuando situamos en algo que es absolutamente contingente, frágil y proyectivo una importancia o una relevancia que está muy por encima de su propia naturaleza.
Y está bien que nosotros deseemos descansar y está bien que nosotros tengamos descanso, pero eso no es la salvación definitiva, ni es el descanso definitivo, ni es lo que da sentido a nuestra vida. Yo creo que tenemos que aprender a situar cada cosa en su justo punto.
¿Existe una diferencia entre descansar de verdad y simplemente dejar de trabajar o cambiar de escenario durante unas semanas?
Sí, efectivamente, los griegos distinguían muy bien entre tres elementos que son distintos entre sí. Por un lado está el ocio, luego está el negocio y luego está la diversión.
Y de hecho la diversión está ordenada de alguna manera al debido descanso que necesitamos para podernos dedicar al negocio, que es a lo que nos tenemos que dedicar para poder conseguir los recursos, para poder dedicarnos al ocio.
Es decir, el fin es el ocio, ni la diversión ni el negocio. Y eso es una cosa que en nuestra sociedad yo creo que es difícil de entender.
Diversión, de hecho, la palabra es muy interesante. Lo que significa es salirte del vértice, abandonar tu lugar típico o tu lugar, vamos a decir así, estándar o donde te mueves principalmente en tu vida y separarte de ahí. Y esa separación y esa ruptura con la cotidianidad, lo que nos da, pues eso es un contrapunto en la vida, un respiro.
Son estas experiencias que dan salazón un poco a la vida y que nos ayudan a desconectar para poder dedicarnos después con más provecho al negocio, es decir, a la negación del ocio, como indica la palabra, que es el lugar donde tenemos que conseguir los recursos para dedicarnos a aquello que es verdaderamente el fin de nuestra vida.
O aquello a lo que nos deberíamos dedicar principalmente que es el ocio. Es decir, la reflexión, la contemplación de las verdades más profundas y del bien, el tiempo con nuestros seres queridos, todo aquello que da sentido en nuestras vidas, aquello que nos proporciona unidad, una verdadera unidad interior, aquello que es el motivo real por el cual nosotros vivimos, la unión con Dios en clave religiosa, la contemplación de Dios sin ninguna duda y la unión con Él, pero también la unión con nuestros seres queridos.
¿Por qué trabajamos en el fondo? Pues para poder sustentar la familia.
¿Y por qué nos vamos de vacaciones? Pues para poder recabar las energías suficientes, para poder trabajar bien, para poder dedicarnos como Dios manda a nuestra familia y a nuestros amigos y a Dios, que es lo verdaderamente importante en nuestras vidas.
Usted plantea una pregunta muy sugerente: ¿se puede aprender a disfrutar? ¿Qué significa realmente aprender a disfrutar de la vida?
La pregunta es muy sugerente.
El disfrutar no es una técnica. Somos una sociedad muy de ingenieros, muy de instrucciones, muy de primer paso, segundo paso, tercer paso, muy de siete hábitos para la gente altamente eficaz.
El disfrutar tiene más que ver con una actitud vital, con una disposición, con una mirada.
Obviamente si entendemos la mirada en un sentido trascendente, en un sentido que va más allá del puro ejercicio ocular.
El disfrutar tiene que ver con la capacidad que tenemos para vivir enteramente, con toda su profundidad, con toda su grandeza, con toda su maravilla, el momento presente.
Para disfrutar las conversaciones sencillas que tenemos con nuestros amigos o con nuestra familia, para disfrutar de un rato en la piscina, para disfrutar de un rato jugando con los niños, y para aprovechar el momento presente verdaderamente, para saberle sacar todo su fruto, toda su enjundia.
Eso es disfrutar, en el fondo.
No hay una receta mágica, es simplemente superar muchas veces el egoísmo.
A veces pensamos que ir de vacaciones consiste en buscar nuestro propio placer, nuestro propio disfrute, y hay algo de legítimo en ese deseo.
El problema es que eso es consecuencia, precisamente, del hecho de que nosotros no nos buscamos a nosotros mismos, sino que busquemos muchas veces la felicidad de los demás, que busquemos esas experiencias, ese disfrute de estas experiencias, que muchas veces más radican en la relación que tenemos con los demás y en el disfrute de los demás que en el nuestro propio.
