¿Rey de reyes o Señor del Mundo? Tu elección (y II)

¿Quién es, pues, ese Rey de reyes? ¿Un rey me ha de gobernar? ¿Qué es lo que pretende? ¿Respetará mi libertad de hacer lo que me dé la gana? Mira, chavalín: respetar tu libertad, toda, pero tú no habrás de hacer lo que te venga en gana, sino lo que te muestra tu raciocinio alojado en tu conciencia, esos que tienes tan olvidados, motivo por el cual tu abanderada libertad no acierta pie con bola. Él, el Rey de reyes, es el único que te deja equivocarte (como consecuencia de tu libertad), y a la vista lo tienes: estás haciendo lo que te sale.

¡Ojo al dato, moreno! Que el Señor del Mundo no te deja pasar una… porque solo te deja hacer lo que a él le da la gana que hagas. ¿Acaso no persigue esto la que está por venir inteligencia artificial? En internet tenemos un anticipo: ¿acaso te deja dialogar con él?, ¿no te fuerza a hablarle con órdenes que están preestablecidas? Y si no las aciertas, no entras en el club… y dentro de poco en inglés… ¿o chino? Como sus sicarios aliados llamados a sí mismos “progresistas”, que aseguran que te dejan decir lo que quieres, pero solo si piensas como ellos, aunque eso segundo lo escondan por no ser “políticamente correcto”, o abiertamente contrario a sus antojos, que cambian según cambia el viento. Resultado: te obligan a decir lo que ellos quieren. ¡Eso es! Tenemos el actuar cada día más predeterminado por lo que otros han preconcebido, el llamado milagro de la comunicación.

Reafirman con furiosas proclamas y grandes gestas la separación de poderes Iglesia/Estado, pero lo cierto es que pretenden, ¡nos obligan!, a que recemos en casa (por ahora), para así tenernos sometidos. Es una observación casi calcada de la que acabo de leer en un tweet de un desconocido, que por ser desconocido no deja de ser acertada. ¡Como si fuera obligado ser famoso para que tengan que hacerte caso! ¿No es una grave debilidad de hoy? Parece que los famosos sean los que tienen razón porque llevan la voz cantante… y la cantan porque sus “jefes” les recitan y obligan a recitar para mantenerse todos en el candelero. ¿No sería más acertado brillar con la luz del Cristo Resucitado, que es “la luz del mundo” (Jn 8,12)?

Recapacitemos, que aún llegamos a tiempo. En efecto, Jesús es la Luz verdadera, la que nos guía por las oscuras cañadas de nuestra vida mortal, la única luz que ilumina sin falsear como falsean los focos en conciertos de “estrellas” del espectáculo y discotecas, que nos guían al error, tan al contrario de las estrellas que en el firmamento guían al caminante. ¡Nuestra Estrella es María! Toma nota: “la siempre-virgen” (Catecismo, n. 499; Cfr. Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, n. 52). No es un dato aleatorio, sino determinante en la historia de la Salvación. Eso sí, dicen y dicen repitiendo como loros lo que les dicen, pero no saben ver ni juzgar por sí mismos. Más aún: dicen de los demás y les critican con escarnio, pero ellos meten la pata en lo mismo incluso cuando se están quejando de la metedura de pata del vecino. Acabas cansado, porque la lucha cuesta esfuerzo, y tienes tentación de abandonar la lucha. Te quedas –incluso- solo. Tú, solo, y frente al peligro.

Como se quejaba hace unos días un padre en Twitter: “Acababa de enseñarle a mi hijo de cinco años a jugar al ajedrez, ahora le he comido un peón y se me ha puesto a llorar. Mira, yo así no puedo”. Parece como si fueran los hijos los que hoy debieran educar a los padres, puesto que estos últimos, como los profesores, no tienen derecho alguno a educar a sus hijos. Eso sí, el Estado, ¡a adoctrinar al populacho! Evidencia descaradamente satánica, puesto que es Satanás el instigador inspirador de la cultura de la muerte, y su sicario el Señor del Mundo que ha de venir (¿ya está aquí?, pronto lo sabremos) será el padre de la mentira y la Muerte misma. Lo afirma Jesucristo en su Evangelio (Jn 8,44) y en el Apocalipsis (Apc 12,1-18). La tentación es, cada día más evidente, esa a la que ceden tantos cristianos de boca: la inactividad, el no-testimonio; eso es, la colaboración más o menos directa con el Mal. Se abandonan… ¡Se esconden!

¡No! ¡Abandonar, nunca! ¡Testimoniemos! ¡Debemos luchar hasta el final, aunque sean vida y muerte de cruz! Si perdemos esta insensata vida, nada perdemos… y a cambio, ganamos la eterna. ¡Resistid! Llegó –casi, casi ya- la hora postrera, la de la elección. O vamos tras el Rey de reyes, o sucumbimos bajo el yugo del Señor del Mundo [Señor del Mundo, título del libro de Robert Hugh Benson]. Lo sentencia, tajante, el Salvador: “Al que me defienda ante los hombres, lo defenderé ante mi Padre del Cielo; al que me niegue, lo negaré” (Cfr. Mt 10,32-33). Tú eliges: o tú te salvas o tú te condenas. ¿No es eso lo que querías? ¿Aún no te queda claro?

¿Rey de reyes o Señor del Mundo? Tu elección (I)

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