Vivimos rodeados de entretenimiento, pero cada vez hay más personas aburridas, ansiosas o insatisfechas. ¿Qué diferencia hay entre entretenerse y gozar?
La siguiente pregunta va muy en la línea de las anteriores, en el fondo.
Pues el entretenimiento es simplemente pasar el tiempo. Es el lugar, es el no lugar, mejor dicho, en el que nos encontramos entre momentos fuertes de nuestra vida.
Eso es el entretenimiento. Y está bien ocupar el entretenimiento con cosas que disfrutamos, ojo, no es algo malo.
El problema es cuando eso se convierte en el objetivo único de nuestro descanso, de nuestras vacaciones.
No debe ser así.
El gozo, en cambio, tiene más que ver con la experiencia profunda del encuentro con el bien, con la verdad, con la belleza, con el amor. Con cómo se realizan todos estos grandes valores con mayúsculas en las cosas más cotidianas y más cercanas que tenemos.
Y en este sentido, yo creo que todos tenemos el típico amigo que es capaz de disfrutar de cualquier cosa. Que es capaz incluso de convertir un accidente, se te ha pinchado una rueda en la carretera mientras te ibas de vacaciones, y es capaz de convertir eso en una aventura y en una anécdota estupenda. Porque es una persona que verdaderamente goza.
Y de nuevo, yo creo que este gozo está más vinculado con la estructura del encuentro, y por lo tanto con la búsqueda de aquello que hace felices a los que de verdad amamos, y que como consecuencia de eso también nos hacen felices a nosotros, que con la búsqueda del entretenimiento.
De hecho, la experiencia nos lo dice. Nosotros podemos tener la receta aparente de aquellas cosas que supuestamente nos entretienen más a menudo, como puede ser un buen libro, jugar a los videojuegos, ir a hacer esquí acuático o ir al mar.
Pero luego a la hora de la hora, la realización de estas actividades no garantiza nuestra felicidad y nuestra satisfacción.
Y muchas veces nos da la sensación de que en la misma aceleración con la que vivimos nuestro día a día, la trasladamos muchas veces a las vacaciones, pero aplicándola, en vez del trabajo o a nuestro horario ordinario, a la necesidad de disfrutar y de aprovechar.
Y nos damos un atragantón de experiencias y de entretenimientos.
Y luego eso deja nuestro corazón vacío y no nos produce un descanso verdaderamente satisfactorio.
¿Hasta qué punto las vacaciones ponen de manifiesto una verdad más profunda: que ninguna circunstancia externa puede llenar completamente el corazón humano?
La respuesta a la quinta pregunta yo creo que se puede resumir en la frase de san Agustín.
En el fondo, que nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en aquello para lo cual ha sido creado, o en Aquel que lo ha creado.
Y por lo tanto yo creo que es completamente cierto.
Los disfrutes externos, las garantías externas, no garantizan verdaderamente el descanso, el disfrute en absoluto.
Yo creo que es mucho más verdadero el hecho de que ese descanso está en Dios fundamentalmente y está en todo aquello que nos lleva a Él.
Y por lo tanto las vacaciones deben estar en el fondo orientadas a eso, orientadas a descubrir eso.
Yo creo que en cierto modo las vacaciones son un experimento antropológico.
¿Qué sucede cuando en mi vida me libero de las normas y de las restricciones que supone la cotidianidad, que suponen mis deberes o mis dependencias laborales?
Y ahí se ve la respuesta de cada uno.
Yo creo que en esa respuesta se alcanza también a vislumbrar dónde tiene cada uno puesto su corazón y qué tan ordenado lo tiene.
Las redes sociales parecen habernos convencido de que unas buenas vacaciones son unas vacaciones fotogénicas. ¿Estamos más preocupados por vivir el verano o por mostrarlo?
Una vida bien vivida no es una vida bien fotografiada.
Yo creo que esto nos lo han dicho los filósofos desde los orígenes de los tiempos, prácticamente, y aun así seguimos cayendo en estas mismas mentiras.
Platón lo cuenta en la caverna y luego tenemos el mito del velo de Maya y tantos relatos tan verdaderos sobre la diferencia que hay entre una mirada superficial de las cosas y una mirada profunda de las cosas.
Ahora Fabrice Hadjadj insiste mucho en la necesidad de recuperar una mirada escatológica de la existencia, una mirada escatológica precisamente en aquello que está detrás de lo superficial, detrás de lo contingente, detrás de lo que pasa.
Y a mí me hace mucha gracia cuando a veces en redes sociales te enseñan una foto de un plato de comida estupendísimo o bien preparado.
Y tú dices: pues muy bien, pero te estás privando a ti mismo, por la mediatización del hecho, de lo que realmente tiene sentido en relación con la comida, que es disfrutarla y sobre todo disfrutarla con otros, disfrutarla en compañía, en todo su valor ritual, estético y gastronómico.
Y es una lástima cómo tendemos cada vez más a vivir en una sociedad mediatizada, virtualizada por una pantalla.
Yo creo que no hay una imagen más clara de la caverna de Platón que esas sombras proyectadas en la pared, que son falsas precisamente porque son mediaciones que te impiden el contacto con la realidad.
En este sentido también me pone un poco nervioso cuando viene el Papa y se ven miles y miles de móviles alzados sacando fotos y vídeos.
¿Por qué no apagas el móvil y te enfocas en disfrutar tú de la experiencia de tener al sucesor de Pedro delante de ti, en vez de verlo mediante una pantalla?
Muchas veces tratamos de atrapar una experiencia real en un objeto virtual que luego tiene muchísimo menos valor que la propia experiencia.
El próximo Tardeo Newman quiere reflexionar precisamente sobre estas cuestiones. ¿Qué encontrarán quienes se acerquen al encuentro y por qué merece la pena participar?
En el Tardeo Newman lo que queremos es encontrarnos con nuestra gente, con la gente que nos escucha, con la gente que a lo mejor quiere conocernos personalmente y ver que somos personas que compartimos sus mismos intereses, sus mismas inquietudes, sus mismas fragilidades y que hemos aprendido a canalizarlo en una conversación entre amigos.
Vamos a tratar la cuestión del descanso, de las vacaciones desde estos puntos de vista, con esta mirada que pretendemos que sea profunda, que sea verdadera, que también sepa responder a las inquietudes de la gente, a las preocupaciones de otro verano que se acerca, otra historia más, unas expectativas que se forman y que no sabemos si realmente van a llenar nuestro corazón como debería supuestamente.
Entonces yo creo que va a ser un momento muy bonito.
Y pongo de relieve eso. Aparte de hacer un Tardeo Newman en vivo, evidentemente, luego tendremos ese momento de encuentro que para mí va a ser lo más valioso sin ninguna duda.
Si alguien está leyendo esta entrevista mientras prepara sus vacaciones de verano, ¿qué pregunta le gustaría que se llevara consigo al Tardeo Newman y durante el resto del verano?
Pues yo, a la persona que esté leyendo esta entrevista, le pediría que venga a vernos, que nos conozcamos, porque seguramente hay un gran placer en conocer a las personas.
Cada persona es un mundo gigante, misterioso, precioso. Es la realización de todo el amor de Dios en esta vida y eso siempre merece la pena.
Y luego que se dé la oportunidad de que estas vacaciones las plantee no tanto como una búsqueda de uno mismo y como una necesidad de satisfacer los propios anhelos, los propios deseos y la propia necesidad de descanso, sino más bien como una oportunidad para encontrarse verdaderamente con la gente a la que quiere y disfrutar juntos, de vivir juntos.
Esta experiencia de descanso, este rito anual de descanso, obviamente poniendo en primer lugar aquello que es más importante en nuestras vidas, ese orden fundamental que nunca debemos perder: primero siempre Dios, luego nuestra familia, nuestros amigos, nuestra patria y luego evidentemente todo lo demás debidamente ordenado.
Yo creo que con estas claves se puede disfrutar mucho.
Podemos beber, podemos fumar, podemos ir al mar a disfrutar, podemos leer, podemos tener conversaciones estupendísimas, podemos ir a dar paseos por la montaña, podemos hacer muchísimas cosas muy agradables con mucho sentido.









